Las foccacie de Hannibal Lecter
<27 de diciembre de 2012 > (por Juanjo)



Tras los pasos de Hannibal Lecter por la Florencia de los Médici, una de las cunas del Renacimiento, anduvimos casi una semana de este extraño Diciembre. Por entre palazzos, gallerías y piazzas, alimentándonos de pizze y focaccie senza olive y haciendo surcos a vías y puentes, disfrutamos de unos días de tranquilidad en esta empero ajetreada ciudad, impregnada de espíritu navideño.

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Los bicipiqueteros
<19 de noviembre de 2012 > (por Juanjo)



Las máximas autoridades de nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad han incluído en la lista de organizaciones criminales más peligrosas con base en la Península, a un nuevo grupo delictivo al que se imputa la autoría de un sinfín de tropelías. Ataviados con ropa deportiva vintage de colores subversivos (en homenaje a la señera, la bandera de la República y/o el arcoiris gay), calentadores ignífugos, coderas y rodilleras antipelotas de goma, estos criminales toman las calles a lomos de sus motoretas, sembrando el pánico entre las gentes de bien en los barrios más obreros de la capital (N.d.R: Chamberí y Salamanca). La prensa imparcial los califica de golpistas. El Ministerio del Interior les supone una relación con cierto gobierno comunita, vía patrocinio de habanos. La Delegación de Gobierno cifra las pérdidas derivadas de sus ataques en miles de millones de euros.

En declaraciones realizadas en exclusiva para este medio, la cabecilla y portavoz de este supuesto grupo delictivo, Nicole Kidman (en la foto, camiseta rosa, tercera por la derecha en primera línea), se defiende de las acusaciones: « No hemos tenido nada que ver en los altercados del miércoles pasado en la capital española. Las imágenes proyectadas tienen casi veinte años de antigüedad. No me cardo el pelo desde que trabajé con Amenábar. Por otra parte, es metafísicamente imposible encontrar hoy en día semejante cantidad de motoretas. Por último, como todo el mundo sabe, Madrid tendrá mucha policía y poca diversión, pero en absoluto tiene unos acantilados que ni los de Cardiff.»

Cada vez son más las voces que claman por una erradicación de estos grupos de la izquierda radical, llamados así por su radical forma de adelantar por la ídem. Tal es la demanda que, a tal fin, se ha constituído un grupo especial, cuyas tácticas expeditivas ya han quedado demostradas en alguna ocasión.


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Para adornar el fondo de la jaula
<24 de octubre de 2012 > (por Juanjo)



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Diario de un informático (VIII)
<01 de septiembre de 2012 > (por Juanjo)

El sudor le corría a chorros bajo la camisa de algodón y brotaba como violentos géiseres por los ojales de sus zapatos a cada paso que daba. Había conocido mares más secos que aquella pista de aterrizaje y la trenca que vestía no ayudaba en absoluto a aplacar el calor, sino todo lo contrario. De los peludos yaks paciendo en las áridas y nevadas altiplanicies que poblaban las fotos de su guía de viaje, a aquellos morenos y achaparrados operarios de la Nepal Airlines yaciendo en un vergel propio de climas subtropicales, había una gran diferencia, si bien una primera inspección de tales especímenes le había llevado a creerse ante una olvidada especie de bóvidos adaptados al calor, a las camisas de seda y al tabaco de mascar.

Caminó desde el aeroplano hacia la única terminal del Aeropuerto de Katmandú, una prodigiosa obra de arte de Ingeniería Civil del Medievo, ante cuya entrada le esperaba, palillo en mano, una ruda empleada del Ministerio de Sanidad dispuesta a comprobar que no era el portador de más virus que los habituales. En la sala de recepción de pasajeros se congregaban sus compañeros de vuelo, entregados como él a la difícil tarea de quitarse las incómodas hebras de algodón adheridas a los carrillos y el paladar. Esperaron allí hasta que les fueron entregados sus equipajes, los cuales habían sido escupidos por la panza del avión contra el suelo y arrastrados con alevosía sobre la pista. Los más afortunados se libraron de limpiar de sus mochilas las heces de los perros antidroga, los cuales, a tenor del tamaño de la plasta en relieve que adornaba su maleta de color beige, podrían haber hecho carrera en la flota de bombarderos. Hicieron cola desordenada mientras los operarios les entregaban los bártulos, no sin antes cotejar los números impresos en la tarjeta de embarque con unos garabatos escritos a tiza en los bultos o, en las maletas revestidas de poliuretano, a cuchillo. Por una módica propina, era posible esquivar los controles y renovar equipaje.

La comitiva de damas con saris, turistas con rastas, budistas con pasta y hombres de negocio sin estilo, abandonó la apacible seguridad de la antesala del Infierno y se dirigió hacia la vociferante jauría de taxistas que aguardaban, pertrechados tras una inestable cristalera que crujía y se combaba, más allá de la sala de espera. Apenas hubo cruzado el umbral de la puerta, dos garras le arrancaron de la fila y lo arrastraron con determinación hacia el aparcamiento. Sabedor de lo inútil de presentar resistencia, se relajó, cerró los ojos y echó una cabezada rápida, de la que despertó dentro de un pequeño Tata conducido por un dicharachero taxista que tarareaba canciones ora de Alka Yagnik, ora de Lady Gaga. El entregado conductor prestaba un excelente servicio de ruta, con incontables paradas para montar y apear pasajeros, cuyo número nunca superó el triple del aforo permitido en el vehículo, afortunadamente. Cuando los ocupantes del coche se contaban por occidentales, el taxista bajó el seguro, aceleró la tartana hasta velocidades casi sónicas e, ignorando ruegos, gritos, vómitos e imprecaciones, los llevó hasta la puerta de un destartalado hotel en el populoso barrio de Thamel, en el que ninguno de los pálidos turistas hizo amago de hospedarse, excepto Marcial, para satisfacción del primo del dueño, que se marchó sonriente al volante de su Tata.

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Anadeando ando
<08 de agosto de 2012 > (por Juanjo)


Después de un mes y medio sin hacerlo, me siento a escribir unas líneas con las que acabar con el blanco mutismo de mi diaro en binario. No es que no haya parado quieto, que tiempo he tenido, y mucho, para dedicarme a la tarea de escupir ceros y unos a la red. Que va. He estado ocupado con las "flechitas", los juegos de tronos, los olímpicos y los de cartas. De mi accidentado viaje al Norte hace ya semanas. Cuando ya no ande anadeando, volveré para oler el cantábrico, y esta vez me acompañará mi enfermera. Allí me reconciliaré con las vacas astures, al punto y con sal gorda. Pero eso será a finales de Septiembre. Mientras tanto, toca digerir el empacho de Olimpiadas y preparar el rodillo de cara a la Vuelta.

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Fuera de control
<19 de junio de 2012 > (por Juanjo)

Estoy fuera de control. Y llevo así desde el 26 de mayo. Llevo la friolera de doce mil kilómetros este año, que no son pocos, con buenos entrenamientos, series y esas historias, pero parece que todo eso no me sirve para nada. Mis carreras durante este último mes (tres en total) se cuentan por debacles. En las dos de Madrid, cuyo recorrido incluía todas las subidas pestosas en los alrededores de El Escorial, reventé siempre en la primera subida. En el campeonato extremeño de élites y sub23 (en efecto, quién me manda a mí meterme en esos fregados), aguanté hasta el esprint por los puntos del segundo puerto, de los seis que presentaba el recorrido. En todo caso, una vez hincada la rodilla, comienza el calvario hasta meta, amenizado siempre por el aroma del lactato calcinado. A comienzos de año hice mi apuesta: menos kilómetros y más intensidad. Y los resultados están ahí, ya ni subo cómodo, ni llaneo con fuerza ni aguanto los arreones en el grupo. En breve le doy dos semanas de vacaciones a Guillermina, a ver si descansa y llega con ganas a la Siberia extremeña, donde tendré dos nuevas oportunidades para abrir paso al coche-escoba.

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Honestidad en la muerte
<30 de abril de 2012 > (por Juanjo)



Se interpusieron entre sus pies y el abismo absurdas esperanzas en un futuro mejor. Vendió lo poco que aún no había perdido e invirtió las rentas en un billete hacia un destino impronunciable. Nada facturó por lo que tuviera que demorarse a su llegada y nadie le esperaba. Entre cartones exhaló su calor hasta humedecer los murales cirílicos de aquel cuarto improvisado. Con las primeras luces del alba emprendió un largo camino hacia el nordeste. Las arrugas sobre su curtida piel le proporcionaron sustento en tierras donde era anciano antes que forastero. Sobre la hierba y bajo las estrellas conoció la dicha de quienes nada tienen porque nada necesitan. Vivió como ellos del fruto de aquellas estepas de oro y blanco alimentadas por los tímidos rayos de un sol mortecino y acariciadas por vientos del sur que, al atarceder, traían una lluvia de ocres hojas.

El año perecía lentamente.

Despertó una mañana sabiendo que las huellas de los lobos sobre la nieve habían de guiarle lejos de aquel oásis en medio del caos. Tras incontables atardeceres a sus espaldas divisó enormes dinosaurios de acero arrancar a dentelladas la negra sangre de la tierra. Una lluvia de piedras e ira y desprecio en cien lenguas le recibieron en aquel decrépito campamento de Babel. Se tragó, junto con sus últimas lágrimas, la decepción de comprobar cuánto de cierto había en la Asinaria.

Honestidad en la muerte.

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Entre lobos en Lobón
<28 de abril de 2012 > (por Juanjo)



Nueve meses después volví a prender con imperdibles un dorsal a mi maillot. Desde que en julio del año pasado cerrase apresuradamente una más que escueta temporada, apenas había participado en un par de marchas cicloturistas. Tras un comienzo de temporada cargado de kilómetros de entrenamiento y no exento de molestias físicas, plagado de carreras en las que, por un motivo u otro no había hecho acto de presencia, acudí a la cita de Barbaño, donde se iban a conocer los que serán campeones autonómicos hasta el próximo año. Un pelotón hispano-luso partió a media mañana, con setenta y cinco kilómetros por delante, y un buen número de subidas cortas, todas ellas en las cercanías de dos pueblos cercanos, Lobón y Guadajira, que se encargaron de separar el polvo de la paja. No se habían cumplido las dos horas de carrera cuando traspasaba la línea de meta un reducido grupo de escapados, con el pelotón principal, formado por no más de cuarenta sufridores, pisándoles los talones. El triunfo en la carrera se lo llevó un portugués y los campeonados en liza quedaron repartidos entre las dos formaciones extremeñas con mayor y mejor plantilla. La larga inactividad "forzosa" no me pasó excesiva factura y conseguí ver en palco preferente el sprint del grupo principal, después de haber pasado el día a remolque del grupo, evitando cortes y sorteando las cribas en las subidas. Marca de la casa.

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Cuando yo era un ni-ni estacional
<31 de marzo de 2012 > (por Juanjo)

Recuerdo aquellos calurosos días del verano del 93, veinte años atrás. Los rayos del sol sobre los periódicos de ciclismo sobre la mesa. A un lado, el cuentakilómetros y un recién estrenado cuaderno donde anotaba mis primeros entrenamientos. En la espalda, marcado a fuego el nombre de aquel primer patrocinador. En el cassette, la música de Medina Azahara, la que ahora me evoca aquellos días.

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Cuatro horas con Leonardo
<28 de febrero de 2012 > (por Juanjo)



Cuatro horas de autobús, las que separan Mendez Álvaro Bus Station de Mérida, dan para pegarse una buena siesta, leer un libro de tamaño medio, agotar la batería del mp3 o, avances tecnológicos mediante, intercambiar con los conocidos un centenar de wassups. Siempre y cuando al subir la escalinata y dirigirte a tu asiento no encuentres en el contiguo a un extremeño insigne, que quizás haga valer sus conocimientos del microcosmos, más o menos perverso, de la farándula para exponer, en una travesía por las cuatro últimas décadas, sus desventuras. Un pequeño universo en el que no faltan videntes de hortalizas, supervivientes y acorralados, desafortunadas solistas de madres polidáctilas, arlequines, calés aquejados de dejadez, presentadoras prepotentes, fantasmas y, como no, los fans. Me apeé en Mérida y en su asiento dejé a mi compañero, dispuesto a proseguir su camino, a sacudirse de encima la fea costra de la que en parte se arrepiente y que hoy le impide ser el rey de los románticos. Te deseo buen viaje.

En otro orden de cosas, el sábado me enfundé la equipación de mi nuevo equipo para esta temporada que comienza en mi primera concentración con mis compañeros del "GR-100 / Trujillo 2020". Con muchos de ellos ya coincidí en el Caja Duero - Avanzamos. Tengo depositada mucha confianza en las posibilidades del equipo este año. Gente como José Antonio Arroyo, Daniel Aponte o Juan Andrés Sánchez son valores seguros en sus respectivas categorías. Completan la lista de integrantes del equipo: Juan Francisco Carrasco, Fernando Navas, Enrique Rigau, Juan Miguel Corrales, José Pablo Sánchez, Francisco Enrique Suárez, Jorge Guerra, Rubén Morcillo, Claudio Rivera, Juan Manuel Goleza y un servidor, amén de algunos otros a los que aún no tengo identificados.

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Mensaje en una botella
<22 de febrero de 2012 > (por Juanjo)


Transcribo el mensaje en una botella arribada a la costa de Ítaca tiempo ha, de autoría desconocida pero atribuída a un loco capitán que navegaba a ciegas por los mares de China, guiado por los cantos de una sirena varada...

"No soy marinero por vocación. Un día me eché al mar en una nave desvencijada con el cuerpo surcado por cicatrices. Cuando la costa no era más que una línea borrosa a mis espaldas y el estruendo de las olas al romper contra las rocas era tan sólo un recuerdo, decidí arriar velas. Aprendí a apreciar el sabor amargo del agua y a disfrutar de las formas espumosas que ésta crea al chocar contra el casco. En lugar de hacer de la calavera y las dos tibias mi enseña, me encerré en mi camarote con mi cuaderno de bitácora y pilas de libros ajados a la espera de vientos más propicios.

Pero se que no es buena esta soledad que me cala los huesos. Por ello he levado anclas y me dejo arrastrar por la corriente. Desconozco dónde me llevará ni si me guiará hasta tierras donde mis palabras y mis silencios sean entendidos. Temo igualmente haber perdido la capacidad, si acaso alguna vez la tuve, de comprender otro lenguaje que el murmullo de las olas.

Mientras tanto viajo apoyado en la barandilla, mirando con mi catalejo a los barcos que atracan, parten, encallan o naufragan, y me pregunto si esa vida está hecha para mí. A veces envidio la insensatez de aquellos que se inmolan, embistiendo contra las rocas o lanzándose al vacío, en pos de una quimera en la que quiero creer y no creo. Pero no puedo evitar ser como soy, con mis defectos y mis defectos.

Hasta aquí este mensaje en una botella. "

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Bocaditos anticrisis
<11 de enero de 2012 > (por Juanjo)



Sumidos estamos en una crisis galopante, con cinco millones de parados, un pie en la recesión y el otro fuera del Euro. Nuestros problemas son en buena parte coyunturales, pero también estructurales. Nuestro país adolece de una dolorosa indigestión de ladrillos. A pesar de todo, las primeras reglas adoptadas por nuestros líderes han ido encaminadas a reducir la deuda nacional, cuya liquidación es, a juicio de las empresas de calificación de riesgo americanas (un atajo de ladrones, descendientes de la peor morralla europea que inventó aquello de hacer las Américas), cada vez más improbable. Dado que el principal escollo a superar es el de esta acuciante falta de confianza en nuestra España (manda cojones), he decidido desvelar mi receta anticrisis, que permitiría a la clase política de nuestro país exportar al extranjero su mayor aportación al Producto Interior Bruto, el engaño. Aquí van:

- Dividir el día en 48 horas de 30 minutos e incrementar la jornada laboral hasta las 16 horas diarias. Con 80 horas semanales de trabajo per cápita se endereza cualquier economía.

- Crear empresas fantasmas, publicitándolas en periódicos, vallas de carretera y fachadas de naves y edificios y domiciliarlas en pisos y locales vacíos, reduciéndose además el parque inmobiliario apalancado en el sector bancario. La creación de estas empresas no debería provocar tasas de crecimiento del PIB superiores al 10%, con el fin de no generar suspicacias.

- Endurecer los controles aduaneros a extranjeros. Tratar a los turistas como a perros da una imagen de seguridad y solvencia incuestionables.

- Propagar noticias de ERE falsos de las grandes empresas nacionales. Ese tipo de malas noticias para el común de los mortales se la pone tiesa a los inversores.

- Reconvertir subsidios por desempleo en contratos de trabajo con sueldo de cuantía equivalente al subsidio, para desempeñar ocupaciones tales como alimentar palomas, supervisar obras in situ, medir la calidad del aire en parques y plazas municipales, probar la consistencia de sofás, filosofar y ejercer autocoaching en la barra del bar. De este modo se compensa el aumento del paro hipotéticamente provocado por la inocua medida anterior y se puede alcanzar el pleno empleo en tiempo record.

- Construir plataformas petrolíferas de cartón piedra en el Cantábrico y producir dos millones de barriles diarios, rellenos de cualquier cosa, desde tinta de calamar a compota de manzana, destinados al mercado nacional. Los precios del crudo irán a la baja y la imagen de un país autosuficiente al alza.

- Proyectar una imagen de mayor productividad restringiendo el acceso de españoles a locales de ocio a menos que se lleve peluca rubia y lentillas de ojos de color claro, e imponiendo el uso del idioma inglés como único permitido en dichos locales, encubriéndose así las horas de ausencia del trabajo con un boyante turismo procedente del norte de Europa.

- Nacionalizar las delegaciones españolas de las agencias de calificación de riesgo y sabotear sus informes.

- Airear infidelidades y corruptelas reales. Economías potentes se sustentan en monarquías inmorales.

- Enviar a Rajoy de gira oficial por el mundo para acallar ciertos rumores malintencionados que sitúan a un teleñeco al frente de un país llamado España.

Si tras aplicar este paquete de medidas, los mercados aún nos exigen una reducción del gasto, será necesario aplicar un conjunto de medidas que tendréa a bien explicar en una próxima clase de cocina.

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Cirque dé-sole
<04 de enero de 2012 > (por Juanjo)



Damas y caballeros, niños y niñas. Pasen y vean, pasen y vean el mayor espectáculo del mundo. Vean a nuestros trapecistas equilibristas caminando, maniatados y vendados, sobre la delgada cuerda hipotecaria, varios metros sobre la red de desahucios. Al contorsionista adaptando sus huesos, y los de toda su prole, a nuestra imponente celda minipiso, repleta de cucarachas-tigre. Ríase con los divertidísimos payasos, que saltan al ruedo para representar su desternillante tragicomedia tras un improvisado telón de plasma deluxe, que pide a gritos ser salvado. No pierdan detalle cuando las gradas se conviertan en un nervioso pulular de vendedores de comida basura.

Fin del primer acto. Volvemos en seis minutos. No se vayan.

Pasen y vean, al encantador de serpientes surgir tras la fumata blanca, para encantar al Imperio a hombros de sus acólitos, aquellos que tan intensamente aman a los niños. A los simpáticos y ágiles bailarines chinos danzar de sol a sol en talleres clandestinos. Al domador de unas pulgas que muerden en hueso de can al son de una trillada melodía de flauta, con ecos de palacete ocupado. Al faquir, tendido sobre los punzantes chips de silicio de una tableta digital, alimentándose tan sólo de tuits. Les ruego disculpen la retirada de nuestro programa del sorprendende número del tragador de fuego, pues ciertos humos no están permitidos en este recinto. En su lugar les presentamos, en rigurosa primicia, a los lanzadores de gases lacrimógenos. Por último, el número que todos ustedes están esperando: nuestros excelsos magos, capaces de transmutar ingresos públicos en lujos privados y recibir, no obstante, un apoyo cuatrianual incondicional.

Pasen y vean. No se preocupen ustedes por el importe de la entrada. Se la financiamos en cómodos plazos.

Aquí lo financiamos todo, por cortesía de los socios entre bambalinas.

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