| 16/09 Madrid - Zahara de los Atunes. | |
| 17/09 Zahara de los Atunes. | Barbate. |
| 18/09 Zahara de los Atunes. | Bolonia - Tarifa - Vejer. |
| 19/09 Zahara de los Atunes. | Jerez de la Frontera. |
| 20/09 Zahara de los Atunes. | Benalup - Alcalá de los Gazules - Ubrique - Ronda. |
| 21/09 Zahara de los Atunes. | Finca Los Alburejos - Medina-Sidonia. |
| 22/09 Zahara de los Atunes. | Cádiz - Sancti Petri - Conil - Caños de Meca - Barbate. |
| 23/09 Zahara de los Atunes. | San Fernando - El Puerto de Santa María - Sanlúcar de Barrameda - Vejer. |
| 24/09 Zahara de los Atunes. | |
| 25/09 Zahara de los Atunes. | Pinar de Breña. |
| 26/09 Zahara de los Atunes. | Barbate - Conil - Caños de Meca. |
| 27/09 Zahara de los Atunes. | Benalup - Arcos - Algar - El Bosque - Ubrique. |
| 28/09 Zahara de los Atunes. | |
| 29/09 Zahara de los Atunes. | Vejer. |
| 30/09 Zahara de los Atunes - Madrid. | |
En la cuna del chirigoteo
Lunes, 16 de septiembre • Primer día de las últimas vacaciones largas del año. Rompimos la rutina despertándonos tarde, cuando habitualmente ya debiéramos estar trabajando. Las maletas ya estaban prácticamente preparadas la noche anterior. Tan sólo faltaba recoger los últimos imprescindibles (máquina de café, cepillos de dientes) y empaquetarlos en el coche. A las diez partíamos de casa por la ya familiar N-5. Hicimos una primera parada en Mérida, para almorzar con la familia y descansar un poco antes de dar comienzo a la segunda mitad del viaje, con la urbanización Atlanterra, junto a Zahara de los Atunes, como destino final. Llegamos alrededor de las ocho de la tarde, recogimos las llaves del apartamento en las atestadas oficinas centrales de nuestra desangelada urbanización y fuimos a comprar lo imprescindible para preparar unos huevos con papas para cenar.
Martes, 17 de septiembre • La urbanización Altanterra está a cuatro kilómetros escasos de Bolonia en línea recta, pero por carretera la distancia ebtre ellas supera los 30 kilómetros. Siguendo las indicaciones de Migué, el comercial que nos entregó las llaves, fuimos en coche hasta el Faro Caraminal, tras repostar en la única gasolinera de Zahara, desconocida para nuestro ignorante GPS, desde donde parte un supuesto sendero que llega hasta Bolonia, tras una caminata de una hora. Caminamos durante bastante tiempo, desviándonos de la costa, hasta que llegamos a una carretera desde la que se divisaba la duna de Bolonia. Según nos indicaron unos paseantes, aún nos quedaban unos kilómetros para llegar a Bolonia, pero podíamos atajar por un pinar, que resultó ser zona militar. Nos dimos la vuelta allí mismo. Llegamos a Zahara a tiempo de almorzar en el restaurante Pradillo. Desde allí fuimos a Barbate, desde donde trajimos compra para una semana. Desde el apartamento a la playa media una piscina, que está cerrada a estas alturas de año a falta de socorristas y usuarios. A unos pasos del mar aguantamos algo menos de una hora, la una haciendo punto y el otro leyendo. El cielo, como buena parte del día, estaba cubierto y el viento refrescaba lo suyo, lo cual nos animó a buscar refugio en el apartamento hasta que el sueño nos venció.
Miércoles, 18 de septiembre • Después de desayunar tranquilamente en la terraza del apartamento, dando tiempo a que las nubes que cubrían en cielo se dispersasen, nos dirigimos hacia el pueblo de Bolonia, esta vez en coche, para visitar las ruinas romanas de Baelo Claudia, desde las cuales se divisan la duna de arena que, poco a poco, va cubriendo el pinar que por poco no llega hasta el océano. A escasos kilómetros hacia el sureste se encuentra Tarifa, punto de encuentro de surfistas y turistas, y una de las localidades con vientos más fuertes del sur. En nuestra aproximación, ya se veían a lo largo de la playa decenas de parapentes de los practicantes de kite-surf. El casco antiguo de Tarifa es un pequeño entramado de callejuelas encaladas donde no faltan restaurantes y tiendas chic de ropa y complementos. A la hora del almuerzo, tras un intento fallido en un restaurante que nos inspiró poca confianza, catamos un atún de almadraba a la plancha y un pulpo braseado en el Bar El Francés. Avanzada la tarde fuimos a Vejer de la Frontera, un pintoresco pueblo situado en la cima de un monte. Sus calles laberínticas, su accidentado relieve y sus blancas paredes se asemejan a las de Chauen, ciudad con la que Vejer está hermanada. En el castillo que ocupa uno de los puntos más elevados de la villa, recibimos una clase de dicción gaditana del joven guía, un boy scout vejjie. El ambiente árabe nos invitó a acabar la tarde con un té verde en la tetería del Jardin del Califa, desde cuya azotea se divisa toda la Jandia, desde Medina Sidonia hasta Zahara de los Atunes, con sus campos cubiertos de pasto secado por el sol, de reses y de campos eólicos. Volvimos a Zahara con dos camisetas de diseño, adquiridas en la Pájara, con tiempo de mojar nuestros pies en las aguas del Atlántico bajo el influjo de la luna llena.
Jueves, 19 de septiembre • Teníamos una cita ineludible con Jerez de la Frontera, una de las ciudades más importantes de la provincia, con sus más de doscientos mil habitantes. Desde la Plaza del Arenal, centro turístico de la villa, se accede a pie a las bodegas que abundan en la ciudad y que pueden visitarse a diario, desde las famosas bodegas de Tío Pepe o Domecq a las menos conocidas, pero igualmente reconocidas, Emilio Lustau o Diez Mérito. Callejeando alrededor del Alcázar, la Catedral, el austero Zoco de artesanía, las plazas de la Asunción, Platero, Compañía, Rafael Rivero, por las calles Porvera, Ancha, Francos, Consistorio y Corredera, hicimos tiempo hasta las cinco, hora de llegada del Alvia de Madrid, en el que llegaron Jesús y Maribel. Nos amenizaron la espera algunos de los curiosos personajes de los que tanto abundan por estos lares. De vuelta a Zahara, pinchamos unas magras, dimos un agradable paseo por la playa y volvimos al apartamento para disfrutar de una cena ligera.
Viernes, 20 de septiembre • La etapa reina por la Sierra de Grazalema, prevista para el viernes, sufrió un recorte considerable con la eliminación del puerto de las Palomas. Partimos a una hora razonable hacia Benalup, donde desayunamos unas ricas tostadas de pan de pueblo en el Restaurante los Monteros, un cortijo ubicado entre Benalup y San José de Malcocinado. Visitamos Alcalá de los Gazules, uno de esos pueblos de casas blancas encaramado en una colina, situado a las puertas del Parque Natural de los Alcornocales, que atravesamos para llegar a Ubrique. En el parque, las curvas y más curvas se tomaron las primeras víctimas entre los ocupantes del coche. Llegamos a Ubrique con las peleterías cerradas, pero con los bares abiertos. Después del refrigerio, reanudamos la marcha hacia Ronda, pues la organización decidió retirar del recorrido la visita a las localidades de El Bosque y Zahara de la Sierra. Llegamos a Ronda al mismo tiempo que una generosa tormenta eléctrica. En la villa rondeña, famosa por el puente sobre el impresionante Tajo formado en la roca por el río Guadalevín, visitamos la plaza de toros y deambulamos por el casco antiguo, antes de volver hacia Zahara de los Atunes, tras tres horas de conducción, nocturna en su mayoría, a traves de Jimena de la Frontera, Algeciras y Tarifa.
Sábado, 21 de septiembre • Lo que en principio iba a ser la aburrida visita a un mercadillo "medieval" en Medina Sidonia acabó siendo una encerrona para los padres de Eva, Jesús y Maribel. Las coordenadas geográficas que le proporcionamos al GPS se correspondían con el camino de entrada a la finca de Los Alburejos, más conocida por ser la sede de una de las ganaderías más famosas de la región, Torrestrella, de la familia Domecq. En una exhibición denominada A Campo Abierto se muestra el amor y la dedicación de todos los integrantes de esta familia, así como de sus empleados, para preservar un estilo de vida en torno a un animal muy nuestro, el toro. Doma de caballos, destete de terneros, cómo conducir a las reses bravas y correr a los toros. Una vez finalizada la exhibición, fuimos hasta Medina Sidonia, que se elevaba sobre un monte a escasos kilómetros de la finca, donde dimos una vuelta bajo una solana veraniega inesperada. El fuerte viento que soplaba desde primeras horas de la mañana, no opuso suficiente resistencia en nuestro avance hacia la Venta la Duquesa, un restaurante altamente recomendable. Por la tarde, siesta de aupa en el apartamento y paseo-cerveza-picoteo en el casco urbano de Zahara de los Atunes, que estaba de en bote en bote, por eso de la fiebre del sábado noche.
Domingo, 22 de septiembre • Después de disfrutar de un tranquilo desayuno en la terraza del apartamento visitamos Cádiz, la Tacita de Plata, la capital de provincia rodeada por el océano y separada por un estrecho cordón de tierra de la península. Siguiendo a ratos los recorridos turísticos recomendados, pintados en el suelo de la ciudad, recorrimos parte del puerto, donde fondeaban un par de enormes cruceros, rendimos pleitesía al templo de las chirigotas, el Gran Teatro Falla, nos detuvimos frente a la Caleta, una playa chiquita y cocleta, que estaba de bote en bote, anduvimos por los barrios de la Viña, con sus mil restaurantes de pescaíto frito, el Mentidero, Santa María, San Juan y el monumental Pópulo, con su Catedral y Ayuntamiento. Volvimos a Zahara por la carretera de la costa, que transita por las poblaciones de Sancti Petri, una amalgama de urbanizaciones bién y playas tranquilas, Conil, El Paular, Caños de Meca, paraíso de los bongos y cementerio de furgonetas Scooby-Doo, el pinar de Breña, un remanso de paz en tierra de nadie, a cuyos pies se haya Barbate.
Lunes, 23 de septiembre • Pepi, la voz del GPS, nos volvió a jugar una mala pasada. Queríamos ofrecerles a Jesús y Maribel un último desayuno campero, antes de su vuelta a Madrid, en una venta cercana a Medina Sidonia. Con las coordenadas que le proporcionamos a la Pepi, nos mandó a un barrio cutre de Chiclana, así que finalmente nos tomamos un mollete en un restaurante frente a la estación de ferrocarril de San Fernando, desde donde partía el Alvia poco tiempo después. Eva y yo, una vez sólos, nos fuimos a El Puerto de Santa María, donde llegamos con todas las tiendas cerradas y con la oficina de información turística cerradas. Entre tapas y helados pasamos las horas más calurosas de la tarde. Dedicamos unas horas a la vecina Sanlúcar de Barrameda antes de volver a El Puerto para hacer unas compras. Para redondear la jornada, cenamos en el Jardín del Califa en Vejer, un restaurante de comida árabe y de Oriente Medio al que le teníamos ganas y del que salimos con el buche a punto de reventar.
Martes, 24 de septiembre • En toda gran vuelta ciclista, hay un día de descanso. En nuestra grande boucle gaditana, ese día fue el martes. Desayunamos en la terraza, nos entregamos al ocio durante todo el día, fuimos a la playa y sólo al atardecer nos acercamos a Zahara de los Atunes para comprar algo para hacer la cena.
Miércoles, 25 de septiembre • El día prometía ser muy similar al anterior. Entregados como estábamos al ocio, dejamos pasar la mañana y parte de la tarde. A eso de las cinco fuimos en coche hasta el polígono industrial de Barbate y preguntamos en algunas de las tiendas de venta al público de las principales conserveras, si organizaban algún tipo de visita guiada a las instalaciones que permitiese conocer el proceso de pesca, despiece y conservación del atún de almadraba. Estas no son las mejores fechas para ello, pues la pesca de atún rojo se produce en dos fases, cuando los atunes entran en el Mediterráneo en el mes de Mayo y cuando regresan al Ártico en agosto. Poco después hicimos caminamos desde Barbate hasta Caños de Meca por el Pinar de Breña, por un sendero que bordea un acantilado. Por la noche cenamos en el restaurante Francisca, uno de tantos restaurantes de Zahara, que estaba preparándose para la IV Ruta del Retinto, que comienza el jueves 26 y en la que participan casi todos los restaurantes de Zahara, cada uno con una tapa de retinto diferente, candidata a ganar el trofeo a la mejor tapa. Nos recomendaron obtener el "tapaporte", un pasaporte que nos acreditará como consumados carnívoros de retinto.
Jueves, 26 de septiembre • Nuevo día de sol y calor en Cádiz, aunque en vista de las previsiones meteorológicas, iba a ser el último. Tras pasar una mañana de relax y almorzar en el apartamento, fuimos hasta Conil de la Frontera a través del Pinar de Breña. Conil es un pequeño pueblo de casas blancas, de orígen pesquero, aunque en la actualidad explota su encanto con una buena oferta turística de hoteles y restaurantes. Después de tomarnos unas tapas en el restaurante Hermanos y deambular por el casco histórico, nos desplazamos hasta Caños de Meca para darnos un chapuzón rápido junto al histórico Faro de Trafalgar, antes de regresar a Atlanterra. Esperamos sobre el césped de la piscina hasta que llegaron mis padres. Anochecía ya cuando hicimos una breve incursión en la Ruta del Retinto. Probamos las tapas de los restaurantes La Sal, Antonio y Francisca, a cambio de sendos sellos en nuestros tapaportes y nos retiramos a la madriguera a pasar la noche, bajo un cielo aún despejado.
Viernes, 27 de septiembre • A una noche de chaparrones le sucedió un día de coche. Tras desayunar por segunda vez en el Cortijo de los Monteros, visitamos el pintoresco pueblo de Arcos de la Frontera, uno de los pueblos blancos que reside en lo alto de una montaña, desde cuyos miradores se divisa toda la región circundante. Siguiento el mismo recorrido que una de las etapas andaluzas de la pasada Vuelta a España, continuamos camino hacia Algar y, más adelante, hacia El Bosque, donde almorzamos en el mesón Tabanco. En los alrededores, por un error de orientación, pasamos dos veces ante la puerta de la finca de Jesulín de Ubrique, Ambiciones, antes de llegar a Benamahoma, donde esperábamos encontrar una tienda de cerámica, cuyo propietario había fallecido hacía tiempo. Tras una breve visita a Ubrique, regresamos a Zahara de los Atunes por El Bosque, Arcos, Vejer y Medina Sidonia, y ya no salimos del apartamento, ni siquiera para añadirle más sellos al tapaporte.
Sábado, 28 de septiembre • Pasamos el día en Zahara de los Atunes. El tiempo se complicó de mala manera, con unas borrascas barriendo la península y poniéndolo todo perdido de agua de lluvia. Salimos del apartamento para participar en la ruta del retinto y por la tarde nos dimos un paseo por la playa, que estaba impresionante con los nubarrones de fondo, agarrados a las sierras que encierran Zahara. No llegamos a tiempo para ver las carreras de caballos en la playa, pero sí para tomarnos unos vinos mientras una tormenta llegaba a la población. Ya con mis padres, buscamos un lugar donde ver el derby entre el Atleti y el Real Madrid, con victoria colchonera como colofón.
Domingo, 29 de septiembre • Bajo una lluvia intermitente, mis padres se volvían a Mérida la mañana del domingo. No obstante, aún tuvimos tiempo para caminar por las calles de Vejer y almorzar en El Jardín del Califa. Por la tarde, tras el chasco que supuso ver a Purito perder el Mundial de Ciclismo en los últimos metros, empaquetamos el equipaje de los titiriteros y descansamos nuestras últimas horas de vacaciones.
Lunes, 30 de septiembre • De vuelta a Madrid, previo paso por Mérida para visitar a la familia y comer en Venta la Goyi. Partimos el viaje en dos tramos de poco más de tres horas para mayor comodidad nuestra. A la altura de Trujillo nos llovió medio océano en cuestión de minutos y, poco después, nos paró la benemérita por unos pequeños problemas con el seguro del coche. Nada que no pudiésemos solventar sin problemas con nuestra buena actitud habitual. El resto del viaje transcurrió sin incidentes. Un final de vacaciones de lo más tranquilo.