Cuatro horas con Leonardo
<28 de febrero de 2012 > (por Juanjo)



Cuatro horas de autobús, las que separan Mendez Álvaro Bus Station de Mérida, dan para pegarse una buena siesta, leer un libro de tamaño medio, agotar la batería del mp3 o, avances tecnológicos mediante, intercambiar con los conocidos un centenar de wassups. Siempre y cuando al subir la escalinata y dirigirte a tu asiento no encuentres en el contiguo a un extremeño insigne, que quizás haga valer sus conocimientos del microcosmos, más o menos perverso, de la farándula para exponer, en una travesía por las cuatro últimas décadas, sus desventuras. Un pequeño universo en el que no faltan videntes de hortalizas, supervivientes y acorralados, desafortunadas solistas de madres polidáctilas, arlequines, calés aquejados de dejadez, presentadoras prepotentes, fantasmas y, como no, los fans. Me apeé en Mérida y en su asiento dejé a mi compañero, dispuesto a proseguir su camino, a sacudirse de encima la fea costra de la que en parte se arrepiente y que hoy le impide ser el rey de los románticos. Te deseo buen viaje.

En otro orden de cosas, el sábado me enfundé la equipación de mi nuevo equipo para esta temporada que comienza en mi primera concentración con mis compañeros del "GR-100 / Trujillo 2020". Con muchos de ellos ya coincidí en el Caja Duero - Avanzamos. Tengo depositada mucha confianza en las posibilidades del equipo este año. Gente como José Antonio Arroyo, Daniel Aponte o Juan Andrés Sánchez son valores seguros en sus respectivas categorías. Completan la lista de integrantes del equipo: Juan Francisco Carrasco, Fernando Navas, Enrique Rigau, Juan Miguel Corrales, José Pablo Sánchez, Francisco Enrique Suárez, Jorge Guerra, Rubén Morcillo, Claudio Rivera, Juan Manuel Goleza y un servidor, amén de algunos otros a los que aún no tengo identificados.

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Mensaje en una botella
<22 de febrero de 2012 > (por Juanjo)


Transcribo el mensaje en una botella arribada a la costa de Ítaca tiempo ha, de autoría desconocida pero atribuída a un loco capitán que navegaba a ciegas por los mares de China, guiado por los cantos de una sirena varada...

"No soy marinero por vocación. Un día me eché al mar en una nave desvencijada con el cuerpo surcado por cicatrices. Cuando la costa no era más que una línea borrosa a mis espaldas y el estruendo de las olas al romper contra las rocas era tan sólo un recuerdo, decidí arriar velas. Aprendí a apreciar el sabor amargo del agua y a disfrutar de las formas espumosas que ésta crea al chocar contra el casco. En lugar de hacer de la calavera y las dos tibias mi enseña, me encerré en mi camarote con mi cuaderno de bitácora y pilas de libros ajados a la espera de vientos más propicios.

Pero se que no es buena esta soledad que me cala los huesos. Por ello he levado anclas y me dejo arrastrar por la corriente. Desconozco dónde me llevará ni si me guiará hasta tierras donde mis palabras y mis silencios sean entendidos. Temo igualmente haber perdido la capacidad, si acaso alguna vez la tuve, de comprender otro lenguaje que el murmullo de las olas.

Mientras tanto viajo apoyado en la barandilla, mirando con mi catalejo a los barcos que atracan, parten, encallan o naufragan, y me pregunto si esa vida está hecha para mí. A veces envidio la insensatez de aquellos que se inmolan, embistiendo contra las rocas o lanzándose al vacío, en pos de una quimera en la que quiero creer y no creo. Pero no puedo evitar ser como soy, con mis defectos y mis defectos.

Hasta aquí este mensaje en una botella. "

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