| 17/08 | Mérida - Hervás. |
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| 18/08 | Hervás - Liérganes. |
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| 19/08 | Liérganes. |
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| 20/08 | Liérganes - Ojedo. |
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| 21/08 | Ojedo. |
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| 22/08 | Ojedo. |
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| 23/08 | Ojedo - Cangas de Onís. |
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| 24/08 | Cangas de Onís - Madrid. |
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No contento con haber subido una buena ristra de puertos en los Alpes franceses durante los primeros días de Agosto, me marché una semana a Cantabria y Asturias, para sufrir una nueva serie de torturas. El lunes 17 comenzaba la semana con la disputa del ya clásico Circuito de Hervás, al que le dimos cinco vueltas a rueda de los Extremadura - Spiuk que, junto con otros élite y sub23 más, tuvieron el detalle de hacernos sufrir a los abueletes del pelotón extremeño. Acabé a duras penas la carrera, en el puesto veintitantos, siendo sexto mejor Máster 30 (algo es algo). Por la noche, me quedé un ratillo en la verbena del pueblo, que estaba en plenas fiestas, amenizada por la típica orquesta, al compás de cuyas canciones bailaban los gigantes y cabezudos.
A primera hora del martes 18 conducía el Seat León de la familia hacia tierras cántabras, atravesando varias provincias castellano-leonesasm y llegaba a Liérganes a la hora del almuerzo, que consistió en mi primer cocido montañés del viaje. Rico rico. Por la tarde, un poco de turismo por Liérganes y por Santander, donde rendí visita a la playa del Sardinero y al palacio de la Magdalena. Nada de bici por un día, ante la que me esperaba al día siguiente.
La etapa reina del viaje era ésta del miércoles 19, con la subida a 7 puertos de montaña, entre los que destacaban los puertos de Alisas y Sía, así como el puerto de Estaca de Trueba por su vertiente cántabra, la más larga. En total, un desnivel ascendido de 4360 metros en poco más de 170 kilómetros, distancia que me llevo todo el día cubrir. Especialmente duros se me hicieron los primeros kilómetros del puerto de Estaca de Trueba, durante los cuales mis piernas tuvieron que rivalizar con mi estómago, que por entonces estaba trabajando a pleno rendimiento digeriendo el cocido montañés que me tomé en Vega de Pas, así como los últimos kilómetros de mi segunda subida al Portillo de Lunada burgalés, a la que llegué ya justo de fuerzas. Lo que quedó de día me permitió arrastrarme desde el hotel hasta la pizzería Martinelli, donde servían pizzas que para nada estaban duras como las suelas de los zapatos de igual nombre. Afortunadamente, el buen tiempo me acompañó durante todo el día.
Para el jueves 20 me reservé una "suave" etapa por los mismos puertos que ya había franqueado la jornada anterior, que subí esta vez por las vertientes opuestas. Así, ascendí el largo Portillo de Lunada, cuyas primeras rampas se encuentran casi en Liérganes, ascendí la vertiente burgalesa del puerto de Estaca de Trueba, descendí a Vega de Pas, y encadené las subidas a la Braguía desde esta localidad, y al alto del caracol, desde Selaya, descendiendo finalmente a Vega de Pas con tiempo de degustar mi último cocido montañés de Liérganes, antes de viajar, en la sobremesa, hacia Ojedo. Dediqué la ttarde a visitar Potes, una bella y muy turistica población situada al sur del desfiladero de la Hermida, en la puerta de los Picos de Europa.
La jornada previa al fin de semana, el viernes 21, la dediqué a realizar una maratoniana ruta de 180 kilómetros por tierras de tres provincias, Santander, León y Palencia. Tras levantarme muy temprano y desayunar en la habitación, salí del Hotel Infantado, en Ojedo, poco después de las siete y media. Dejé atrás la provincia de Santander tras escalar los casi treinta kilómetros del puerto de San Glorio, para descender progresivamente por tierras leonesas hasta la palentina ciudad de Velilla del Río Carrión. Desde allí parte la carretera P-210. conocida como la Ruta de los Pantanos, que une esta localidad con Cervera de Pisuerga, pansando junto a varios embalses y atravesando varias pequeñas poblaciones, llegué hasta Cervera, donde una carrera ciclista acababa de celebrarse, pues aún no habían retirado las pancartas de meta o puerto de montaña (a 2 kilómetros de la ciudad). Tras almorzar, emprendí los últimos 50 kilómetros que me separaban de Ojedo, y que incluían el largo descenso del Puerto de Piedrasluengas, desde cuya cima se divisa una panorámica sobrecogedora de los Picos de Europa al noroeste. Como venía siendo habitual, el buen tiempo me acompañó durante toda la jornada, salvo durante la subida al San Glorio que hice bajo una intensa niebla. Asimismo el tráfico fue muy poco denso. Por la tarde, me acerqué a Fuente De, sin llegar a subir al teleférico, visité el pintoresco poblado de Mogrovejo y el monasterio de Santo Toribio de Liébana.
Sin una nube ni atisbos de niebla amaneció el sábado 22 en Ojedo. Esta vez sí me desperté con calma, bajé a desayunar y partí poco después de las 9 hacia la cima del Puerto de Piedrasluengas. Una hora y media después, tras hacer cima, tomé un desvío situado a un kilómetro del pueblo de Puentenansa, en la vertiente cántabra, con dirección a Fuentenansa. Tras el cruce, 35 kilómetros de descenso prolongado y suave, con unos primeros kilómetros de asfalto excelente y unos últimos 10 kilómetros, de aproximación a Fuentenansa, con un asfalto inclemente, en actual restauración. En Fuentenansa, con 70 kilómetros en las piernas, un café reponedor antes de iniciar el exigente pero corto ascenso a un segunda, el Collado de Ozalba, que da paso al valle del río Nansa, junto al cual reposan poblaciones como Quintanilla, Sobrelapeña o Lafuente. Para abandonar el valle, tuve que ascender otro puerto de segunda categoría, el Collado de La Hoz, con unas rampas bastante exigentes justo después de atravesar Lafuente. Desde la cima de este collado hasta Ojedo, sólo quedaba atravesar el siempre ascendente desfiladero de la Hermida hasta Potes, rodeado de un incómodo tráfico que hizo acto de presencia en La Hermida, después de haber estado ausente durante el resto de la jornada. Con un cielo despejado, me acerqué a darme un chapuzón en la playa de la Franca.
Madrugué el domingo 23 para cubrir los 80 kilómetros que separan Ojedo de Cangas de Onís, mi siguiente destino, y evitar así el denso tráfico que atraviesa el desfiladero de La Hermida a diario. Ya estaba en Cangas a las 8 de la mañana, y poco después comenzaba a ascender a los Lagos de Covadonga, en unas condiciones climáticas excelentes. Con vacas y caballos como testigos, me retorcí en las duras rampas de la Huesera, y alcancé los lagos, a mil metros de altitud, en cuyas claras y tranquilas aguas se reflejan los impresionantes picos de los alrededores. Dejé paso a la caravana de vehículos turísticos que, a esa hora, comenzaban a subir desde Covadonga, y me dirigía nuevamente a Cangas de Onís, para afrontar la segunda parte del recorrido del día, un triándulo entre Arriondas, Ribadesella y Colunga, con la ascensión al exigente Mirador del Fito, desde el que se contempla un paisaje excepcional.
Tal y como se venía anunciando desde principios de semana, el tiempo cambió, y una borrasca trajo cielos encapotados y una molesta llovizna a los Picos de Europa. Decidí cancelar la ruta programada para el día, al comprobar que los puertos por los que debía transitar estaban completamente cubiertos de niebla. Aunque, para qué poner excusas, estaba ya un poco cansado de subir puertos y no me apetecía seguir en esas condiciones, así que me metí en el coche para ya no salir de él hasta llegar a Madrid, poco después del mediodía.