05/12 al 07/12 Chicago.
08/12 Chicago - Paris - Madrid.
Fui a Chicago en el puente de diciembre del año 2004 con la intención de visitar a mi ex, que había sido seleccionada para ir, junto con otros compañeros de trabajo (entre ellos aquel que no puede ser nombrado), durante dos meses a la sede que Lucent Technologies tiene en Naperville. Y allí que fui con toda la ilusión de un recién casado. Chicago, el frío Chicago, significó el principio del fin, y el principio de un nuevo comienzo.
Dejaré de desvariar y me ceñiré a los aspectos positivos del viaje. Llegué a media tarde americana, tras un maratoniano viaje desde Madrid, con escala en París. Y qué mejor forma de combatir el jet lag que irme de juerga con la gente; así al menos pude probar la Sam Adams.
Al día siguiente nos acercamos todos desde Naperville hasta Chicago. Los currantes tenían el día libre, lo cual les permitió hacernos de guía a los recién llegados, que éramos la novia de Juan y yo. Visitamos el Museo de Arte Contemporáneo, deambulamos por los alrededores de la avenida Michigan, hicimos un amago de subir al Hancock Observatory, totalmente oculto tras la niebla y nos detuvimos a cenar en el Cheesecake Factory bajo el Hancock, donde sirven una exquisita tarta de queso. Despedimos la noche con un agradable paseo a lo largo de los modernos rascacielos que componen el skyline.
Durante toda la mañana del día 6, las hermanas de Javi, la novia de Juan y yo deambulamos por Chicago, visitando el Field Museum, donde destaca la presencia de la idolatrada Sue, un esqueleto de t.rex muy bien conservado. Por último, las chicas se empeñaron en visitar el acuario Shedd, lleno de peces de colores, caimanes, caballitos de mar y algún que otro tiburón. Ya anochecido, nos reunimos con nuestros respectivos contactos en Naperville y cenamos en un curioso lugar con un interior decorado como si de una jungla se tratase.
Mi último día completo en Chicago comenzó con una visita conjunta al Instituto de Arte de Chicago, probablemente uno de los más extensos museos que haya visto nunca. Con una gran cantidad de obras de artistas europeos y americanos de los últimos tres siglos, la visita al museo nos llevó prácticamente toda la mañana. Por la tarde, más café de Starbucks, más Häagen dazs barato de supermercado y una cena improvisada en la residencia de Naperville. Al día siguiente partía hacia Madrid en un vuelo con escala en París, que lamentablemente perdí.