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A mí que me registren <17 de julio de 2011 > (por Juanjo) No seré yo quien acuse a nadie. Es probable que se trate de un malentendido y que, tál y como se afirma, la cesta de la compra sólo estuviese constituida por recuperantes y complejos vitamínicos. Al fin y al cabo, cuando uno compra por internet DVD vírgenes, libros de tai chi, calcetines de algodón o recuperantes musculares, no comprueba si le está comprando a un taiwanés, un danés con pecas, una búlgara ama de casa o una farmacéutica andorrana rastreada por la Policía. No seré mal pensado. Lo poco que sé del implicado y sus familiares es que les sobra clase para ganar carreras a pan y agua. Dicho esto, ahora sí me sincero. Creo que el dopaje está mucho más extendido de lo que la gente cree y de lo que los implicados nos quieren (o queremos) hacer creer. Lo intuí el día en que, al poco tiempo de llegar a Madrid, mi recién estrenado preparador físico, que me impuso el director deportivo de un equipo del montón, escribió varias equis sospechosas en mi calendario de entrenos. Lo he ido viviendo todos estos años en que los casos de dopaje no han dejado de aparecer en prensa ni los rumores de circular. Ídolos que caen y que vuelven tras cumplir sus sanciones para nunca ser los mismos, al menos no de cara al espectador. Años en los que el dopaje se ha extendido desde el deporte profesional al deporte de base, incluyendo categorías donde lo considero una aberración. También existe el dopaje en veteranos, mi categoría, supuestamente creada para permitir compaginar la práctica del ciclismo con una vida laboral y familiar plenas; una categoría donde las victorias no se pagan en metálico ni garantizan un suculento contrato ¿O sí?. Más aún, cada vez son más los cicloturistas que se dopan para hacer mejores tiempos en las marchas cicloturistas, banco de pruebas donde medirse con los amigos de entrenamiento o compañeros de club. Nunca se acabará con el dopaje en el deporte. Ésta es mi predicción. Ante ella me pregunto ¿Cuáles son las consecuencias? ¿Cuál es la diferencia entre un superclase limpio y un mediocre químico? ¿En qué circunstancias ganará el segundo? ¿Se puede justificar el uso de sustancias dopantes? ¿Hasta qué límite y en base a qué se establece ese límite? ¿Qué consecuencias acarrearía superar ese límite? ¿Existiría alguna diferencia entre establecer el límite en el cero actual o en un nivel superior, no nocivo para el cuerpo humano o al menos no más que la propia práctica del deporte? En ocasiones tiendo a justificar la práctica del dopaje en el ciclismo profesional por varios motivos. Por la cada vez más excesiva dureza de este deporte. Los puristas dirán que era más agónico el ciclismo de nuestros abuelos, el de las etapas de 500 kilómetros por carreteras no siempre asfaltadas con material muy distinto del actual. A eso respondo que los tiempos cambian y las exigencias fisiológicas y musculares aumentan. Por la necesidad de obtener un rendimiento deportivo óptimo que garantice futuros contratos profesionales, al fin y al cabo, ésta es una profesión como otra cualquiera, que de hecho, saca a muy pocos de pobres y se cobra un excesivo peaje, el de los mejores años de la vida consagrados a su práctica. Por desgracia, no hay forma de distinguir estos casos de aquellos en los que el dopaje es tan sólo un medio fraudulento de vencer a sabiendas de que los vencidos no tienen acceso a las mismas ayudas. Qué resultaría más dañino para la imagen del ciclismo ¿El incesante goteo de casos positivos en un pelotón supuestamente limpio o saber que todos compiten en igualdad de condiciones, sean éstas cuales sean? Apuesto por lo segundo porque no creo en la utilidad ni en la justicia de lo primero. Quién diría ante la extensión de esta entrada que me aburre enormemente hablar de dopaje.
Heptacostés <16 de julio de 2011 > (por Juanjo) El pasado 10 de julio se celebró la Maratona dles Dolomites, quizás la más importante marcha cicloturista del calendario italiano, o gran fondo, que es como las llaman allí. Desde Madrid viajé hasta la región de Alta Badía con mi Wilier de carbono. Quería que conociese algunos de los puertos de su Italia natal. Y desde luego se llevó de vuelta a casa una buena dosis de éllos. Más de 9100 participantes, algunos antiguos ex-profesionales entre los inscritos, al igual que entre los anteriores vencedores, entre los que figuran los nombres de Emmanuele Negrini, Marzio Bruseghin, Timothy Jones, Mirko Puglioli, Dainius Kairelis, Jamie Burrow o Alessandro Paganessi. El perfil del recorrido asusta. Aunque apenas se llegan a acumular 4000 metros de desnivel, el número y la distribución de los puertos hace de ésta una marcha muy exigente. - Passo di Campolongo, 5.8 kms. al 6.1% (se sube dos veces) Un día perfecto para el ciclismo, paisajes espectaculares, unas condiciones meteorológicas inmejorables y una participación discreta, aunque mejor de lo esperado dado mi estado de forma. La crónica personal del evento, en este enlace.
Ecofábulas de aeropuerto (II) <13 de julio de 2011 > (por Juanjo)
Ecofábulas de aeropuerto (I) <12 de julio de 2011 > (por Juanjo)
Desventuras de tres mariachis en los Dolomitas <03 de julio de 2011 > (por Juanjo)
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Tiempos revueltos vive el ciclismo. Toda operación policial que destapa una trama de dopaje acaba salpicando a algún que otro ciclista, o más bien a muchos. La última noticia, de finales de junio, acerca de la desarticulación, en base a una denuncia cursada por el tristemente malogrado Xabier Tondo, de una red de suministro de sustancias dopantes por correo, una especie de TeleDoping, ha señalado con el dedo a un miembro de una de las familias ciclistas más conocidas de Extremadura. 


