Bocaditos anticrisis
<11 de enero de 2012 > (por Juanjo)



Sumidos estamos en una crisis galopante, con cinco millones de parados, un pie en la recesión y el otro fuera del Euro. Nuestros problemas son en buena parte coyunturales, pero también estructurales. Nuestro país adolece de una dolorosa indigestión de ladrillos. A pesar de todo, las primeras reglas adoptadas por nuestros líderes han ido encaminadas a reducir la deuda nacional, cuya liquidación es, a juicio de las empresas de calificación de riesgo americanas (un atajo de ladrones, descendientes de la peor morralla europea que inventó aquello de hacer las Américas), cada vez más improbable. Dado que el principal escollo a superar es el de esta acuciante falta de confianza en nuestra España (manda cojones), he decidido desvelar mi receta anticrisis, que permitiría a la clase política de nuestro país exportar al extranjero su mayor aportación al Producto Interior Bruto, el engaño. Aquí van:

- Dividir el día en 48 horas de 30 minutos e incrementar la jornada laboral hasta las 16 horas diarias. Con 80 horas semanales de trabajo per cápita se endereza cualquier economía.

- Crear empresas fantasmas, publicitándolas en periódicos, vallas de carretera y fachadas de naves y edificios y domiciliarlas en pisos y locales vacíos, reduciéndose además el parque inmobiliario apalancado en el sector bancario. La creación de estas empresas no debería provocar tasas de crecimiento del PIB superiores al 10%, con el fin de no generar suspicacias.

- Endurecer los controles aduaneros a extranjeros. Tratar a los turistas como a perros da una imagen de seguridad y solvencia incuestionables.

- Propagar noticias de ERE falsos de las grandes empresas nacionales. Ese tipo de malas noticias para el común de los mortales se la pone tiesa a los inversores.

- Reconvertir subsidios por desempleo en contratos de trabajo con sueldo de cuantía equivalente al subsidio, para desempeñar ocupaciones tales como alimentar palomas, supervisar obras in situ, medir la calidad del aire en parques y plazas municipales, probar la consistencia de sofás, filosofar y ejercer autocoaching en la barra del bar. De este modo se compensa el aumento del paro hipotéticamente provocado por la inocua medida anterior y se puede alcanzar el pleno empleo en tiempo record.

- Construir plataformas petrolíferas de cartón piedra en el Cantábrico y producir dos millones de barriles diarios, rellenos de cualquier cosa, desde tinta de calamar a compota de manzana, destinados al mercado nacional. Los precios del crudo irán a la baja y la imagen de un país autosuficiente al alza.

- Proyectar una imagen de mayor productividad restringiendo el acceso de españoles a locales de ocio a menos que se lleve peluca rubia y lentillas de ojos de color claro, e imponiendo el uso del idioma inglés como único permitido en dichos locales, encubriéndose así las horas de ausencia del trabajo con un boyante turismo procedente del norte de Europa.

- Nacionalizar las delegaciones españolas de las agencias de calificación de riesgo y sabotear sus informes.

- Airear infidelidades y corruptelas reales. Economías potentes se sustentan en monarquías inmorales.

- Enviar a Rajoy de gira oficial por el mundo para acallar ciertos rumores malintencionados que sitúan a un teleñeco al frente de un país llamado España.

Si tras aplicar este paquete de medidas, los mercados aún nos exigen una reducción del gasto, será necesario aplicar un conjunto de medidas que tendréa a bien explicar en una próxima clase de cocina.

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Cirque dé-sole
<04 de enero de 2012 > (por Juanjo)



Damas y caballeros, niños y niñas. Pasen y vean, pasen y vean el mayor espectáculo del mundo. Vean a nuestros trapecistas equilibristas caminando, maniatados y vendados, sobre la delgada cuerda hipotecaria, varios metros sobre la red de desahucios. Al contorsionista adaptando sus huesos, y los de toda su prole, a nuestra imponente celda minipiso, repleta de cucarachas-tigre. Ríase con los divertidísimos payasos, que saltan al ruedo para representar su desternillante tragicomedia tras un improvisado telón de plasma deluxe, que pide a gritos ser salvado. No pierdan detalle cuando las gradas se conviertan en un nervioso pulular de vendedores de comida basura.

Fin del primer acto. Volvemos en seis minutos. No se vayan.

Pasen y vean, al encantador de serpientes surgir tras la fumata blanca, para encantar al Imperio a hombros de sus acólitos, aquellos que tan intensamente aman a los niños. A los simpáticos y ágiles bailarines chinos danzar de sol a sol en talleres clandestinos. Al domador de unas pulgas que muerden en hueso de can al son de una trillada melodía de flauta, con ecos de palacete ocupado. Al faquir, tendido sobre los punzantes chips de silicio de una tableta digital, alimentándose tan sólo de tuits. Les ruego disculpen la retirada de nuestro programa del sorprendende número del tragador de fuego, pues ciertos humos no están permitidos en este recinto. En su lugar les presentamos, en rigurosa primicia, a los lanzadores de gases lacrimógenos. Por último, el número que todos ustedes están esperando: nuestros excelsos magos, capaces de transmutar ingresos públicos en lujos privados y recibir, no obstante, un apoyo cuatrianual incondicional.

Pasen y vean. No se preocupen ustedes por el importe de la entrada. Se la financiamos en cómodos plazos.

Aquí lo financiamos todo, por cortesía de los socios entre bambalinas.

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