30/10 - 02/12/2008 Vietnam

Hanoi, la bahía de Ha Long y el norte

Domingo, 16 de noviembre. Hanoi • El distrito viejo de Hanoi es como un gran bazar, un mercado callejero y un disperso y variopinto restaurante de calle, todo al mismo tiempo. Sin perder su identidad, aloja en sus múltiples hoteles y casas de huéspedes (guest houses) a una importante comunidad de turistas, que huyen de los elevados precios de los lujosos hoteles que ocupan edificios coloniales en el distrito francés, al sureste del distrito viejo. Aparte de algunas pequeñas pagodas y el importante mercado de Dong Xuan, apenas hay monumentos destacados que visitar en el distrito, aunque sus estrechas calles, atestadas de gente y continuamente transitadas por motos y ciclos, invitan a sumergirse en la vorágine y percibir la fuerte mezcla de aromas, así como el ambiente viciado por el humo de las motos y los vapores de cocinas, en continuo funcionamiento.

A primera hora de la mañana, mientras los habitantes que viven del turismo aún duermen en espera de que los turistas ocupen las calles, el centro de la vida de la ciudad no es otro que el lago Hoan Kiem. En sus alrededores se reunen multitud de practicantes de bádminton, gimnasia, taichi o incluso halterofilia. Muchos caminan alrededor del lago, algunos trotan sobre el asfalto. Frente a la plaza de Ly Thai To, un elevado grupo de mujeres que, al endiablado ritmo de música disco, participan en una multitudinaria clase de aeróbic. A medida que fluyen los minutos, los habitantes de Hanoi van ocupando los asientos de plástico en los múltiples restaurantes callejeros, en espera de que se les sirva un nutriente y completo cuenco de sopa, o un plato de arroz o noodles, que acompañan con carne o verduras, así como de una pasta similar a los churros españoles. En algunos puestos se churrascan carnes o se asan pollos. En algunos restaurantes, alejados del centro, uno puede incluso encontrarse incluso carne de perro asada y troceada. No es difícil complementar el desayuno con fruta, adquirida en uno de los muchos puestos callejeros o de alguna de las vendedoras ambulantes que recorren las calles con el típico par de grandes cestas colgado del hombro.

Al oeste del distrito viejo se encuentra la Ciudadela, inaccesible y en constante vigilancia al estar ocupada por edificios gubernamentales. Más hacia el oeste, y rodeado de un buen número de embajadas (Rumanía, Ucrania, China entre otras) se encuentra el Mausoleo de Ho Chi Minh. Por tratarse de un domingo, la masiva afluencia al mismo y el presumible tiempo de espera, nos hicieron posponer la visita para días posteriores. En su lugar caminamos hacia el sur del mausoleo, en dirección a la ruinosa pagoda de Ngoc Ha, y desde allí hacia la estación de autobuses de Kim Ma, en nuestro camino hacia el Templo de la Literatura, un maravilloso complejo de templos venerado por los seguidores de Confuncio, con casi un milenio de historia sobre sus pilares. Hacia el sureste del templo se encuentra la pagoda de Quang Su y el museo de la prisión de Hoa Lu. Un centenar de metros al norte de la antigua prisión, la rocosa y gris catedral de San José saluda desde su plaza, atestada de ciclo-taxis. Bordeando el sur del lago Hoan Kiem, y ascendiendo después al norte, de vuelta al distrito viejo, caminamos junto al elegante edificio colonial ocupado en la actualidad por el Hotel Sofitel, así como junto al teatro de las Marionetas de Agua.

Dedicamos parte de la tarde a la búsqueda de viajes organizados a Sapa y la bahía de Ha Long. También almorzamos en el Little Hanoi, un pequeño restaurante situado en la calle Ta Hien, donde sirven excelente comida a precios más que razonables. Prueba de que nos gustó es que repetimos en ese restaurante al menos 5 veces más, antes de volver a España. La ternera con cidro, chili y caramelo, un plato sencillamente delicioso.

Lunes, 17 de noviembre. Cat Ba • Esta noche pernoctamos en Cat Ba, la mayor población de la isla más importante de un archipiálago situado al oeste de la bahía de Ha Long. Separados del centro de la población por una montaña baja, los turistas nos concentramos en una larga y curvada hilera de hoteles situados en primera y casi única línea de costa, con vistas a una pequeña bahía, ocupada en parte por el puerto pesquero de Cat Ba. La isla de Cat Ba acoge uno de los parques nacionales más visitados de Vietnam, y es hogar de varias especies animales y vegetales, algunas de ellas en peligro de extinción, como el langur de cabeza dorada. Desde aquí se pueden organizar diversas actividades dentro y fuera de la isla, como paseos en barco por entre las islas del archipiélago, la visita a otras islas y a las cuevas que en ellas es posible encontrar, kayaking, trekking dentro o fuera del parque natural, mountain biking sobre las pocas pero exigentes carreteras que atraviesan la isla de parte a parte. La orografía de la isla es un fiel reflejo de lo que se aprecia en toda la bahía: montañas que se erigen casi verticalmente centenares de metros, copadas por prominentes crestas de roca, y cubiertas por frondosa vegetación. Todo el terreno que ha podido ser robado a las montañas, ha sido utilizado para establecer plantaciones de árboles frutales.

Si bien en un principio hemos encontrado cierta masificación de turistas en el muelle de la ciudad de Ha Long, desde donde parten a diario cientos de barcos con destino a las aguas de la bahía, a medida que ha ido transcurriendo la jornada y cada barco ha ido navegando millas siguiendo una de las múltiples rutas disponibles, el viaje ha ido ganando enteros para convertirse en un deleite para los sentidos. Tras unas horas de navegación, visitamos una de las gigantescas grutas, labradas por el agua y el tiempo en el interior de una de las solitarias moles kársticas en mitad del océano, que jalonan la bahía.

Martes, 18 de noviembre. Fondeado en la bahía de Ha Long • Un día que se ha presentado tranquilo, comenzó temprano para mí, con un paseo desde el hotel hasta las playas de Cat Co, situadas a varios centenares de metros de distancia, tras atravesar unos acantilados al este del centro turístico de cat Ba. Las tres playas estan separadas por acantilados de rocas, pero unidas por carretera y por un estrecho sendero de cemento construido alrededor de los acantilados. Tras el desayuno, comenzaron las actividades organizadas por la agencia de viajes. En primer lugar nos condujeron hasta el punto de partida de un trekking de dos horas dentro de los bosques de la isla, por escarpados terrenos, que incluían la ascensión hasta la cima de uno de los picos más elevados de la isla, desde el que se contemplaba una maravillosa panorámica de la bella orografía de la isla. Tras el almuerzo, tuvimos que esperar durante buena parte de la tarde, hasta que los encargados de la agencia nos recogieron, con dos horas de retraso, en el muelle de la isla de Cat Ba. Sin recibir explicación ni disculpa alguna por su parte, nos embarcamos en el que sería nuestro hotel flotante por una noche.

Miércoles, 19 de noviembre. Hanoi • Pasamos la noche en un pequeño camarote de un barco, anclado en alguna parte de la bahía de Ha Long, junto al resto de navíos-dormitorio que, solitarios o amarrados en grupos de a dos o a tres, estaban fondeados en la misma ensenada. Tras la cena del día anterior, mientras jugábamos a las cartas con Toby y Yimei, contemplábamos las luces en los camarotes y comedores de los demás barcos. A primera hora de la mañana, un buen número de pequeñas barcas a remo nos rodeaban, cargadas de frutas, refrescos o galletas. Nos habíamos levantado temprano para una sesión de kayaking de poco menos de una hora, a la que nos apuntamos tan sólo la mitad de los pasajeros del barco. Al cabo de tres cuartos de hora, sólo tres de las cuatro parejas habíamos regresado al muelle. La cuarta pareja llegó, remolcada por un bote pesquero, casi media hora después. Tuvieron que pedir ayuda después de alejarse demasiado del muelle y no sentirse con fuerzas suficientes para regresar. La insípida visita a un mercado flotante puso punto y final a nuestra travesía por la bahía. Durante la comida que nos ofrecieron en un hotel de la ciudad de Ha Long, pudimos ver cómo los tres japoneses que habían viajado con nosotros, se encararon con los encargados de la agencia, reprochándoles la innumerable cantidad de fallos en la organización.

Jueves, 20 de noviembre. En el tren-cama hacia Lao Cai • La turística villa de Sapa es, quizás, la principal atracción del noroeste del país. Perteneciente a la provincia de Lao Cai y a poca distancia de la capital de provincia, esta población es el punto de partida de varias excursiones interesantes a aldeas habitadas por pobladores de diversas etnias minoritarias. La forma más cómoda de llegar hasta esta región norteña es mediante el tren cama desde Hanoi, aunque también se puede optar por acceder a Sapa mediante un largo viaje en tren. Los trenes nocturnos llegan a Lao Cai a las 5 de la mañana. En la puerta de la estación esperan multitud de representantes de hoteles y conductores que, por 30.000 dongs, llevan a los turistas directamente a Sapa. Si bien no es complicado visitar la región de forma independiente, tal y como pensaban hacer Chantal y Xavi, dos chicos catalanes con los que compartimos camerino en el tren, nosotros decidimos contratar un tour que incluía varias actividades, repartidas durante tres días, y que ofrecía un precio competitivo.

El tren partía a las nueve de la noche desde la estación principal de hanoi. Esto nos dejó suficiente tiempo libre como para acceder a las pagodas que aparecían en las guías de viaje y que aún no habíamos visitado, como la pagoda de Quan Thanh, la pagoda dentro del lago de Hoan Kiem o la pagoda de Tran Quoc, situadas estas dos últimas en un pequeño islote accesible a través de un puente sobre el agua. También dispusimos de tiempo para visitar el mausoleo donde se exhibe el féretro de Ho Chi Minh. Impresiona la solemnidad del acto completo, desde el momento en que comenzamos a bordear la manzana donde se ubica el mausoleo, sin abandonar la línea blanca a riesgo de recibir una reprimenda, hasta que subimos las escaleras de entrada a la tumba rodeados de soldados con el protocolario uniforme blanco, ante los cuales uno debe guardar las formas, tanto en el vestir como en el modo de comportarse (nada de manos en los bolsillos). Una vez dentro de la cámara mortuoria, la palidez del rostro iluminado del héroe, dentro de un féretro frente al cual destaca una pared con dos grandes murales de mármol con la hoz y el martillo y la estrella de cinco picos. Más allá del mausoleo es posible visitar las instalaciones que Ho Chi Minh utilizó durante su estancia en Hanoi así como contemplar, desde la distancia, el actual palacio presidencial.

Almorzamos un plato típico de Hanoi, denominado bun cha, en uno de esos restaurantes frecuentados principalmente por vietnamitas. El menú, consistente en rollitos típicos de Hanoi, acompañados de una sopa de calabacín y zanahorias con trozos de carne de cerdo y ternera así como abundante verdura, noodles, cebolla y hojas de menta, es la única especialidad del restaurante Dan Kin.

Viernes, 21 de noviembre. Ta Van • Ocho horas de incesante crepitar, traquetear y silbar sobre unas vías que, en ocasiones, imponían velocidades cercanas a las de un senderista, durante las cuales apenas pude conciliar el sueño, desde poco después de mediado el recorrido, por más que buscase una posición cómoda o forzase el sueño leyendo a media luz. Estaba despierto cuando la revisora golpeó con los nudillos en todos y cada uno de los compartimentos. En la puerta de la estación nos recogió el personal del hotel Summit de Sapa, donde nos íbamos a alojar. Se intuía la luz del sol cuando la furgoneta finalizaba su ascenso hacia Sapa, por lo que, por fortuna, no divisamos con claridad el profundo barranco que se abría al lado izquierdo de la estrecha carretera desde Lao Cai. La persistente niebla, que se ha cerrado sobre el valle a los piés de Sapa durante toda la jornada de hoy, no ha permitido disfrutar de un perfecto día de excursión, que partió a las nueve de la mañana desde el hotel. Nuestro pequeño grupo, de nueve turistas más el guía, estaba formado por una familia surafricana, una pareja holandesa, otra danesa, y Carlos y yo. Desde el primer momento, nuestra comitiva ha sido escoltada por un séquito pintoresco, formado por mujeres de la etnia Hmong negra, ataviadas con sus oscuros vestidos tradicionales, sus medias subidas hasta las rodillas, sandalias y telas de color pardo sobre la frente. Nos acompañaron camino abajo, durante toda la jornada, hasta que finalmente llegamos al albergue en Ta Van, una villa poblada por gentes de la etnia Tay, procurando vender sus productos artesanales en cada parada que realizábamos para descansar, o para almorzar en el poblado de Lai Chau.

Desde que abandonamos la carretera principal y nos adentramos en caminos, descendiendo siempre hacia el valle, hemos ido dejando atrás el banco de niebla sobre Sapa, al tiempo que atravesábamos una vasta extensión de arrozales en terrazas escalonadas. A ambos lados del camino, encontrábamos ocasionalmente esporádicas chozas y casas de madera, así como algún que otro colegio o edificio, inconfundible por los característicos colores con que impregnan las fachadas de los edificios públicos.

La noche en Ta Van, que comenzó con una cena en grupo, acabó en una multitudinaria fiesta que congregó a todos los turistas que, en nuestro albergue o en otros albergues de ta Van, se vieron atraídos por la música de nuestro equipo de karaoke. Quizás fue por culpa del agua feliz, que es como llaman al fuerte licor de arroz, alto en gradación alcohólica, pero lo que parecía iba a ser una retirada temprana a las habitaciones, se convirtió en una competición oficiosa de bebida de cerveza y baile de clásicos de la música disco (ahí estaba ese mítico Dragostea Din Tei de los rumanos O-Zone). Por allí conocimos a un grupo de canarios, uno de los cuales había hecho el trekking alrededor del Annapurna en las mismas fechas que yo, con uno o dos días de diferencia.

Sábado, 22 de noviembre. Sapa • No pensaba que iba a pasar tanto frío en Vietnam como el de estos dos últimos días en Sapa. Hasta que no hemos comenzado a caminar esta mañana no he podido entrar en calor. Por el espacio de dos horas, hemos zigzagueado por las laderas occidentales del valle por el que fluye el mismo río que baña las orillas de Ta Van, alternando ascensos explosivos con descensos prolongados, atravesando bosques de bambú, hasta llegar a una cascada, en cuya base un puente colgande daba acceso al poblado de Giang Ta Chai, desde donde, tras el almuerzo, hemos regresado a Sapa. Nada más llegar al hotel, emprendí una caminata de poco más de una hora, siguiendo la carretera que llega hasta Thac Bac y, algunos kilómetros más adelante, asciende el paso de Tran Ton, que separa las provincias de Lao Cai y Lai Chau. El contínuo ascenso desde Sapa hasta las puertas de Thac Bac, me permitió dejar atrás las nubes asentadas sobre el hotel, y apreciar un interesante paisaje, que hasta entonces se me estaba negando.

Domingo, 23 de noviembre. Lao Cai • Una agotadora jornada en la carretera a bordo de un incómodo minibus, hecho a medida de la longitud de piernas de los vietnamitas, para visitar el famoso mercado de Bac Ha, el mayor y más importante mercado al aire libre de la provincia. A él acuden muchos de los habitantes de las aldeas cercanas, así como numerosos grupos de turistas; los primeros, ataviados en su mayoría con los coloridos trajes tradicionales que hacen tán atractiva la visita al mercado, acuden a vender los productos qye han manufacturado así como los excedentes que sus cultivos o el ganado producen más allá de sus necesidades elementales, así como para comprar madera, fruta, verduras, carnes, telas y utensilios de metal; los segundos acuden, cámara en mano, a captar en la retina y en las tarjetas de memoria, el desfile de gentes y animales que abarrotan el espacio dedicado al mercado. Una vez que el turista ha dejado atrás las tres calles que dan acceso al mercado, flanqueadas por puestos repletos de accesorios y souvenirs, y llegan a la plaza del mercado, se convierten en seres anónimos, que no despiertan la atención de ningín comerciante y que deben defender su posición ante el enpuje, no siempre amable, de los locales, que no ven en nosotros más que un estorbo entre ellos y el comercio al que desean acceder. Es por esto que uno puede moverse por entre los diferentes puestos sin llamar la atención, detenerse frente a la mercancía, deambular sin rumbo, apreciando el trasiego de gentes y bienes, observar en definitiva el modo en que los locales comercian. Hay un amplio área destinada a albergar una especie de restaurantes, un barrizal cubierto con toldos, bajo los cuales el humo y el olor a carne quemada flota sobre los comensales, se acumula y embota los sentidos. Cerca de ese merendero los hombres debaten acerca del precio de compra y venta del ganado, compuesto por caballos y bueyes, y se regocijan ante la única timba del mercado. El resto de hombres se concentran en las barberías o carnicerías, así como en el aparcamiento de motocicletas, esperando a que las mujeres acaben su visita al mercado. La vuelta a casa, caminando, en burro, motocicleta, o en uno de los minibuses que llegan hasta las aldeas comunicadas por carretera con Bac Ha.

El viaje desde Sapa hasta Bac Ha, a través de Lao Cai, lleva tres horas en minibus, e incluye el descenso de un puerto, desde Sapa hasta casi Lao Cai, y el ascenso de otro, durante los últimos 10 kilómetros del viaje, para cubrir una distancia total de algo más de 120 kilómetros, casi en su totalidad sobre carreteras poco practicables, llenas de baches, badenes y tramos en obra. Durante los viajes de ida y vuelta, adelantamos a toda velocidad a ciclistas y motoristas, impregnándolos del barro suelto sobre el asfalto. El mismo barro que teñía las viviendas y la vegetación a ambos lados de la carretera. El camino de vuelta, algo más reducido, finalizó con nuestra llegada hasta Lao Cai donde, tras visitar el puente que sirve de frontera entre Vietnam y China (país que tuvimos a tiro de piedra), esperamos que llegase la hora en que partía nuestro tren hacia Hanoi.