12/06 - 22/06/2010 República Checa, Eslovaquia y Polonia
12/06 Madrid - Praga /CZ/. 2300 km.
13/06 Praga - Přelouč. 95 km. • 4h09' • 22'9 km/h Mapa
 
Praga - Říčany - Kutná Hora - Přelouč.
14/06 Přelouč - Hanušovice. 137 km. • 6h38' • 20'6 km/h Mapa
 
Přelouč - Pardubice - Sezemice - Holice - Borohrádek - Kostelec nad Orlicí - Vamberk - Žamberk - Králíky - Prostřední Lipka - Červený Potok - Hanušovice.
15/06 Hanušovice - Spálovský Mlýn. 140 km. • 6h55' • 20'2 km/h Mapa
 
Hanušovice - Jeseník - Vidly - Vrbno pod Pradědem - Bruntál - Razová - Bohdanovice - Hořejší Kunčice - Svatoňovice - Vítkov - Spálovský Mlýn.
16/06 Spálovský Mlýn - Čadca /SK/ . 118 km. • 5h27' • 21'6 km/h Mapa
 
Spálovský Mlýn - Odry - Suchdol nad Odrou - Nový Jičín - Žilina - Veŕovice - Frenštát pod Radhoštem - Nová Dědina - Ostravice - Staré Hamry - (frontera con Eslovaquia) - Klokočov - Turzovka - Čadca.
17/06 Čadca - Zuberec. 117 km. • 5h50' • 20'1 km/h Mapa
 
Čadca - Zborov nad Bystricou - Lutiše - Terchová - Zázrivá - Párnica - Dolný Kubín - Oravský Podzámok - Podbiel - Zuberec.
18/06 Zuberec - Spišská Belá. 139 km. • 6h26' • 21'6 km/h Mapa
 
Zuberec - Liptovský Mikulás - Liptovský Hrádok - Podbanské - Nový Smokovec - Poprad - Kežmarok - Spišská Belá.
19/06 Spišská Belá - Jabłonka /PL/. 97 km. • 4h49' • 20'1 km/h Mapa
 
Spišská Belá - Spišská Stará Ves - (frontera con Polonia) - Dębno - Nowy Targ - Czarny Dunajec - Jabłonka.
20/06 Jabłonka - Oświęcim. 113 km. • 5h04' • 22'3 km/h Mapa
 
Jabłonka - Zawoja - Maków Podhalanski - Wadowice - Zator - Oświęcim.
21/06 Oświęcim - Katowice. 147 km. • 6h15' • 23'5 km/h Mapa
 
Oświęcim - Zator - Babice - Alwernia - Liszki - aeropuerto de Kraków - Balice - Kochanów - Rudawa - Krzeszowice - Trzebinia - Chrzanów - Jaworzno - Katowice.
22/06 Katowice - Madrid. 41 km. • 1h44' • 23'6 km/h Mapa 2085 km.
 
Katowice - Bytków - Siemianowice Śląskie - Czeladź - Pyrzowice - aeropuerto de Katowice.

Centroeuropa en bicicleta

Este era mi segundo viaje junto a Edu y Nkono, tras nuestra visita a Marruecos en el 2009, y mi primera visita a estos tres paises centroeuropeos, República Checa, Eslovaquia y Polonia. Era previsible que nos encontraríamos con algún día encapotado, pero a la postre la lluvia se convirtió en nuestra inseparable e infatigable compañera de viaje. Renunciamos a las grandes ciudades y nos adentramos en regiones menos transitadas. Pudimos apreciar el contraste entre un país como el nuestro con tres naciones con democracias relativamente jóvenes y desarrollos dispares desde su liberación del yugo comunista. Son países con infraestructuras turísticas poco desarrolladas, pero bastante atractivos, tanto por la belleza de sus paisajes como por la elevada calidad (y bajo precio según los estándares españoles, de momento) de la comida y, sobre todo, la cerveza.

El sherpa Nkono preparó un recorrido suavecito, con apenas una decena de puertos en algo más de mil kilómetros, lejos ya de la dureza del viaje a Marruecos, y mucho más lejos aún de míticos viajes que estos dos ciclosaurios añoran y de los que presumen. Algunas leyendas, de tanto contarlas, toman visos de realidad.

Domingo, 13 de junio. Přelouč • A 100 kilómetros de Praga se encuentra Přelouč, una pequeña y tranquila población, a menos de 20 kilómetros de la más conocida Pardubice. Son las 11 de la noche y desde hace dos horas apenas queda nadie en la calle. Hemos cenado en uno de los pocos restaurantes del lugar, de nombre Flora, que ha bajado el telón justo después de nuestra marcha. Volvemos a nuestro hotel, el único decente que hemos visto. El otro parecía ser la sede de una organización de un clan de mafiosos de los Balcanes. En nuestra vuelta al hotel pasamos junto a la puerta de bares vacíos. Me pregunto cómo podrán financiarse.

En Praga, desde donde partimos esta mañana de domingo, el ambiente era bien distinto. Llegábamos a la capital de la República Checa el sábado por la tarde y nos dirigíamos a un hotel en un transporte colectivo privado, de la compañía Cedaz. Probamos suerte en dos hoteles Amarilis, de los tres con ese nombre en Praga, hasta encontrar el nuestro, ubicado en la calle Rimska, junto al Museo Nacional. Sin desembalar las bicicletas nos dirigimos al centro, para soltar piernas y en busca de un sitio donde cenar. La avenida Václavské, que conduce desde el Museo hasta el casco antiguo, está llena de casinos, salones de espectáculos y restaurantes. Nos encontramos la famosa plaza de Staromestske invadida de hooligans viendo el partido del mundial que enfrentaba a Inglaterra con los Estados Unidos. El olor a carne que inunda la plaza aviva nuestro apetito, que saciamos en una brasería.

La mañana del domingo la dedicamos a hacer un poco de turismo por la ciudad, cruzando al norte del Moldava por el puente de Carlos y asistiendo al cambio de guardia en la puerta del castillo. Después de almorzar en uno de los muchos restaurantes italianos de la ciudad, preparamos las bicicletas y, a las dos y media de la tarde, iniciamos el viaje hacia el este, por una carretera que no era la que habíamos previsto, pero que nos acabó llevando al mismo sitio. El recorrido, es eminentemente llano, con algunos esporádicos repechos, a través de extensos campos de cultivo, ocasionales bosques y pequeñas localidades.

Martes, 15 de junio. Spálovský Mlýn • La mañana del lunes 14 amanece lluviosa en Přelouč. Desde las cinco en que el sol asoma por el este, cae una persistente llovizna que nos acompaña las primeras horas de la jornada. A pocos kilómetros de nuestra marcha llegamos a Pardubice, donde perdimos bastante tiempo tratando de encontrar una salida apta para bicicletas hacia Holice. Dejamos atrás Pardubice y nos adentramos en una maraña de vías secundarias. La orografía se va complicando, y ascendemos los primeros repechos de consideración. Ya es tarde según las costumbres checas cuando almorzamos en Žamberk, en un restaurante donde las camareras hacen lo posible por servirnos una sopa, para la que encuentran en internet dos traducciones al castellano, fabada y ajo. Nos decantamos por su sopa de ajo y un risotto local delicioso. La cerveza no escaseó. Sin solución de continudad nos metemos en la mayor subida del día, que nos costó lo suyo. Finalizamos la jornada en Hanušovice, un pequeño pueblo con poca actividad. En la única pensión reconocible encontramos alojamiento. Poco acostumbrados a los horarios locales, nos entretuvimos más de la cuenta y bajamos al comedor con la cocina ya cerrada. Nos tuvimos que apañar la cena en un supermercado. Por otra parte, el desconocimiento del idioma nos hizo pedir tres cervezas más de la cuenta.

El desayuno del martes también salió del super. Tras preparar las bicicletas, tocadas tras el día de lluvia anterior, partimos hacia la primera de las dos principales ascensiones de la jornada, el puerto de Ramzovské, situado entre las poblaciones de Hanušovice y Jeseník. El descenso daba paso a la segunda subida, el puerto de Videlské, entre Jeseník y Vidly. Desde la cima de este puerto, sigue un descenso y terreno llano hasta Bruntál. Allí buscamos un local de comida rápida donde dimos buena cuenta de perritos calientes y patatas fritas. Emprendemos la marcha por carreteras secundarias poco transitadas, atravesando bosques y claros cubiertos de hierba o cereales, y pasando por diminutas poblaciones. Según avanzaba la tarde, el cielo en el horizonte se tornaba gris cenizo y la lluvia hacía acto de presencia. Quedaba poco para llegar a Vítkov. En esta ciudad nos encontramos hoteles cerrados y unos habitantes dignos de una película de Spike Lee. La presencia de un chaval de unos 12 años con las zapatillas en la mano, un colgante con el símbolo del dólar americano hecho de cristales y un revólver de juguete (suposición infundada) en la cintura, mirándonos fijamente mientras discutíamos qué hacer, no nos tranquilizaba. Afortunadamente salió de uno de aquellos bloques comunistas de hace décadas un ciclista rutero, con una flamante equipación de Cinelli, zapatillas a estrenar y una bicicleta de carbono fuera de lugar entre tanto vehículo prehistórico, que se ofreció a llevarnos hasta una pensión diez kilómetros al sur, la cual estaba muy por encima de nuestras espectativas, visto lo visto.

Miércoles, 16 de junio. Čadca • Nos costó abandonar la pensión para enfrentarnos a un largo día contra un persistente viento de cara. El terreno era llano, ligeramente descendente, hacia Odry, donde tomamos la abarrotada carretera nacional hacia Nový Jičín. Los camiones adelantan sin decelerar y sin dejar mucho margen, y cuando lo hacen, no se preocupan del tráfico en sentido contrario. Cansados de tragar humo, tomamos rutas más tranquilas hacia Frenštát pod Radhoštem, donde disfrutamos de un buen café. A media tarde llegábamos a las estribaciones de la subida más exigente y larga del día, que comienza poco después de Staré Hamry y finaliza justo en la frontera con Eslovaquia. La carretera, cortada al tráfico pesado, y engullida por tupidos bosques, nos ofrece uno de los mejores momentos del viaje. Descendemos desde las decadentes instalaciones de la frontera hacia Klokočov, donde almorzamos lo comprado en un supermercado, antes de proseguir hasta Čadca para pasar la noche. Por la tarde, nos hartamos de cerveza en un garito con una jukebox repleta de música metalera, en compañía de un par de eslovacos bastante contentos.

Jueves, 17 de junio. Zuberec • La resaca de cerveza nos torturó buena parte de la jornada. Tomábamos dos generosos cafés y partíamos hacia Terchová. Antes de llegar a esa localidad, nos enfrentamos con una larga subida, suave al principio, pero coronada tras afrontar una rampa bastante exigente. A mitad de subida rompí nueve radios de la rueda trasera, y Edu y Nkono se esmeraron en centrarme la rueda. En Terchová comenzaba el segundo puerto, con unas duras rampas finales al 14%, sucedidas por un largo descenso hasta Dolný Kubín, una ciudad moderna, con edificios pintados de múltiples colores, y calles limpias, llenas de jóvenes. Por suerte encontramos una tienda de bicicletas donde pudimos arreglar mi rueda, así como otros desperfectos arrastrados desde nuestro viaje a Marruecos. La tienda pertenecía a la familia de un joven ex-ciclista profesional eslovaco, Michal Skvarka, que defendió los colores del PSK Whirlpool en 2008. A continuación nos dirigimos hasta Podbiel, situada a unos 25 kilómetros. Un poco antes, nos detuvimos a admirar el precioso castillo de Oravský Podzámok, encaramado en lo alto de una roca, que se elevaba decenas de metros sobre la población. Desde Podbiel, remontamos el valle del río Studený hasta Zuberec, una población situada a 760 metros de altitud, al oeste de los Tatras, frecuente destino turístico invernal. Hicimos noche en el Hotel Milotín y cenamos de lujo en el restaurante Oravská izba.

Viernes, 18 de junio. Spišská Belá • El sol, que nos había acompañado durante toda la jornada previa, brillaba en el este, al otro lado de los Tatras, cuando iniciamos la marcha. Ascendimos algunos kilómetros antes del largo descenso hacia Liptovský Mikulás, una de las ciudades más importantes de la región. Habíamos dejado atrás un gran lago, usado con fines recreativos. Nos desviamos hacia la izquierda y afrontamos una subida continua, de más de 20 kilómetros, que interrumpimos en Podbanské para tomarnos un respiro. La lluvia comienza a mojar el suelo cuando reanudamos la marcha. Los bosques, que nos flanqueaban durante toda la subida, dan paso a vastas extensiones de montaña devastada, deforestada por la industria maderera, que ha causado estragos hasta donde alcanza la vista. El tiempo cambia cuando nos detenemos en Nový Smokovec para almorzar. El ímpetu de Edu al dejar esta ciudad nos lleva por el camino erroneo, hasta Poprad, una caótica ciudad a la que llegamos bajo un diluvio, y de la que nos cuesta lo suyo salir. Conseguimos enderezar la situación y llegamos hasta Spišská Belá. Allí nos dirigimos a una pensión, publicitada en la carretera durante kilómetros, pero en la propia pensión nos sugirieron buscar alojamiento en la Penzion G, donde pasamos la noche. No había más opciones.

Sábado, 19 de junio. Jabłonka • El propietario de la pensión G nos tenía preparado el desayuno, tal y como le habíamos pedido, a las 7 y media de la mañana. Poco después de arreglar las burras para un más que previsible día de lluvia, bajo la atenta supervisión de nuestro anfitrión, nos pusimos en marcha bajo una persistente cortina de agua que nos empapó durante la temprana subida del temprano puerto de montaña del día y nos helaba en el descenso. Nkono pinchaba justo en la cima. Yo no me enteré hasta que él y Edu llegaron al siguiente pueblo, donde los esperé durante un buen rato. Congelados estábamos cuando cruzamos la frontera con Polonia y bordeamos el lago Czorsztynskie, rodeado de pequeñas y pintorescas poblaciones. Tras atravesar una región de colinas cubiertas de vegetación de verde intenso y salpicada por edificaciones rurales, llegamos hasta Nowy Targ, en cuya entrada había un gran mercado ambulante. Degustamos las hamburguesas locales y reanudamos la marcha hacia Jabłonka. La lluvia remitía y el suelo se secaba cuando llegamos a dicha población, donde nos encontramos con serios problemas para encontrar alojamiento. Finalmente encontramos una pensión rural. Tuvimos un malentendido con el propietario de la pensión, que nos indujo a pensar en una cena casera. Al final, todo se resolvió con una visita relámpago al único supermercado abierto a esa hora.

Domingo, 20 de junio. Oświęcim • Segundo malentendido con el propietario de la pensión de Jabłonka. Habíamos pactado desayunar a las 7 y media, como de costumbre, pero nuestro anfitrión se hizo el tonto, y nos dijo que el desayuno estaría preparado una hora después. Así que iniciamos el día con un desayuno improvisado a base de pan con chocolate. De nuevo bajo la lluvia. Ésta no cesó durante toda la jornada, formando grandes charcos en los bordes de la carretera. Bajo ella coronamos la larga subida en el parque natural de Babiogórski. Sin duda fue la peor jornada del viaje en cuanto a lluvia, que sólo nos dio un respiro a nuestra llegada a Wadowice, a poco más de 30 kilómetros de nuestro destino del día. En Oświęcim, tras las pertinentes pesquisas entre la población local, llegamos hasta el Hotel Internacional de Estudiantes, cercano al campo de concentración de Auschwitz.

Lunes, 21 de junio. Katowice • El campo de concentración de Auschwitz, y especialmente su ampliación, Birkenau, representan el sufrimiento, dolor y muerte de cientos de miles de personas durante el segundo mayor conflicto armado de la historia. Más de un millón de seres humanos, en su mayoría judíos europeos, vivieron (si es que se puede llamar vida a eso) sus últimos días dentro de sus alambradas. Muchos años han pasado y muchos ríos de tinta han corrido desde entonces, pero aún sobrecoge la visita a estos monumentos a la infamia y crueldad humanas. Situados a poca distancia de Oświęcim, se conservan en un estado similar a como estaban el día de la liberación. Barracones, alambradas, torres de vigilancia, los railes del ferrocarril de acceso al infierno de Birkenau, el sarcástico mensaje de bienvenida (Arbeit macht frei), todo sigue en su sitio. Faltan las cámaras de gas y los crematorios, que los nazis se afanaron en derribar antes de la retirada.

Dejamos atrás Auschwitz bajo un cielo cubierto para dirigirnos a Cracovia, donde pensábamos pasar las últimas horas del viaje. Antes de entrar en la ciudad, decidimos acercarnos al aeropuerto para confirmar ciertos detalles del vuelo. Para nuestra sorpresa, nos indicaron que nos habíamos equivocado de aeropuerto. Nuestro vuelo partía del aeropuerto de Katowice, a unos 120 kilómetros al oeste de Cracovia, paradójicamente cerca de Oświęcim. De modo que volvimos tras nuestros pasos y, poco antes de las siete de la tarde llegábamos a Katowice, con tiempo de acomodarnos en el hotel Diemond y disfrutar la victoria de España ante Honduras en la terraza de un bar.

Martes, 22 de junio. Katowice • El recorrido desde Katowice hasta el aeropuerto, a unos 40 kilómetros del centro de la ciudad, es bastante pestoso, lleno de cruces, tramos urbanos, semáforos y repechos. Al llegar al aeropuerto, me despedí de Edu y Nkono, que prolongaban por dos días su aventura en tierras polacas, para enfrentarme sólo a la larga espera del avión que me llevaría de regreso a casa, dos horas más tarde de lo esperado.