01/11 Saigon.
02/11 Saigon.
03/11 Saigon - Can Tho.
04/11 Can Tho - Saigon - Dalat.
05/11 Dalat.
06/11 Dalat.
07/11 Dalat - Thap Cham - Nha Trang - Hoi An.
08/11 Hoi An
09/11 Hoi An (My Son).
10/11 Hoi An (Danang).
11/11 Hoi An - Hue.
12/11 Hue.
13/11 Hue - Ninh Binh.
14/11 Ninh Binh (Tam Coc / Hoa Lu).
15/11 Ninh Binh (Vang Long) - Hanoi.
16/11 Hanoi.
17/11 Hanoi - Cat Ba.
18/11 Cat Ba - bahía de Ha Long.
19/11 Bahía de Ha Long - Hanoi.
20/11 Hanoi - Sapa.
21/11 Sapa - Ta Van.
22/11 Ta Van - Sapa.
23/11 Sapa - Bac Ha - Lao Cai - Hanoi.
24/11 Hanoi.
25/11 Hanoi.
26/11 Hanoi - Ba Be.
27/11 Ba Be - Cho Ra.
28/11 Cho Ra - Hanoi.
29/11 Hanoi.
30/11 -02/12 Hanoi - Frankfurt - Madrid.
Últimos días en Hanoi
Lunes, 24 de noviembre. Hanoi • Entramos en la recta final de nuestro viaje, y lo hacemos de vuelta en la capital administrativa del país. Pasadas las siete llegaba el tren a la estación de Long Bien, al norte del distrito viejo. Decidimos desayunar en uno de los restaurantes del centro y, casualmente, lo hicimos en compañía de Chantal y Xavi, los chicos con los que viajamos hasta Sapa, y que habían llegado a Hanoi en uno de los trenes que partieron de Lao Cai la noche anterior. Aparte de contratar el viaje a la pagoda del perfume, adquirir las entradas para una de las funciones del día en el Teatro de las Marionetas de Agua, y realizar algunas compras, dedicamos la mañana al mero deleite del excelente tiempo que nos encontramos en Hanoi.
Por la tarde, mientras Carlos descansaba en el hotel, me dí una vuelta por el distrito viejo, para comprobar cómo se las gastan los policías cuando de hacer una redada se trata: decomisan todo aquello que los comerciantes depositan en la calzada, fuera del espacio reservado para ellos. También pude asistir a la preparación de un pedido de carne de can.
Tras una tarde dedicada al ocio y a las compras, asistimos a una función en el teatro de Marionetas de Agua. Salimos contentos de la misma, en mi caso, principalmente por la música, si bien el espectáculo de marionetas de agua destaca por su colorido y por alguno de los diecisiete números o escenas incluídos en el programa, alguna de ellas no excesivamente lograda. De camino al hotel, pasadas las nueve, los comercios comienzan a echar el ccierre, mientras que los ciudadanos invaden las calles para sentarse en los cafés o los bia hoi, o para reunirse junto con sus amigos y familiares sobre una alfombra tendida en la misma acera, sobre la cual improvisan un pic-nic nocturno.
Martes, 25 de noviembre. Hanoi • No todos los centros de peregrinación están dotados de igual encanto. Al menos no lo está la pagoda del Perfume, sobrenombre que recibe la pagoda de Chua Houng. Situada en la provincia de Ha Tay, este centro de peregrinación budista es famoso por su enclave dentro de una enorme gruta, de 50 metros de altura, a la cual se accede tras un largo recorrido ascendente, desde el embarcadero al pie de la montaña donde se encuentra la gruta, hasta el magnífico mirador, que recibe a todos los peregrinos, ofreciéndoles una grata visión de las montañas circundantes, afiladas y prominentes. El sencillo interior de la pagoda contiene un conjunto de estatuas de bronce del Buda, en sus múltiples poses y personalidades. Frente al muelle donde atracan los barcos provinientes del poblado de My Duc, único punto de acceso a la pagoda, se encuentra la interesante pagoda de Chua Thien Chu. El recinto está preparado para recibir una gran cantidad de visitantes, lo que suele suceder durante las festividades religiosas nacionales. Hoy, sin embargo, la sóla afluencia de turistas no llegaba para llenar los pocos restaurantes que permanecían abiertos.
A pesar de la escasa presencia de turistas, los lugareños se las arreglan muy bien para obtener unos ingresos extras. No tienen reparo en reclamar un peaje a los turistas que quieren utilizar el muelle, improvisado a partir de latas de pintura y tablones de madera, para bajar de los botes, en lugar de desembarcar a escasos metros, sobre una plataforma donde el agua llega hasta los tobillos. Los remeros tampoco se cortan a la hora de pedir propina, e incluso vociferan y te persiguen cuando, una vez en My Duc, te niegas a pagarles un extra.
Miércoles, 26 de noviembre. Ba Be • Desde que el primer rayo de sol se reflejaba en las aguas del lago Hoan Kiem hasta que los grillos de Ba Be han comenzado a entonar su canto nocturno, ha durado el viaje que emprendíamos esta mañana, poco después de dar buena cuenta de nuestro desayuno. Una larga jornada para recorrer los 280 kilómetros que nos separaban del parque nacional de Ba Be. Llegar hasta aquí, en transporte público, no ha resultado del todo sencillo. Ya ayer no conseguimos que ninguna agencia nos informase de las posibilidades de acceder al parque mediante transporte público. Todo lo más, nos decían que eso era muy incómodo y que ellos nos recomendaban contratar un coche privado con conductor, por 50 dólares diarios. Al final, con la ayuda de las recepcionistas de nuestro hotel, supimos que los autobuses con destino a la provincia de Bac Kan, desde la que es posible acceder hasta Ba Be, partían de la estación de My Dinh. Hasta allí fuimos esta mañana en el bus local número 34. Tuvimos que esperar un par de horas a que las ventanilleras de la estación nos vendiesen los billetes con destino a Bac Kan, y tuvimos que hacer caso omiso de algún oportunista que nos intentó vender billetes para no se bien qué destino. Finalmente, a las 11 de la mañana partíamos hacia Bac Kan. El minibus realizó una parada en Phu Luong en el preciso momento en que atravesaba esa población el autobus que cubre la línea Thai Nguyen - Ba Be. Este minibus nos llevó hasta Cho Ra, una localidad a 15 kilómetros de las oficinas del parque natural de Ba Be. Tuvimos que contratar un par de motoristas que nos llevasen hasta nuestro destino final. Una vez allí, uno de los encargados del lugar nos ofreció pasar la noche en un bungalow y nos entregó un presupuesto para dos días excesivamente caro. Pretendía cobrarnos 10 dólares por persona por alojarnos en un albergue rural en alguna de las poblaciones del parque, cuando lo habitual es pagar incluso menos por la habitación, así como 5 dólares por persona por cada comida o cena, cuando en uno de los locales junto al hotel pudimos cenar los dos por 6 dólares. Dada la desfachatez de su propuesta, decidimos organizar una excursión por nuestra cuenta y riesgo para el día siguiente.
Este largo viaje me ha servido, al menos, para saborear un poco de los excelentes paisajes que este país ofrece al viajero, y para observar escenas de la vida cotidiana en las pequeñas aldeas, dedicadas principalmente a la agricultura y la ganadería. Los últimos kilómetros del viaje, desde que dejamos atrás la autopista, discurrían por estrechas y tranquilas carreteras que zigzagueaban por las laderas de una baja cordillera, en cuya base no había tierra baldía que no estuviese dedicada a cultivo cualquiera. Hileras de humo anunciaban la quema de rastrojos. Bueyes y otros animales pastaban a sus anchas, bien en los campos o junto al arcén de la carretera. Graneros de adobe repletos de trigo, rojos del color de los ladrillos que se apilan junto a alguna de las varias fábricas de ladrillos diseminadas por la provincia. Una sucesión de casas de barro, adobe y chapa, blancas en su origen y pardas por la acción del polvo del camino, tan distintas a los puntiagudos y estrechos edificios de dos y tres plantas, característicos de poblaciones más importantes.
Jueves, 27 de noviembre. Cho Ra • A las puertas del parque nacional de Ba Be, en una modesta pero amplia habitación de un aún más modesto hotel situado en la calle principal de Cho Ra, descansamos de un extenuante día de trekking, mientras esperamos que anochezca para cenar en el único local abierto de toda la ciudad. Aún será madrugada cuando el minibus con destino a Thai Nguyen nos recoja en el hotel.
Desayunamos esta mañana temprano, acompañados del encargado del hotel, que nos interrogó acerca de nuestras intenciones. No pareción tomarse a bien nuestras reiteradas negativas a sus propuestas. Tras preguntarle si podíamos ocupar el mismo bungalow esa noche, una vez que volviésemos de nuestra caminata, nos dijo que no estaba disponible; pero poco después nos ofreció la habitación si contratábamos un trekking al precio de 15 dólares por cabeza. Finalmente, decidimos abonar la habitación y el desayuno a semejante impresentable, recoger los pasaportes, que siempre debemos entregar en la recepción de cada hotel, y emprender la marcha hacia el lago Ba Be, con vistas a pernoctar en Cho Ra, lejos de los "indisponibles" bungalows de nuestro amigo.
Seguimos durante casi tres horas la carretera que parte hacia el lago, al oeste de las oficinas del parque. Bordeamos el lago por su extremo meridional y atravesamos los poblados de Pac Ngoi y Bo Lu. Situados dentro del parque natural, junto a la orilla del lago, estas poblaciones tienen buena oferta de alojamiento rural. Desde Bo Lu, es posible tomar uno de los ferrys que cruzan el lago hasta la orilla oriental, a dos kilómetros escasos de las oficinas del parque natural. Siguiendo la misma carretera, llegamos hasta Coc Lang, una villa situada en las afueras del parque. Atrás quedaba el puesto de entrada al parque, así como la empinada carretera de acceso a Bo Lu y la enorma pared de roca, bajo la que circula una fuerte corriente de agua proviniente de la vertiente opuesta de la montaña. En Coc Lang, frente a una de las tiendas de comida que forman parte del mercado local, parte un camino de tierra, a mano izquierda, que localizamos preguntando a las comerciantas por la dirección a las aldeas de Ban Chay y Ban Quan. Tras un primer kilómetro llano, que discurre entre campos arados, pastizales y parcelas inundadas, y tras vadear un riachuelo valiéndonos de un puente de madera, llegamos al poblado de Ban Chay. Desde allí, una continua ascensión nos lleva por paisajes de bella factura durante una hora y media hasta la aldea de Ban Lom. Allí decidimos darnos la vuelta en redondo, puesto que no pudimos confirmar el destino de los dos caminos que se abrían ante nosotros. Desandamos todo el camino hasta Bo Lu, nos subimos a un ferry, que nos dejó en el muelle de Ba Be. Desde allí, tras una caminata de media hora alcanzamos la puerta oriental del parque natural. Eran las cuatro de la tarde y apenas nos quedaba una hora de luz, cuando Cho Ra, nuestro destino final, estaba a tres horas de camino. Afortunadamente, encontrarnos el minibus de la línea Bac Kan - Ba Be, descargando bultos en la puerta de acceso al parque. Este minibús nos llevó, por el importe equivalente al mismo trayecto en moticicleta, hasta la puerta del hotel en que nos encontramos ahora. Con 35 kilómetros en nuestras piernas, toda cena nos sabrá a poco.
Viernes, 28 de noviembre. Hanoi • No eran las cuatro de la mañana y ya estaba despierto, esperando la llegada del minibus. Cuando éste hizo sonar el cláxon en la puerta del hotel, con quince minutos de antelación sobre las cinco previstas, ya estábamos en recepción, preparados. No estábamos preparados, sin embargo, para el frío invernal en el interior del autobús. Entre la niebla permanente y una oscuridad que desaparecía a medida que ganábamos altitud y dábamos tiempo al sol para que asomase tras las montañas que tratábamos de flanquear, cruzamos las mismas carreteras que nos habían visto pasar dos días atrás. El revisor del minibus (es costumbre en los autobuses privados encontrar un conductor y un revisor, que se encarga de emitir los billetes y gestionar los equipajes), enterado de nuestra intención de llegar hasta Hanoi, nos cobró el importe del billete a Thai Nguyen, el del billete desde Thai Nguyen hasta Hanoi, y nos acompañó hasta el autobús que nos debía llevar hasta la capital. Todo un detalle. Tras la paliza del día anterior, dedicamos la tarde a descansar, y a comenzar a preocuparnos por qué regalar a nuestros familiares.
Sábado, 29 de noviembre. Hanoi • En Vietnam no abundan los museos, aparte de los dedicados a Ho Chi Minh, a la Historia Militar del País o a la Revolución del Pueblo Vietnamita. Hay honrosas excepciones a esta regla general. Entre ellas se encuentra el Museo de Arqueología Cham, en Danang, el Museo de Historia de Saigón y los museos de Etnología e Historia de Vietnam, ambos en Hanoi.
A la visita de los museos de Etnologóa e Historia hemos dedicado buena parte del día de hoy. El museo de Etnología está situado a las afueras de la capital, a seis kilómetros del lago Hoan Kiem, y es fácilmente accesible mediante transporte público (bus número 14). El museo contiene, en un moderno edificio, una amplia variedad de trajes tradicionales, utensilios para la caza, pesca, fabricación de tejidos y redes de pesca e instrumentos de orfebrería, pertenecientes a buena parte del más de medio centenar de grupos étnicos existentes en el país. Aparte de esta exposición permanente, en los jardines exteriores, reproducciones fidedignas de construcciones tradicionales de las etnias más representativas permiten conocer algo más de su modo de vida.
En el distrito francés, el Museo de Historia de Vietnam muestra, en sus dos plantas, una buena cantidad de documentos, piezas ornamentales, utensilios, monedas y armas, pertenecientes a diversos periodos en la historia del país, haciendo especial hincapié en las dinstías que gobernaron desde principios del pasado milenio hasta el siglo XIX. Por último, no lejos del museo de Historia, visitamos el museo de la Prisión de Hoa Lu. Construída sobre la base de un antiguo poblado de alfareros, esta cárcel acogió presos políticos durante el periodo de dominación francesa, y presos americanos años después, durante la guerra de Vietnam. John McCann, el candidato a la presidencia de los Estados Unidos, se cuenta entre sus presos más populares.
Domingo, 30 de noviembre. Hanoi • Situada a 17 kilómetros de Hanoi, la ciudadela de Co Loa fue la primera capital de un reino vietnamita independiente. En ella se encontraron importantes restos arqueológicos, si ien una visita a la ciudadela, hoy en día, sólo permite ver algunos restos, así como dos pagodas reconstruidas recientemente. Es relativamente sencillo llegar hasta Co Loa mediante alguno de los autobuses locales número 15 o 17, que parten desde la estación de autobuses de Long ben y realizan una parada en el cruce de caminos que se dirige hacia Co Loa. Las ruinas no están muy bien señalizadas, pero no tienen pérdida. La de Co Loa fue nuestra última excursión en Vietnam. Hasta nuestro regreso a España, nuestras energías irán destinadas a realizar las compras pendientes y a elegir lugares donde beber y comer.
Martes, 2 de diciembre. Frankfurt am Main • Escribo la última crónica de las vacaciones y de este viaje, desde la sala de espera de un aeropuerto. Es una situación a la que ya me he acostumbrado, ésta de esperar durante horas al vuelo que me lleve de vuelta a casa. Nuestro último día en Hanoi fe más anodino que de costumbre. Viéndonos ya más fuera que dentro de Vietnam, deambulábamos por las calles del distrito viejo, parándonos cada dos por tres en una bia hoi o en un bar, o estirando el tiempo en esta o aquella tienda, o comprando las últimas cosas que llevar a casa (café, frutas exóticas). En definitiva, puliendo nuestros últimos dongs. Llevo un par de días pensando en mi vuelta, en la nueva temporada de ciclismo que comenzará, para mí, el mismo martes que llegue a Madrid, en los exámenes de febrero, en mi familia, para la que he cargado la mochila de regalos y llenado la cámara de fotos. Y ya he comenzado a moldear el que será mi próximo viaje, con destino a ...