Diario de un informático (V)
<28 de enero de 2011 > (por )
Allí estaba, aquella enorme mole de cristal y hormigón que se erguía frente a él, con sus casi treinta plantas de altura y el impresionante logotipo de la compañía, de neón, sobre la azotea: evocadora imagen de Saturno devorando a su hijo. Se aventuró a atravesar la puerta giratoria y entrar, con paso firme, en el hall de la sede de su nueva empresa, Saturnus Consulting. Se asombró del caótico bullicio reinante en aquella sala, amplísima, luminosa y, por otra parte, muy mal impermeabilizada. Después de preguntar a varios atónitos empleados, algunos de ellos ataviados con uniformes escolares, otros paseando diminutos canes enfundados en lanosos pololos y los más enviándole a paseo, por la ubicación del departamento de Sistemas de Información e Infraestructuras, recordó que las normativas municipales impedían la circulación de vehículos a motor en el interior de edificios y, a continuación, diose cuenta de que aquellos ingenios de metal no eran ascensores blancos sino taxis y que se encontraba nuevamente en la calle. Triunfó en su segundo asalto al rascacielos y posó sus pies en el suelo de mármol que cubría la recepción. Tras secarse la mugre de los zapatos y el sudor de la frente, en ese orden, con un folleto publicitario que volvió a colocar cuidadosamente en su montón por concienciación ecológica, caminó sobre la alfombra roja hacia el mostrador de recepción luciendo la mejor de sus sonrisas, que contrastaba con la U invertida en que se iban transformando los labios de la recepcionista. - Buenos días, señor. ¿En qué puedo ayudarle? Marcial, que de redentores conocía mucho, pues había leído una decena de veces la fantástica epopeya protagonizada por Frodo, sabíase imprescindible para sus contratadores, los cuales debían estar esperándole como agua de Mayo, por lo que se extrañó por lo impersonal e irreverente de aquella pregunta. Así que prefirió permanecer en silencio y esperar a que aquella señorita enmendase su error. El minutero giró noventa grados. - Disculpe, ¿en qué puedo ayudarle? - Volvió a preguntar la recepcionista. - Mire usted, Señorita Adecco. - dijo Marcial, tras ojear su nombre bordado en el bolsillo de la chaqueta - Me incorporo hoy mismo a la compañía. Ya debe estar esperándome mi excelso responsable. - ¿Me permite una identificación? - ¡Faltaría más! Puede identificarse, pero, ¿le importaría que acabásemos con el asunto que nos ocupa en primer lugar? - Facilíteme su pasaporte o DNI, por favor. - ¿Le sirve con el carnet de afiliación a la Sociedad Tolkien? - dijo con orgullo, tras rebuscar en vano dichos documentos en los bolsillos de su chaqueta y descartar, entre otros, el abono del Atlético y la tarjeta Cortefiel. No hubo respuesta. - ¿Y el cupón de fidelización del Gambrinus? Dos horas después, ante aquel mismo mostrador, agitaba un folio con una fotocopia pintarrajeada del DNI y el texto de una denuncia por agresión sexual, por él interpuesta en la comisaría de Policía del Distrito de Tetuán tres años atrás, el mismo día que despertó con una resaca brutal, el cuerpo semidesnudo de cintura para abajo y un sospechoso desgarro en el esfinter, cuyo origen coital quedó demostrado en el examen médico. - Disculpe señorita Adecco, no encuentro otra documentación que ésta. Ruego la tenga en consideración. Después de una rápida lectura del documento, su escaneo y posterior distribución a la lista de correo identificada como "#Saturnus_todos_los_Empleados", la recepcionista obsequió a Marcial con un pase temporal de visitante y le indicó el modo de acceder a las dependencias de su futuro departamento.
Emulando a Evan Lysacek
<27 de enero de 2011 > (por )

Carezco de su talento, entrenamiento y técnica y jamás seré capaz de ejecutar un triple axel. Las suelas de goma de mis Martinelli están desprovistas de cuchillas y mi traje de super villano, aun siendo cómodo y holgado, no es el más adecuado para realizar giros imposibles ni levantamientos acrobáticos. A pesar de todo, esta misma mañana y por unos instantes, me he imaginado en el centro del Pacific Coliseum de Vancouver realizando un brillante ejercicio de precisión sobre la resbaladiza y traicionera capa de hielo. Sólo que a su conclusión no me esperaban los aplausos de un público entregado ni una merecida excelente puntuación de los jueces, sino tan sólo un coro de uys y suspiros varios, compartidos con mis compañeros de acera, así como la progresiva recuperación de un nivel de endolinfa compatible con la verticalidad.
Llueve sobre Madrid, como se prevé que sucederá durante las siguientes fechas. Esta misma tarde sin ir más lejos, por descontado. Circunstancia ésta que hizo inútil mi madrugón matinal. No debí haber abandonado el calor del hogar sin antes cerciorarme de que no era azul sino gris plomizo el color del cielo protector. Hice acopio de valor, dejé mi corazón a buen recaudo bajo la manta y, tras una breve sesión de lluvia artificial, salí a la calle presto a inspirar una dolorosa primera dosis de aire frío y húmedo. Todo cuanto aconteció en este apático día, a partir de ese momento, ha quedado grabado a cuchilla sobre el hielo, al igual que quedará sepultado bajo una vespertina colada de lava con sabor a antiviral.
Tic Tac
<26 de enero de 2011 > (por )

Soy el maestro de la corrosión. El guardian de lo marchito, lo ajado y lo perecedero. Mensajero de esperanzas y asesino de recuerdos. El vacío que queda cuando el último grano de arena atraviesa el cérvix de la mujer de cristal. Moneda oficial de cambio en el mercado de lo superficial. La cuarta dimensión de todo lo relativo y la única de lo intangible. El que vuela frenético en vuestras alegrías y se arrastra en los lodos de vuestros llantos. El que se crece en viajes a años-luz y sólo se detiene en el celuloide y la celulosa. El artífice de la broma pesada a Bill Murray en Punxsutawney. Una implacable mandíbula de clavos ardientes con dientes de sierra y hambre insaciable. Testigo, juez y parte de lo efímero de vuestra existencia.
Ligeramente desenracado
<20 de enero de 2011 > (por )

"Ya no tenía motivo alguno por el que levantarme cada mañana...", reza el primer párrafo del ejemplar de Ligeramente desenfocado, de Robert Capa, cuya contraportada anaranjada reposa sobre la mesa de mi despacho compartido. A mano derecha, extendiéndose a lo alto y ancho de la pared, una enorme vidriera desde la que se divisa buena parte del polígono de Suanzes, con sus asépticos edificios de azoteas asfaltadas, ocasionales salas de reuniones para fumadores furtivos. Paisaje urbano antiestético donde los haya, que suelo contemplar cuando no tengo nada mejor que hacer, cosa que sucede con más frecuencia de la que sería deseable.
Dos años atrás me costaba encontrar motivos por los que levantarme cada mañana, o más bien, me sobraban los motivos para no hacerlo. Así que hice mi apuesta. Sabía a qué renunciaba, pero no conocía a ciencia cierta a cambio de qué. Tracé una línea divisoria entre mis intereses personales y profesionales. De una parte, un enorme y creciente descontento por cómo marchaban las cosas, por comprobar cómo el tiempo que pasaba colgado al teléfono de empresa y frente al portátil con un pez cirujano como fondo de escritorio se dilataba, comiéndose mi vida a bocados cada vez más grandes. De otra, la certeza de que el panorama que se esbozaba en el horizonte de mi carrera profesional no era de mi agrado. No he nacido vendedor de humo ni he ambicionado nunca llegar a serlo; no necesito saber que en el garaje del chalet me espera un Mercedes SLK, que encontrará nuevamente ese garaje vacío a su regreso, como cada día, alrededor de medianoche. No encajo en el engranaje de la consultoría, o lo que es lo mismo, del alegre y gratuito despilfarro de tanto a cambio de tan poco.
Pero... siempre hay peros. Robert Capa quería ser escritor. Fue por casualidad que acabase trabajando en el laboratorio de revelado de una publicación y que, poco tiempo después, fuese ascendido a ayudante de fotógrafo. La suya fue una vida ligeramente desenfocada. A veces echo de menos tiempos pasados, trabajar bajo presión, dedicarme permanentemente a mil y una tareas simultáneas, ignorar el significado de tedio. Ahora me recreo entre cables y pantallas en blanco y negro y estiro con denuedo cada paseo entre mi mesa y la fría sala de ordenadores. Mentiría si dijese que lo disfruto. En lo estrictamente profesional, la mía es una vida ligeramente desenracada.
Escaparate de sueños
<10 de enero de 2011 > (por )

La viuda Beauvois vivía sóla en un oscuro piso de la rue du Bourg, desde hacía demasiado tiempo, tanto que ninguno de sus vecinos recordaba haber visto a nadie más cruzar su umbral. Era de costumbres sencillas. Negras eran sus ropas, el maquillaje sobre su rostro y el pañuelo con el que se recogía su oscuro cabello. Cada mañana se sentaba frente al tocador y se atusaba el pelo una y otra vez y, justo antes de envolverlo en seda, lo colocaba sobre su hombro izquierdo, dejando al descubierto un cuello de marfil. Anhelaba sentir el roce de unos labios sobre su piel, pero sólo sentía el frío aliento del fantasma de una ausencia. Salía a la calle con el paraguas en la mano izquierda y un pequeño bolso balanceándose bajo el brazo derecho. Afuera se sucedían los días grises y lluviosos.
El bueno de Antoine regentaba una modesta sastrería, heredada de su padre, que a su vez la había recibido en herencia. Un negocio cuyo telón bajaría para no subir más el día en que el corazón de Antoine decidiese no seguir latiendo. Había aprendido el oficio muy joven, tan pronto como aprendió a desvelar los deseos ocultos tras la mirada de cuantas damas hacían sonar la campanilla sobre la puerta del local y a utilizar coquetería y adulación como herramientas de trabajo. Sólo perdía la confianza en sí mismo cuando aquella silueta de negro pasaba de largo frente a su tienda.
Cierto día de otoño, un timbre resonó en cada recoveco de un oscuro piso de la rue du Bourg. La voz que la viuda Beauvois escuchó al otro lado del telefonillo era desconocida, joven y algo pícara. Se correspondía con una cara que, al cabo de un par de minutos, resoplaba en el rellano, y que desapareció escaleras abajo después de dejar un pequeño paquete, con una nota manuscrita, en sus manos.
Brillaba el sol sobre los charcos frente al portal donde vivía la viuda Beauvois cuando ésta descendió el último tramo de escaleras hasta la calle. Como solía hacer cada mañana, giró a mano izquierda y emprendió el camino hacia la iglesia. Esta vez, sin embargo, se detuvo frente a un escaparate. Una figura, con el cabello suelto, la cara libre de maquillaje y un vestido verde ceñido al cuerpo, golpeó tímidamente el cristal con los nudillos. Una mano de sastre abrió la puerta por dentro y el hombre al que ésta pertenecía se enfrentó a aquella mujer. Aún tintineaban las campanillas cuando la viuda Beauvois pronunció la palabra que él llevaba toda la vida esperando.
Persiguiendo una estrella perversa
<06 de enero de 2011 > (por )

5 de enero del 2011
1326 GMT+1 Se denuncia un robo con agresión en un sex shop de Ciudad Lineal. El sospechoso, un varón de raza negra y aires de realeza, va disfrazado con un turbante y una capa dorada. El agresor abusa sexualmente del dependiente tras embadurnarle con una sustancia desconocida. A la espera de que el agredido se recupere del shock y de la suturación para proceder a su interrogatorio, se desconoce la naturaleza y cuantía de lo sustraído.
1426 GMT+1 La Brigada de Delitos Informáticos de la Guardia Civil recibe una llamada anómina. Se han puesto a la venta, de forma fraudulenta, una gran cantidad de bienes materiales en eBay, un portal de subastas por internet. Se desconoce la procedencia y naturaleza de muchos de ellos, al tratarse en su mayoría de bultos envueltos en papel de regalo.
1451 GMT+1 Tras consultar el caso con las más altas instancias del Ministerio del Interior, la plana mayor del Cuerpo de la Guardia Civil toma una decisión. Bajo el nombre de Operación Carbón, se efectua un despliegue de efectivos para la búsqueda y captura de los implicados en esta estafa a gran escala.
1510 GMT+1 Se filtra un dato a la opinión pública. Se sigue la pista de un vendedor de eBay apodado king_melxor.
1630 GMT+1 Altercado en el poblado de Las Barranquillas. Un sujeto al frente de una recua de camellos arrasa varias chabolas dedicadas a la venta de droga y huye con una cantidad indeterminada de hachís, marihuana y cocaína. La estampida deja varios heridos leves, doscientos kilogramos de compost, una plantación de marihuana arruinada, un rastro de brillantina, confetis, papel de regalo y un extraño aroma a incienso. La Policía Nacional alerta de la formación de un peligroso grupo de búsqueda ilegal. Adena pide que se respete la vida de los dromedarios.
1640 GMT+1 El análisis de la sustancia utilizada en la agresión en el sex shop de Ciudad Lineal determina la presencia de una gran cantidad de mirra.
1931 GMT+1 La Brigada de Delitos Monetarios de la Policía relaciona la Operación Carbón con una trama internacional de blanqueo de capitales. Se intervienen varias cuentas en Liechtenstein, las Islas Caimán y las Seychelles, y se realiza un seguimiento de las operaciones realizadas desde el territorio nacional contra las mismas.
2012 GMT+1 Se alerta de un tiroteo en la Quinta de los Molinos. La Policía Nacional acude al lugar diez minutos después. La pertinente investigación apunta hacia un ajuste de cuentas entre camellos y dromedarios. Los primeros, de etnia gitana, son esbirros de Claus, un finlandés de nacimiento que ha llegado a ser el patriarca del Clan de los Renos y mandamás de Las Barranquillas. Los segundos son cuadrúpedos muy agresivos de salivazo fácil. Fuentes oficiales informan de que un estrafalario anciano ha huído de la escena del delito llevando consigo un gran saco de lona roja.
2210 GMT+1 Un cliente del Asador Donostiarra denuncia el robo de un vehículo con matrícula finlandesa. Se trata de un Mercedes SLK de color negro metalizado. En su interior se hallaban en el momento del delito dos perros de la raza fox terrier. El agente de Policía añade una breve reseña en el informe de la denuncia: olor a incienso en el lugar del suceso.
2251 GMT+1 La Policía se persona en el Casino de Torrelodones a instancias de la Brigada de Delitos Monetarios. Se ha detectado el uso de una tarjeta de crédito asociada a las cuentas intervenidas en relación con la Operación Carbón, para realizar el pago de dos botellas de champagne Moët & Chandon y una caja de Viagra. Las interrogaciones permiten obtener un retrato del sujeto en busca y captura: anciano de edad indeterminada, uno setenta de altura, setenta y cinco kilos de peso, cabello canoso a la altura de los hombros y larga barba bíblica. El individuo viste una túnica bordada en oro y adornada con pedrería, lleva turbante y desprende un fuerte olor a camello. Según testigos presenciales, abandonó el lugar escoltado por dos señoritas con marcado acento eslavo.
2310 GMT+1 Los vecinos de la calle San Bernardo asisten atónitos a un esperpético espectáculo. La puerta principal de una conocida sauna se abre de par en par, dando paso a decenas de hombres que, carentes de ropa, huyen en todas direcciones presas del pánico. El personal sanitario que acude al lugar para prestar los primeros auxilios a las víctimas habla de un panorama dantesco: decenas de jóvenes sollozando sobre un suelo cubierto de sangre. Todas las declaraciones concuerdan: un demonio negro con turbante y capa dorada y una portentosa arma candente.
Madrugada del 6 de enero del 2011
0130 GMT+1 Ingresa en el 12 de Octubre un paciente aquejado de priapismo. Se trata de un varón de raza negra, indocumentado, vestido con un turbante y una capa dorada. Entre sus pertenencias se encuentra una caja de Viagra y lubricantes a base de agua.
0228 GMT+1 Fuerzas de élite irrumpen en el D'Angelo, un reputado burdel de la capital, donde detienen al principal implicado en la Operación Carbón. Su descripción concuerda con la del retrato robot del que se dispone. En el momento de la detención, el sujeto viste lencería de encaje y zapatos de tacón de aguja. No presenta resistencia, por hallarse maniatado al cabecero de la cama e insertados en sus dos orificios principales sendos juguetes sexuales de considerable diametro, los cuales son catalogados como prueba y enviados al Laboratorio de Criminalística.
0317 GMT+1 La Policía Local se presenta en la Plaza de la República Dominicana a instancias del 112 para levantar el atestado de un accidente de tráfico. Un Mercedes SLK color negro metalizado ha chocado frontalmente contra una valla publicitaria de una empresa de cosméticos con el slogan "Pídeselo a Papa Noel" a una velocidad estimada en 69 kilómetros por hora. Se practica un control de alcoholemia al único ocupante del vehículo, un varón de avanzada edad, pelo y barba castaña y rasgos árabes, que cuadruplica la tasa permitida. Se le remite al Hospital de La Paz para practicarle un análisis toxicológico y las correspondientes curas. En el registro del maletero se encuentra un gran saco rojo que contiene un alijo de hachís, marihuana, cocaína e incienso. Se rescata con vida la pareja de fox terrier, siendo éstos trasladados a una Clínica Veterinaria de Las Rozas, donde se les tratará una posible sobredosis de estupefacientes y evidentes desgarros anales en al menos uno de ellos.
Temporada de volcanes
<05 de enero de 2011 > (por )

Sentados en el porche de una casita con nombre a talega, rodeada de palmeras y tabaibas, amainada la actividad volcánica que ha vuelto a teñir de rojo incandescente este remoto lugar, nos dejamos enfriar por los alisios. Apetecible calma chicha. Aún bajo los efectos de la resaca de los fuegos florales y sus juegos de palabras, adjudicamos el mérito del acertado interiorismo a los herederos de Escher. Sobre la mesa reposa humeante el almuerzo, un manjar azucarado con base de agua de lluvia. Hoy el marcapáginas se ha detenido en la receta de la felicidad, mañana un dios proveerá. No te escamas al sentir el roce de unos dedos sobre tus escamas y permites que tus capilares respondan por tí. Sin darle importancia al hecho de que he reducido voluntariamente mi campo de visión al espacio que ocupas en la mecedora contigua, te reto a un duelo de iris contra iris que acaba en risas. Mientras los hados dictaminan el resultado del encuentro, tabla rasa, divagamos acerca del hipotético final de la magia real, de las consecuencias de una mal aplicada contención, para la que ya tenemos nombre y apellidos, calculamos mentalmente el número real resultante de sumar nuestros quiméricos imaginarios. Pupilas dilatadas, pulso acelerado y respiración entrecortada. Es temporada de sandía y nos saciamos a dos manos y a boca llena.
American dream
<04 de enero de 2011 > (por )

Un fedayín se sacude el polvo de sus sandalias frente a la recién estrenada puerta giratoria del primer McDonald's de Kabul, la atraviesa, camina unos pasos hacia el mostrador, donde un amable joven le recibe con una amplia y radiante sonrisa, y espeta en su espeso pashto:
- Póngame una hamburguesa tamaño XXL con auténtica carne americana. Envuélvala en su precioso papel reciclado con las barras y estrellas y la foto del payaso pelirrojo. Ah, y tráigala cruda, que yo me encargo de freirla al estilo local.
Sin dar tiempo a la encargada a tomar nota del pedido, aprieta el gatillo que le catapulta hacia el paraíso, donde le esperan todos los placeres terrenales que le han sido negados en la corta y perra vida que deja atrás.
Google Maps se actualiza con un nuevo socavón que no tiene nada que envidiarle al del Starbucks inaugurado bajo el auspicio de los primeros rayos de sol de una hermosa mañana otoñal, y clausurado antes del ocaso posterior, pocos días atrás a escasos metros.
El asfalto y las paredes de los edificios en los alrededores quedan finamente decorados con ketchup, sirope de frambuesa y fragmentos más o menos grandes de aspirantes a teñirse de púrpura el corazón. El dedo que inmortaliza ese mosaico se hace merecedor del Pulizter.
En alguna urbe entre el Atlántico y el Pacífico, frente al escritorio de caoba de algún lujoso despacho en un rascacielos cualquiera, varios pares de ojos giran como las ruedas de una tragaperras. Las cuentas cuadran. Hoy se han vendido dos docenas de cajas de 2x0,7x0,5 metros de buen pino nacional al coste de tan sólo una hamburguesa y veinte años de sueño americano cada una. Pingües son los beneficios pues soñar no cuesta nada, al fin y al cabo.
Que siga la orgía.
Tren de cercanías
<01 de enero de 2011 > (por )

Un viaje en el tren de cercanías puede dar para mucho.
Puedes dormir durante cuarenta minutos.
O puedes pensar. En un sol que no acaba de asomar tras las nubes que se levantan hacia el oriente. En una piel, la mía, que lo necesita. En el diálogo entre dos margaritas y un cuervo y la estima que mi hermana muestra por ese modesto relato. Quizás haya calado en algunos corazones. De ahí a pretender algo más, media un abismo. De todos modos, muchas gracias. Significa mucho más de lo que dejo entrever. En la gente al otro lado del cristal. Miradas que se cruzan por una fracción de segundo. Vidas que se rozan por primera y última vez, antes de continuar su cauce inexorablemente. Me pregunto cómo encaja nuestra insignificancia en este gran puzzle. En las caras de derrota tras esta primera noche del año, nuestra particular noche de los cristales rotos. Corbatas desatadas, vestidos arrugados, zapatos sucios, maquillaje abstracto y ojos etílicos. Algunas almas rotas. En un paraíso de palabras y melodías donde me pierdo momentaneamente. Las de Nick Holmes y Greg Mackintosh. En las cicatrices con que el hombre adorna a la Tierra. Vías, carreteras, tendidos eléctricos, canales. Es imposible ver un espacio natural libre del rastro de nuestras caricias. En el punto triple, en el cual coexisten en equilibrio los tres estados elementales de una sustancia. Llamemos destino al estado sólido, azar al estado líquido y deseo al estado gaseoso. Cuán cerca o lejos de dicho punto nos hemos encontrado.
El estallido de un petardo en la Estación de Atocha me devuelve al interior del vagón. En diez minutos cruzaremos el mediodía.
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