Honestidad en la muerte
<30 de abril de 2012 > (por )

Se interpusieron entre sus pies y el abismo absurdas esperanzas en un futuro mejor. Vendió lo poco que aún no había perdido e invirtió las rentas en un billete hacia un destino impronunciable. Nada facturó por lo que tuviera que demorarse a su llegada y nadie le esperaba. Entre cartones exhaló su calor hasta humedecer los murales cirílicos de aquel cuarto improvisado. Con las primeras luces del alba emprendió un largo camino hacia el nordeste. Las arrugas sobre su curtida piel le proporcionaron sustento en tierras donde era anciano antes que forastero. Sobre la hierba y bajo las estrellas conoció la dicha de quienes nada tienen porque nada necesitan. Vivió como ellos del fruto de aquellas estepas de oro y blanco alimentadas por los tímidos rayos de un sol mortecino y acariciadas por vientos del sur que, al atarceder, traían una lluvia de ocres hojas. El año perecía lentamente. Despertó una mañana sabiendo que las huellas de los lobos sobre la nieve habían de guiarle lejos de aquel oásis en medio del caos. Tras incontables atardeceres a sus espaldas divisó enormes dinosaurios de acero arrancar a dentelladas la negra sangre de la tierra. Una lluvia de piedras e ira y desprecio en cien lenguas le recibieron en aquel decrépito campamento de Babel. Se tragó, junto con sus últimas lágrimas, la decepción de comprobar cuánto de cierto había en la Asinaria. Honestidad en la muerte.
Entre lobos en Lobón
<28 de abril de 2012 > (por )

Nueve meses después volví a prender con imperdibles un dorsal a mi maillot. Desde que en julio del año pasado cerrase apresuradamente una más que escueta temporada, apenas había participado en un par de marchas cicloturistas. Tras un comienzo de temporada cargado de kilómetros de entrenamiento y no exento de molestias físicas, plagado de carreras en las que, por un motivo u otro no había hecho acto de presencia, acudí a la cita de Barbaño, donde se iban a conocer los que serán campeones autonómicos hasta el próximo año. Un pelotón hispano-luso partió a media mañana, con setenta y cinco kilómetros por delante, y un buen número de subidas cortas, todas ellas en las cercanías de dos pueblos cercanos, Lobón y Guadajira, que se encargaron de separar el polvo de la paja. No se habían cumplido las dos horas de carrera cuando traspasaba la línea de meta un reducido grupo de escapados, con el pelotón principal, formado por no más de cuarenta sufridores, pisándoles los talones. El triunfo en la carrera se lo llevó un portugués y los campeonados en liza quedaron repartidos entre las dos formaciones extremeñas con mayor y mejor plantilla. La larga inactividad "forzosa" no me pasó excesiva factura y conseguí ver en palco preferente el sprint del grupo principal, después de haber pasado el día a remolque del grupo, evitando cortes y sorteando las cribas en las subidas. Marca de la casa.
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