15/12 - 20/12/2012 Florencia
15/12 Madrid - Florencia..
16/12 Florencia.
17/12 Florencia.
18/12 Florencia.
19/12 Florencia - Siena - Florencia.
20/12 Florencia - Madrid.

Tras los pasos de Hannibal Lecter

Sábado, 15 de diciembre. Florencia • Partimos de Madrid el 15 de diciembre. Embarcamos en un vuelo de Alitalia, que partió con un retraso de una hora hacia Roma. Desde allí hasta Florencia, un pequeño salto en Boeing de media hora. Ya anochecía cuando un autobús nos llevaba desde el aeropuerto hasta la estación de Santa María Novella, a un paseo de minutos del hotel. Encontrar el Hotel Centrale fue pan comido, dado que se encontraba muy cerca de la vía Cerretani, que une la estación de autobuses con el Duomo. El hotel, un tres estrellas sin pretensiones pero confortable, de calidad más que aceptable y una ubicación excelente, que habíamos contratado con el portal booking.com. Tras descansar unos minutos y comenzar a darle forma al colchón, salimos a dar un paseo por las concurridas calles florentinas, adornadas con la típica iluminación navideña que los madrileños solemos contratar a lampareros futuristas. No faltaba el árbol a los pies del Duomo. Desde el hotel, en la vía del Conti, caminamos hasta el Doumo, bajamos por la vía Calzaiuoli hasta la piazza de Signoria, vía dei Neri, piazza de Santa Croce, vía Ghibellina y vuelta a la vía dei Benci, donde cenamos en la ostería de' Benci. No me lo pensé mucho y probé la especialidad de la ciudad, la bistecca alla fiorentina, casi un kilo de ternera muy hecho en el exterior pero jugoso en su interior. Eva no se arriesgó y se decantó por la pasta. Todo regado con vino rosso de la casa. Con el alcohol del vino brotando en forma de vapor de nuestras bocas, caminamos de vuelta al hotel, al calor de una calefacción que funcionaba a las mil maravillas, tan bien que fue posible dormir al descubierto.

Domingo, 16 de diciembre. Florencia • El desayuno dominical tuvo lugar casi a las 10, rozando la hora límite, en un salón que presentaba overbooking de clientes. Nos poníamos en marcha un rato después. Había ya mucha gente en las calles, mojadas por el vaho matinal, entrando y saliendo de las numerosas tiendas que las flanquean. Abundan tiendas de ropa y complementos, zapaterías, pastelerías, heladerías, tiendas de productos manufacturados, joyerías, papelerías, librerías. Los mejores diseñadores tienen tienda en alguna de las calles florentinas. Los más caros, también. Estos negocios tienen un factor común; no están al alcance de cualquier bolsillo. Tampoco faltan hoteles y restaurantes de todo tipo. Frente al Duomo formaban grupos de turistas, muchos de ellos asiáticos, con su peculiar pose de fotógrafo. Estos u otros grupos también pululaban a lo largo y ancho de la piazza de Signoria. Cruzamos el puente Vecchio, famoso por sus joyerías, mancillado en esos momentos por un concurso de golf organizado in situ por Emporio Armani. Dejamos atrás el río Arno y llegamos hasta el palazzio Pitti, frente al cual Dostoyevski escribió El idiota. Abandonamos el casco histórico por la vía Romana y ascendimos hasta la piazza Galileo, para volver a descender hacia el río Arno por la vía di San Leonardo, que pasa junto a la fortaleza de Belvedere y que atraviesa una selecta zona residencial, repleta de olivos e imponentes casonas. De vuelta a la orilla norte del Arno, que cruzamos por el ponte alle Grazie, seguimos el flujo del río a lo largo de lungarno Archidusieri hasta la gallería degli Uffizi, cuya visita dejamos para otro día. En la ostería dei Peccatori, en piazza San Firenze, nos esperaban una pizza y un calzone. Las nubes raleaban sobre la piazza Santa Croce, donde más de uno se ponía las botas con comidas típicas del norteño país teutón. Col agria, salchichas y vino caliente. Atravesamos raudos un mercadillo algo hortera aunque nos detuvimos en una Fotoautomatica de via dell'Agnolo, que tardó cuatro minutos en escupirnos las cuatro fotos en blanco y negro. Desde allí hasta la Academia, piazza Salverini, vía San Egidio, vía dei Servi y piazza SS Anunziata. No era día de museos, así que dejamos atrás el David de Miguel Angel y caminamos por la vía Rascoli hasta la Basílica di San Lorenzo, por vía dei Pecci, situada en las traseras del hotel. Aún no teníamos las piernas lo suficientemente doloridas, así que seguimos caminando hasta la estación de Santa María Novella, frente a la cual nos tomamos un café, que aquí en Italia es una religión. Volvimos al hotel por la vía della Scala donde se encuentra la famosa y tradicional perfumería-farmacia de Santa María Novella, que visitó Hannibal Lecter durante sus días en Florencia.

Tras un breve descanso nos echamos nuevamente a la calle, que ya estaba menos concurrida. La mayoría de los comercios habían cerrado y la noche había caído sobre la ciudad. Cerca de la Capilla Medici, los servicios de limpieza dejaban niqueladas las calles adyacentes al mercado central. Por la vía Guelfi y Cavour llegamos nuevamente al Duomo. El Arno fluía apacible frente a la Gallería degli Uffici, transitada por jóvenes ajenos a la vorágine turista de horas atrás. Callejeamos hasta la vía Tornabuoni, donde se concentran las tiendas de las más exclusivas firmas (Gucci, Armani, Tiffany's, Prada, Bulgary, entre otras). Por enésima vez, la vía Cerretani nos condujo hasta la piazza della Stazione, donde traicionamos a la gastronomía italiana comprando dos McRoyal, que nos zampamos de vuelta en el hotel.

Lunes, 17 de diciembre. Florencia • El lunes amaneció lluvioso y no cambió un ápice hasta bien entrada la tarde, así que aprovechamos para visitar algunos museos, aparte de los principales que cierran todos los lunes. Adquirimos la Firenze Card, por 50€ por cabeza en la Oficina de Turismo de vía Cavour, y atravesamos con élla la ciudad y el río Arno, hasta el palacio Pitti, donde estaban abiertos los museos del Traje (con una interesante exposición dedicada a los indios americanos¡?) y de la Plata, amén de los jardines de Bóboli que, con la que estaba cayendo, parecían abiertos sólo para nosotros. De vuelta a la orilla del Arno por la cuesta de San Giorgio, buscamos dónde comer cerca del palacio Vecchio, y acabamos entrando en la Trattoria Il Bargello, del que salimos cuando el cielo ya estaba limpio de nubes. Visitamos el palazzo Vecchio, frente al cual tenía lugar una ruidosa manifestación de trabajadores italianos, un impresionante edificio donde vivió Cosimo I Medici, un señor al que le gustaban los lacasitos, hace la tira de años. Cerca de allí, visitamos el interesante Museo Galileo. Por la noche fuimos al minúsculo restaurante All'Antico Vinaio, un lugar imprescindible en la gastronomía florentina. El sitio dispone de una barra donde se exponen los embutidos toscanos, los quesos y las salsas con los que los camareros hacen los bocadillos (focaccie), que los clientes apenas pueden comer dentro del local. Pedimos a los simpáticos camareros que nos preparasen para llevar dos focaccie de su elección, uno picante y el otro no, pero ambos muy sabrosos, y nos los comimos tranquilamente en el hotel.

Martes, 18 de diciembre. Florencia • El martes abrían los principales museos de la ciudad, la Gallería degli Uffizi y la Academia. Bajo un sol radiante nos dirigimos al primero de ellos. Con una de las mayores y mejores colecciones de obras del Renacimiento italiano, como El nacimiento de Venus de Botticelli o la Adoración de los Magos de Da Vinci (no expuesto por trabajos de restauración), es un buen museo para visitar si te gusta ese tipo de cuadros, que no es nuestro caso. El edificio en sí es una maravilla y se aprecia el lujo acostumbrado en tiempos de los Médicis. La visita a la Academia merece la pena, principalmente y casi sólo, por ver el David de Miguel Ángel. La lasaña en Osteria Pepo' nos dió fuerzas para visitar la basílica de Santa María Novella y para seguir los pasos de Hannibal Lecter por la vía della Scala, con parada incluída en la perfumería-farmacia ya mentada anteriormente. Nuestro día concluyó en el hotel, frente a dos grasientas y verdaderas pizzas napolitanas.

Miércoles, 19 de diciembre. Florencia • Nuestro último día completo en la Toscana nos deparó una breve pero intensa excursión a Siena en autobús (la crisis). El sol radiante bañaba las suaves lomas cubiertas de vegetación; jorines de niebla ocultaban parte del panorama; la escarcha, resultado de una elevada humedad y temperaturas próximas a los cero grados, se acumulaba en zonas de umbría. En Siena, frente a un improvisado mercadillo ambulante, el autobús avanzaba lentamente en procesión, hacia la estación. El casco histórico de la ciudad se ubica en la cresta de una loma en forma de Y, aunque tarde o temprano uno debe enfrentarse con alguna empinada cuesta que subir o bajar. En el punto más elevado y visible se encuentra el Duomo, junto a varios museos comunales, que no llegamos a visitar. En el centro de la Y, el imponente Palio, donde se celebran famosas carreras de caballos. A cierta distancia, la Basícila di Santa María dei Servi se erige en lo alto de una loma, desde la cual se divisa buena parte de Siena. Se respiraba el ambiente navideño en la ciudad, con muchos visitantes, las tiendas engalanadas y abiertas para la ocasión. Desde el Palio, caminando por vía Banchi di Sipra, vía dei Montanini y vía di Camollia, llegamos hasta Porta Camollia, junto a la cual encontramos una ostería local, donde almorzamos el menú del giorno, siguiendo la "recomencachione" del camarero que nos cantó el menú y al que que no entendimos ni papa, y una pequeña tienda de bicicletas, la primera y última que vimos en todo el viaje. Nos volvimos a Florencia poco antes del anochecer y dimos por finalizado nuestro viaje. No había energía ni para salir a buscar cena. En unas horas, nos subiríamos en el avión de vuelta a la cruda realidad del invierno de Madrid y de nuestros quehaceres diarios.