Diario de un informático (X)
<17 de febrero de 2013 > (por )
La austera recepción del edificio ministerial era un verdadero santuario hinduista, sus paredes repletas de imágenes, algunas de ellas con autógrafo y dedicatoria originales, de las deidades Ganesha, Kali, Shivá, Indra o Sharukh Khan. Ataviada con un discreto sari, la recepcionista sorteaba con gracia los envites de una marea humana que, frente a la ventanilla, pugnaba por sacar del punto muerto trámites burocráticos de lo más variopinto. Sobre un mostrador se amontonaban peticiones de audiencia, solicitudes de becas de estudio, formularios de petición de financiación para incontables proyectos inviables, peticiones de material y solicitudes de pago por servicios prestados; trámites que solían heredarse tras la muerte de seres queridos, cuya memoria se honraba con peregrinaciones a los templos administrativos. Entre la maraña de brazos nervudos y morenos que agitaban con frenesí sus formularios, destacaba la pálida flacidez de las sebosas extremidades de Marcial extendiendo su carta de presentación hacia la joven funcionaria, quien tuvo a bien rescatarle del gentío y permitirle el acceso al interior de la garita. Una vez dentro, y como muestra de agradecimiento, el forastero le propinó dos protocolarios besos en las mejillas y le limpió, con una servilleta de papel, un antiestético círculo de pintura que algún travieso hijo de la susodicha debía haberle pintado en la frente. Cinco delgados dedos restallaron en el aire; sendas llameantes marcas rojas en la piel recibieron el beso de un sello de caucho, el cual estampó en la mandíbula de Marcial la fecha de ingreso en el intrincado mundo de la diplomacia asiática. El ingeniero jefe del Departamento de Desarrollo Tecnológico Rural mantenía una acalorada discusión telefónica con algún superior, a tenor del desproporcionado tamaño de sus carótidas. Hizo un gesto a Marcial, que se acomodó en una silla frente a la mesa. -… quizás entonces la prosperidad se midiese en cabezas de ganado y fanegas de trigo, pero los tiempos cambian y ahora tenemos la rupia… La estancia estaba ocupada por un buen número de mesas de trabajo. El personal informático atendía las constantes llamadas entrantes y anotaba a lápiz sobre papel de estraza, a la luz de las velas, lanzando miradas furtivas a la atracción del día, un sudoroso occidental que se extraía cerumen de los oídos frente a la mesa del jefe. -… tengo muchas responsabilidades y no me planteo echar por tierra mis años de preparación ni mi carrera profesional iniciando un proyecto para el cual, por otra parte, aún no estoy preparado… De cuando en cuando, uno de los informáticos abandonaba su puesto, con el papel en la mano, y se dirigía hacia el extremo de la sala. Allí se lo entregaba a un informático con galones, el único que disponía de ordenador, quien lo depositaba en la creciente pila de papeles, a la espera de que se restableciese la luz eléctrica para poder incorporar todos los datos manuscritos al arcaico sistema informático. -… y no quiero hablar más de este asunto… Que sí, madre, que sí. Que me pasaré por el mercado de camino a casa para comprar lichis y manzanas… No insista, madre, no les invite a tomar el té. No hay nada de qué hablar con los padres de Suchita… La dejo, que estoy haciendo esperar a un visitante muy importante. ? Hizo un gesto a Marcial para tranquilizarle y hacerle ver que no debía preocuparse, que en absoluto se refería a él. El ingeniero jefe colgó el teléfono, resopló y se repanchingó en la silla cuan largo era, hasta rozar el suelo de goma con la yema de los dedos. Tras unos instantes, abandonó su estado de ensimismamiento y le dedicó a Marcial una cálida sonrisa. - Disculpe la espera. Soy Rajendra Lamichhane, responsable técnico del Departamento para el Desarrollo Tecnológico Rural. Usted debe ser el señor Monagas. - Así es. Pero por favor, tutéeme. - En primer lugar, quisiera transmitirte mis condolencias y las del Ministerio al que represento por la lamentable pérdida de su compañero. El señor Ramírez dejó una huella imborrable en nuestros corazones y una deuda considerable en el hotel en que se alojaba, que espero su compañía salde cuanto antes. ? Rajendra le extendió una factura de varias páginas. - Veré qué puedo hacer al respecto. - Bien. Dejemos a un lado estos dolorosos recuerdos y abordemos el asunto que nos ocupa y que no es otro que reanudar el proyecto para el cual este honorable Ministerio contrató a su empresa. No sé si ha tenido la ocasión de estudiar la documentación que enviamos a España en fechas recientes, junto con las pertenencias y reliquias del señor Ramírez… No obstante, le haré una breve introducción. En el marco de un programa internacional para el desarrollo tecnológico de regiones inaccesibles, inhabitadas o en guerra, auspiciado por fondos de Naciones Unidas y de multinacionales japonesas y australianas y por donaciones de benefactores privados, se han iniciado varios proyectos, entre ellos el adjudicado a Saturnus, que consiste en la instalación de servicio de internet por satélite en áreas de difícil acceso en los distritos de Manang y Mustang… - Hasta aquí me queda claro. ¿En qué situación se encuentra actualmente el proyecto? Insisto, tutéeme. - Lo siento, no podemos hacer uso de twitter; cuestiones de normativa interna. Aún no se ha efectuado ninguna instalación. Estábamos haciendo los preparativos cuando el accidente de su colega. - Desconozco los detalles del suceso. - El señor Ramírez sufrió una intoxicación etílica, derivada de un excesivo consumo de raksi de destilación casera, la víspera de su partida hacia Besisahar. Brindaba con los demás miembros del equipo por una exitosa expedición. - ¿Qué equipo? - Los seis porteadores que llevarán todo el material necesario y un funcionario de este Departamento, Prakash, que supervisará el proyecto. Mañana le presentaré al equipo. Mientras tanto, puede dedicar lo que queda de día a leerse esta documentación. Rajendra rebusca en un cajón, extrae un manojo de hojas del corporativo papel estraza y se lo entrega a Marcial, que contempla dubitativo los hermosos caracteres sánscritos. - ¿Pero esto qué es? El informático ojea nuevamente los documentos y se percata del error. Intercambia los folios por otros, igualmente incomprensibles para los ojos desentrenados de un occidental con poco mundo. - Están en devanagari. - Así es. Supuse que preferiría leer los originales, a salvo de cualquier error de traducción. Es una casualidad, por la que nos sentimos afortunados, de que su empresa tenga en nómina a tantos profesionales con experiencia en proyectos de telecomunicaciones y versados en la literatura sánscrita. En el exterior del Ministerio, un vendedor ambulante devolvió a Marcial un cucurucho de papel estraza lleno de cacahuetes. El tubo de escape del taxi de Ganesh añadía toxinas al neblinoso cielo. - Amigo, ¿volvemos al hotel? - ¿Podríamos ir antes a algún antro donde sirvan raksi a discreción?
|
|
Artículos previos
(1) (7) (13) (40) (30) (6) (3)
Especiales
|