24/06 - 01/07/2012 Norte de España
24/06 Madrid - Campomanes.
25/06 Campomanes - Vega de Espigadera. 130,20 km. • 6h49'04" • 19'1 km/h • 1950 m ∠
 
Campomanes - Puerto de la Cubilla - Villablino - Palacios de Sil - Fabero - Vega de Espigadera.
26/06 Vega de Espigadera - A Fonsagrada. 109,14 km. • 7h17'09" • 14'98 km/h • 3200 m ∠
 
Vega de Espigareda - puerto de Lumeras - puerto de Ancares - Balouta - puerto de la Campa de Laviadas - Navia de Suarna - puerto de Louxas - Lamas de Moreira - puerto de Fonsagrada - A Fonsagrada.
27/06 A Fonsagrada - Cangas de Narcea. 95,25 km. • 4h29'42" • 21'19 km/h
 
Fonsagrada - Vila de Cuiña - San Antolín de Íbias - puerto del Connio - Ventanueva - Cangas de Narcea.
28/06 Cangas de Narcea - Saliencia. 98,35 km. • 5h24'58" • 18'16 km/h • 1600 m ∠
 
Cangas de Narcea - Tuña - Alto de las Estacas - Belmonte de Miranda - Saliencia.
29/06 Saliencia - Campomanes. 105,22 km. • 6h04'36" • 17'32 km/h
 
Saliencia - Alto de la Farrapona - Torrestío - Alto de la Ventana - San Martín de Teverga - Proaza - Caranga - Bárzana - Alto de la Cobertoria - Pola de Lena - Campomanes.
30/06 Campomanes - Infiesto - Campomanes. 85,60 km. • 4h36'20"
 
Campomanes - Moreda - Cabañaquinta - alto de la Colladona - Pola de Laviana - Rioseco - Bueres - Collado de Arnicio - La Marea.
01/07 Campomanes - Madrid.

El accidentado norte cantábrico

Lunes, 25 de junio. Vega de Espigareda • De nuevo, y como viene siendo habitual desde hace cuatro años, he sido fiel a la cita con mis compañeros de alforjas y BTT. Este año el grupo se amplía en una unidad al tiempo que se reduce la distancia entre nuestros respectivos domicilios y el punto de partida. Por vez primera en todos estos años, no abandonamos la península ibérica. La dichosa crisis ha servidor de freno a nuestras ansias colonialistas y nos ha hecho decantarnos por un destino más próximo y económico, pero no por ello carente de interés, belleza y dureza. Una ruta por tres provincias y comunidades, Asturias, León y Lugo.

El domingo por la noche llegábamos a Campomanes, junto a Pola de Lena, donde pasamos la noche en la casa de la hermana de Pablo. Puesta a punto de las bicicletas, una cena exprés preparada por el chef Eduardo y vino y cerveza para hidratarnos.

A primera hora del lunes partimos hacia el sur, y nos enfrentamos con las primeras rampas del largo puerto de la Cubilla, 1683 metros sobre el nivel del mar, que coronábamos a mediodía. Las condiciones meteorológicas no podían ser mejores: cielo despejado, calor en aumento y humedad suficiente. Las vacas que pastaban en la cima vieron coronar en cabeza a los integrantes del equipo familiar Soltero-Blanco, que llegaron con la suficiente ventaja para colocar dos pares de banderillas a los rezagados.

Cruzamos el límite de provincia entre Asturias y León, descendimos por una pista de tierra a duras penas transitable, y pedaleamos por tierras de Babia. Viento favorable de componente este, que nos empuja a abandonar una amplia meseta a mil metros de altitud, flanqueada por montañas pintadas de verde y amarillo, en ocasiones erosionada y devastada por frugales incendios y aparentemente inservibles cortafuegos. Nos detenemos en el nacimiento del río Sil y comenzamos a descender hacia Villablino. Abandonamos tierras de labranza y nos adentramos en una región minera en depresión. Las montañas se erigen amenazantes a nuestro alrededor, cubiertas de verde vegetación, que se ve interrumpida por frecuentes penachos de roca volcánica negra, que ha resistido a la erosión. En ocasiones, la montaña muestra las heridas abiertas por el hombre, por las que se extrae el polémico carbón que constituye el medio de vida de la región. Nos abastecemos en Villablino, almorzamos en Rabanal de Abajo, un minúsculo poblado junto a un embalse, tomamos un café y nos relajamos en las gélidas aguas del Sil en Palacios del Sil. Es casi la hora del té cuando reanudamos la marcha para, al poco tiempo, abandonar la comarca del Sil y entrar en el Bierzo por la puerta de atrás, ascendiendo un puerto no puntuable a la central térmica de Anllares. Cambia el paisaje mientras que nos dirigimos a Fabero, un importante enclave al pie de los Ancares, si bien no nos detenemos definitivamente hasta llegar a la más turística localidad de Vega de Espinareda, en cuyo camping nos alojamos, en un bungalow del que no tuvimos reparo en desplazar a los arácnidos que eran sus inquilinas habituales. Un baño en las gélidas aguas de la piscina (playa) pública para relajar las piernas, unas cervezas de súper y una copiosa cena en el restaurante del camping, sirven de prolegómenos a una noche fresca en la que cada cual durmió cómo y cuanto pudo, a la espera de la cita del martes.

Martes, 26 de junio. A Fonsagrada • Bajo un cielo despejado y un sol que calentaba como no es de costumbre en estas latitudes, emprendíamos la marcha antes de las nueve, tras un copioso desayuno en nuestro bungalow, en dirección norte, hacia la sierra de los Ancares. A través de elevadas montañas y entre laderas cubiertas de frondosos bosques y surcadas por numerosas pistas forestales y cortafuegos tomados por la vegetación, ascendimos el suave puerto de Lamelas (5% de desnivel medio), que nos sirvió de calentamiento para el plato fuerte del día, el puerto de los Ancares por su vertiente leonesa. Si bien es mucho más corto que por la vertiente lucense, con sus últimos cinco kilómetros con medias por encima del 11,3% y máximas del 17%, tenía la dureza suficiente como para ser la ascensión más complicada del día. Hacíamos cima antes del mediodía y, tras divisar el impactante paisaje que dejábamos atrás y el que teníamos frente a nosotros, nos lanzábamos en un vertiginoso descenso hacia Balouta y, más allá, tras llenar los bidones en una fuente en esta pequeña población, hacia la provincia de Lugo. El asfalto, prácticamente nuevo, que verá pasar en unos meses a los participantes en la Vuelta a España en su intento de ascender los Ancares, nos permitió seguir el curso del río Balouta, que ha horadado un impresionante cañón, que desemboca en un valle más amplio al llegar a Murias. Con una cincuentena de kilómetros en las piernas, afrontamos un corto pero exigente puerto en la Serra de Murela, tras el cual iniciamos un apasionante descenso que nos permitió deleitarnos con la hermosa geografía de Lugo, desconocida por mí hasta la fecha, al final del cual se encontraba Navas de Suarna, una pequeña localidad situada a una altitud de 320 metros, la menor que alcanzamos en toda la jornada. Allí, junto al característico puente romano que une un conjunto de pintorescos edificios, por otra parte separados por el río, descansamos durante algo más de una hora, tiempo suficiente para tomar unas cervezas y un tentempié, bañarnos y, en algunos casos, echarnos una siesta rápida.

En mi caso, a la siesta le sucedió, sin solución de continuidad, un brusco despertar y un agónico comienzo de puerto, el de Louxas, el cual nos llevó más tiempo del deseado y vació nuestras, para entonces, exiguas reservas de azúcar y sales. Con el sudor de nuestra frente conseguimos franquear el citado puerto y abandonar aquella caldera para, tras un nuevo y vertiginoso descenso a través de parroquias y granjas gallegas, por una estrecha y hermosa carretera de montaña, llegar hasta Lamas de Moreira, donde nos recibieron unos perros ladrando amenazantes, junto al hórreo y el bar donde repusimos nuestros niveles de glucosa. Desde allí hasta A Fonsagrada, el final de nuestra jornada, había, para nuestra desgracia, doce kilómetros de constante ascenso, en teoría. En la práctica, el ascenso se vio interrumpido por dos breves tramos de descenso pero, para compensar, incluyó dos tramos endiabladamente empinados, con máximos del 18%, tras los cuales conseguimos acceder a la nacional que une Lugo con Asturias, atravesando a su paso A Fonsagrada. Este duro final de etapa tuvo a su favor lo espectacular del paisaje atravesado.

A Fonsagrada, el mayor municipio gallego en extensión, con una población en declive de 4.300 habitantes. Enclave que sirvió de acceso al camino primitivo de Santiago, hecho que sus habitantes intentan aprovechar hoy en día. Un buen lugar donde pernoctar, cenar y descansar con vistas al esfuerzo del día siguiente.

En lo que respecta a la competición, la victoria de etapa correspondió al que suscribe, que además coronó en primer lugar, en solitario y con holgada ventaja, todos y cada uno de los cinco puertos puntuables del día. En la otra cara de la moneda Edu, mi compañero de equipo y ganador de la primera etapa, sufrió un desfallecimiento en el último puerto y perdió un valioso tiempo en la meta (imaginaria) de Fonsagrada. El equipo B, en cualquier caso, tuvo que conformarse con ver el laurel en la cabeza de otros.

Miércoles, 27 de junio. Cangas de Narcea • Tercera etapa de nuestro periplo por la Cordillera Cantábrica, con salida en A Fonsagrada y llegada en la localidad asturiana de Cangas de Narcea. Amaneció encapotado en la población lucense, con indicios de precipitaciones nocturnas, si bien no se materializó la lluvia a lo largo del día. Un copioso desayuno en la Pensión Cantábrico nos dejó el estómago lleno y las piernas cargadas. Con las mismas, tomamos una carretera de montaña que nos llevaba, ladera abajo, hacia Vilabol, con la esperanza de ver una cascada de agua de 25 metros, rebasando en nuestro descenso la capa de nubes que cubría parcialmente las sierras colindantes. Unos kilómetros de ascensión más adelante llegábamos hasta Vilar da Cuiña, a partir de donde comenzábamos a perder los metros recién ganados, hasta que llegamos al embalse de Salime, después de atravesar unos paisajes majestuosos. El verdor del paisaje y el incipiente sofoco provocado por la humedad, continuaron una vez sobrepasado el límite de provincia con Asturias. Serpenteamos por la AS-210 a través de Marentes y San Antolín de Íbias hasta Cecos, punto de inicio del coloso del día, el puerto del Connio que, junto con el puerto de las Mujeres Muertas, situado al norte de aquel, forman la Ruta de los Puertos, un bucle que incluye ambos puertos y el paso por Íbias y Cangas de Narcea. Llegamos agrupados a pie de puerto, pero las primeras rampas de éste, a la postre las más exigentes, pusieron a cada uno en su sitio. Los primeros diez kilómetros del Connio, con porcentajes en torno al 7-8%, transcurrían por la ladera derecha del monte. Se intercalaban zonas frescas de umbría, donde las moscas se cebaban con nosotros, con claros donde quien lo hacía era el sol. La segunda mitad, mucho más liviana, se iniciaba al dejar atrás la población de Centenales, dando paso a una zona desnuda y azotada por el viento. Los últimos cinco kilómetros discurrían dentro de la Reserva Integral de la Biosfera de Muniellos. Coroné en solitario y me lancé hacia Cangas de Narcea, primero por la estrecha y sinuosa carretera hacia Ventanueva y, desde allí, por la carretera autonómica AS-15, con viento favorable y en continuo descenso. Poco más de media hora después, llegó a Cangas el resto de la expedición.

Por primera vez en este viaje, tuvimos toda la tarde para almorzar (un más que copioso menú, compuesto por pote de berzas y costillar), relajarnos dentro del río Narcea y junto a él y prepararnos para disfrutar de la agónica victoria de España en el Europeo.

Jueves, 28 de junio. Saliencia • Con dos paupérrimas tostadas en el estómago, descontado el exceso de grasa acumulado en las copiosas comidas del día anterior, reemprendimos la marcha descendente por el valle del Narcea. Velocidad de crucero, con Edu comandando el grupo. Poco después de atravesar Soto del Barco, con su impresionante central térmica junto a la carretera, tomamos un desvío hacia Tuña. Más allá de esta pequeña población, la carretera ascendía y seguía el curso del Narcea, a cierta distancia de la vía principal. A medida que ganábamos altura, la niebla hacía acto de presencia y se cerraba sobre nosotros. Encadenamos dos subidas, cada una con panorámicas bien distintas, la primera con la presencia de enormes formaciones rocosas en las montañas de los alrededores, la última, el alto de las Estacas, parcialmente cubierta de nubes bajas, y descendemos a continuación hasta Belmonte de Miranda, donde nos espera el avituallamiento.

Desde Belmonte, tomamos la carretera regional hacia Pola de Somiedo, remontando el río Pigüeña, y hacemos kilómetros sin pausa, rodeados siempre de vegetación, omnipresente en el Principado. La temperatura sube unos grados y nos da tregua, pues ya incluso nos habíamos puesto los manguitos. El aire, favorable, nos empuja hasta la localidad de Aguasmestas, donde comenzamos a remontar el valle formado por el río Somiedo. Poco después, atravesamos una sucesión de túneles y giramos a la izquierda con dirección a Saliencia. Desde el desvío hasta esta localidad, once kilómetros de ascenso, una sucesión de rampas duras y zonas de descanso, que nos condujo a través del desfiladero del río Saliencia hasta Saliencia, población situada a siete kilómetros del alto de la Farrapona. En esta localidad, donde se confirmó la supremacía del equipo Soltero-Blanco, con un nuevo doblete, decidimos pernoctar en el albergue que lleva su mismo nombre.

Viernes, 29 de junio. Campomanes • Nos despedimos de la encargada del alberge Saliencia, que nos brindó el típico desayuno basado en tostadas, mantequilla, mermelada, café y zumo de naranja, antes de comenzar la ascensión a los últimos 7 kilómetros del alto de la Farrapona, un especial en la Vuelta a España 2011, con rampas muy exigentes, que subimos a buen ritmo. Desde la cima, hasta Torrestío, el primer pueblo en León, transitamos cuatro kilómetros por un camino de tierra fácilmente transitable. Poco después de esta localidad, retomamos la ascensión al puerto de la Ventana por su vertiente leonesa. Cambia drásticamente el paisaje; los prados de hierbas altas, amapolas y margaritas dan paso a los matorrales y aulagas de la geografía leonesa. Tras seis kilómetros de suave ascenso, coronamos el alto y nos lanzamos, pertrechados de suficiente ropa para combatir el frío reinante, hasta llegar a San Martín de Teverga, atravesando poblados bosques, pequeñas localidades y estrechos desfiladeros. Desde allí llegamos hasta Proaza por la Senda del Oso, para una vez allí, darnos cuenta de que nos habíamos pasado del desvío hacia Bárzana y el alto de la Cobertoria. Un café y varios pasteles después, retrocedimos los cinco kilómetros y comenzamos a ascender hacia Bárzana, desde donde comenzaba la exigente subida a la Cobertoria, un primera con algo más de nueve kilómetros por encima del 8% de desnivel, que cubrimos a rueda del grimpeur Nkono. El descenso vertiginoso nos llevó hasta La Pola. Dejamos atrás el desvío al alto de Gamonieiro, no era momento de heroicidades. Desde allí hasta Campomanes, donde Pablo nos esperaba desde hacía varios minutos, pedaleamos pensando en la cerveza que nos íbamos a tomar al llegar a la casa. Tarde de compras en el Mercadona, cena, llamadas telefónicas y descanso a ratos. Cuatro días por delante para disfrutar del viaje por tierras Asturianas.

Sábado, 30 de junio. Hospital del Oriente de Asturias, Arriondas • Se me llevó La Marea y me arrastró carretera abajo hasta el Hospital del Oriente de Asturias en Arriondas. El diagnóstico: fractura de trocante femoral derecho. El tratamiento: reposo total durante cinco días, un mes antes de que el hueso suelde completamente y un mes y medio antes de volver a hacer deporte, aunque ahora eso es lo que menos me importa. Esas son las consecuencias de un asqueroso día de lluvia, de una bajada encharcada con asfalto irregular y de vacas sueltas. En el descenso del collado del Arnicio, entre Campo de Caso e Infiesto, el segundo del día tras el alto de la Colladona, di con los huesos en el suelo, finalizando así mi periplo por el norte peninsular. Afortunado de mí que me pasó esto aquí y no en mitad de los Atlas marroquíes, y de poder contar con la ayuda de mis compañeros de viaje, del personal sanitario de Infiesto y Arriondas y de quienes dejaron sus platos a medias en un bar de La Marea para llevarme al Centro de Salud más cercano. No me extiendo más porque me faltan las ganas.