Luz de carboncillo
<25 de diciembre de 2011 > (por Juanjo)



Amanece más allá de la claraboya, mas la luz de candela se sigue haciendo imprescindible en la esquina del escritorio. Una silueta deformada baila sobre la desnuda pared de la fría buhardilla al compás que marca el carboncillo al rasgar el áspero papel. Una gotera pugna por rebosar el barreño que ocupa, solitario, el centro de la estancia, desatando tan sólo efímeros e inofensivos oleajes. El carboncillo se detiene cuando cuatro patas trotan junto al rodapié, al amparo de la vetusta cómoda, para romper el subsiguiente silencio con un nuevo trazo gris sobre blanco. John Uskglass apoya el lápiz sobre la madera y se lleva dos dedos al puente nasal, hundiéndolos a continuación en sus glándulas lacrimales, o allí donde éstas debieran estar. Presiona un pedazo gris sobre el papel con la yema de un índice y lo arrastra hasta que queda disuelto, en un gesto que, sabe, podría cambiar la vida de un hombre para siempre, ligar su destino al borroso boceto de un último recuerdo. Con la resignación de quien firma la confesión que le llevará al patíbulo, dibuja el desgarro en la brida alrededor del cuello de un negro corcel.

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El caso del estrambótico cartapacio de esparto
<17 de diciembre de 2011 > (por Juanjo)



No se le ocurrió nada más sensato a la estrábica Tomasa, con la sana intención de saciar sus legítimos anhelos carnales, que alquilar un mohoso trastero en un bloque de los de siempre de un barrio suburbial y, a falta de catre, forrar el suelo con una lona de esparto de color beige que, a la luz del halógeno que colgó del techo, más bien parecía roja.

Visitas no escaseaban que, al ritmo de las bajantes, desahogaran sus lechosas improntas indistinguible e indistintamente sobre el suelo o el pelo. Los estipendios que la majadera recibía religiosamente de eminencias con corbata o alzacuello, no cundían para garbanzos, gomas y letras. Descartada la opción de la dación por no tener de interós para el juez más que la promesa de dos rodillas cuarteadas y una purga por conducto deferente, la cuestión se resolvió con una denuncia por impago, un desahucio exprés y un grafiti de vello y fluxiones en un lienzo de esparto expuesto en el MoMA de Nueva York.

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El éxtasis del oro
<12 de noviembre de 2011 > (por Juanjo)



Dúctil. Maleable.
Como el alma del fuego, o viceversa, combado en los ojos de la codicia.
Simiente y cáncer de una tierra sin ley, donde el valor de una vida se mide en onzas.
Donde el horizonte no alberga sino los pálidos destellos del dios metal.
Un vergel de ilusiones erosionado por un viento que arrecia desde el albor de nuestro tiempo, primitivo como los pecados que con él arrastra.
Un viento que arranca de raiz toda brizna de compasión, barriéndola en una nube de polvo y cenizas, para sólo dejar tras de sí un gris nombre.

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Diario de un informático (VII)
<20 de octubre de 2011 > (por Juanjo)

Un alargado fluorescente titilaba sobre su cabeza. Llevaba observándolo desde primera hora de la mañana, tal y como había hecho durante las últimas dos semanas, en un vano intento por descifrar el intrincado código secreto que, a buen seguro, se ocultaba en la aparentemente aleatoria secuencia de destellos. Las más de doscientas páginas de puntos y rayas, anotaciones y cálculos numéricos erróneos acumuladas hasta la fecha avalarían su teoría. La escarcha se amontonaba alrededor de sus orejas, arrecifes contra los que chocaban las masas de aire polar que escapaban del prehistórico aparato de aire acondicionado, homenaje a pequeña escala de una glaciación.

Con la vista clavada en la pantalla del cronómetro, esperó a que transcurriesen los escasos segundos que faltaban para las once y cuarto. Sucedió entonces como cada diez minutos. El chasquido de la piedra de un mechero le recorrió la espina dorsal y un inconfundible hedor a tabaco aromatizado con exóticas hierbas le abofeteó hasta el punto de desear la anosmia. El cartel que expresaba la rotunda prohibición de fumar se ocultaba detrás del póster de unas hermosas hojas aserradas gladioformes. El blanco roto de las paredes había dado paso al gris cenizo en aquel diminuto, aislado y claustrofóbico sótano que servía de morada a sindicalistas y otros parias. No había en el edificio un lugar peor donde ser condenado al ostracismo.

A pesar del ataque de tos y el consiguiente descoyuntamiento, se las arregló para engullir y rumiar un folio y, con la pelota resultante, ejecutar un tiro perfecto con un tirachinas casero, que catapultó el proyectil a cámara lenta a través de la cortina de humo con rumbo a mundos desconocidos. Aún tuvo tiempo de disimular frente al monitor apagado cuando de entre la niebla surgió, como un gorila en la selva, la silueta del fumador empedernido, que abandonó la estancia con el porro en los labios, un extraño ganglio de papel en la nuca y una maldición entre dientes. Difundir ser portador de una extraña enfermedad vírica que se transmitía por contacto le había otorgado a Marcial algunos privilegios, como una muy útil inmunidad y la posibilidad de hacer uso de los baños en exclusividad.

Decidió aprovecharse de la superioridad numérica para continuar trabajando en aquello por lo que le pagaban, fuera lo que fuese. En esencia, su trabajo era sencillo. Saturnus había sido contratada por una importante empresa de software que, entre otros, contaba entre sus clientes con la compañía de seguros a la que pertenecía el documento confidencial de cuyos restos aún tenía Marcial la boca llena, para realizar una auditoría de los programas utilizado por la aseguradora. Con total seguridad, el número de licencias contratadas por ésta sería mucho menor que el realmente utilizado. Una vez que el informe final llegase a las manos de los soplagaitas de ambas empresas, éstos no dudarían en llegar a las manos hasta alcanzar un acuerdo beneficioso para todos. Por supuesto, en el medio de las disputas, como un sentenciado a muerte atado de pies y manos a cuatro cuadrigas, se encontraba el infeliz auditor.

Se sumergió en la tonelada de documentos que le había proporcionado su interlocutor, un simpático holandés que había considerado innecesario traducirlos de su neerlandés natal a cristiano. Las letras se apiñaban y danzaban sobre el papel, socarronas; pes que sacaban la lengua, íes corazón levantadas al cielo, emes mostrando sus orondos traseros. Las palabras comenzaron a marchar, al ritmo de repique de tambor, hacia el centro de la página. Las más torpes eran ejecutadas sumariamente y abandonadas a su suerte, hasta que ejércitos de haches las barrían hacia la sangría. Las primeras en llegar dieron forma a las pequeñas patas. El enorme tronco se fue modelando sobre éstas. Papada de uves dobles, ojos y orejas de oes diminutas, dientes de úes, la cabeza pareció inflarse como un globo. Por último, la rugosa cola de eles y jotas se arrastró juguetona desde el margen superior hacia el ominoso trasero que la esperaba con un sugerente contoneo. El hipopótamo multicolor mascaba los bordes de una tabla cuando se percató de la presencia de un extraño ser tridimensional que le observaba con ojos vidriosos y rojizos. Sin prestarle mayor atención de la debida, se frotó el lomo con un diagrama de barras y comenzó a silbar la melodía de los teletubbies. Pompas de corcheas y semicorcheas abandonaron el papel y flotaron, como rellenas de helio, hacia dos orejas escarchadas para, una vez en ellas, estallar y descargar su contenido. Eso y una persistente vibración en el bolsillo de su pantalón sacaron a Marcial de su ensoñación. Un tal jefemoñas en la pantalla de su móvil.

- Marcial ¿Qué tal llevas el informe?
- Estoy con las conclusiones. - dijo mientras deslizaba un dedo por el borde de una carpeta con el título de "Informe de Auditoría de la Mutua Marfileña", en cuyo interior sólo había cáscaras de plátano, - ¿Por qué lo preguntas?
- Cambio de planes. Nos ha surgido un contratiempo en otro proyecto y voy a asignarte a él. Esta misma tarde enviaré a alguien allí para reemplazarte. ¿Estás en condiciones de preparar la maleta y pasarte a última hora por la oficina?
- ¿Me puedes adelantar de qué se trata?
- Uno de nuestros consultores destinados a un importantísimo proyecto para el Gobierno de Nepal ha sufrido un lamentable percance y hemos de sustituirle. Y quién mejor que tú para hacerlo.
- ¿Puedo hablar con él para hacerme a la idea de mis futuras competencias?
- Francamente lo veo difícil. En estos momentos vuela hacia Madrid en la bodega de un avión. Para cuando llegue, dudo que su temperatura corporal supere a la de un besugo del Atlántico. No obstante, si conoces algún buen médium puedes intentarlo.
- Veré qué puedo hacer.
- No esperaba otra cosa de ti. Tu avión despega a medianoche.

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Con la lente empañada
<10 de octubre de 2011 > (por Juanjo)


Desde la distancia o a quemarropa. Con permiso o sin previo aviso. Detener espacio y tiempo y comprimirlo en una lámina de plástico. Un mapa de paisajes, rostros, formas y colores traídos desde Nicaragua. Un modesto regalo para quien quiera conocer o recordar.

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Huyendo del pirata Rastanegra
<10 de octubre de 2011 > (por Juanjo)

Los zancudos andan llorándonos por las esquinas. Después de haber pasado algo más de dos semanas en Nicaragua alimentándolos, llegó el momento de regresar a nuestro dulce hogar. Mil y un achaques, muchas experiencias, anécdotas y momentos tensos, las vivencias que traigo desde tan lejos. Lo mejor, sin duda, el haber compartido este viaje contigo.

Dejo la palabrería, donde siempre. Las fotos se harán esperar.

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En busca de yuca
<14 de septiembre de 2011 > (por Juanjo)


A veces la suerte te sonríe. Sin comerlo ni beberlo, hemos recibido una llamada inesperada de Radio Palacagüina y nos ha tocado un viaje a Nicaragua con todos los gastos por pagar. De aquí al viernes empaquetaremos todo lo necesario para sobrevivir dos semanas en aquel país centroamericano. Los mosquitos de allá, que proyectan la misma sombra que los buitres en Monfragüe, se van a encontrar con toda la parafernalia química de que somos capaces en el Viejo Continente, y con una concentración de yuca, fritangas y cerveza local en sangre jamás conocida en aquellas latitudes. La corbata cóncava guardada en la cómoda y el cubículo huérfano de ceros y unos. Hasta octubre.

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Tres tristes trastes
<13 de agosto de 2011 > (por Juanjo)

... pañuelo en ristre...

Why so Lonely, The 3rd and The Mortal (una de las canciones más tristes que recuerdo)

Restless, Within Temptation

A natural disaster, Anathema

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Vatic[a]ino tormentas
<12 de agosto de 2011 > (por Juanjo)



Esta noche me pregunto por qué en las películas de terror el cielo se encabrona con la venida del maligno.

Mientras tanto, en algún lugar de la Península Ibérica, una violenta tormenta de verano descarga la de Dios es Cristo sobre una devota muchedumbre que recorre las engalanadas calles, expectante ante una muy esperada visita.

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Can a can can-can?
<06 de agosto de 2011 > (por Juanjo)


Watson caminó entre las sillas hasta una mesa reservada frente al escenario del cabaré Jeopardy. El aire viciado, casi irrespirable por culpa del almizcle y del tabaco hecho humo, hacía las veces de telón. Murmullo in crescendo de la lasciva jauría. La espera fue breve, aunque tiempo hubo de dedicarle un gesto a un camarero y paladear un Old Fashioned. Lo de siempre. Entre torbellinos, en un pastoso ambiente, surgieron los púrpuras cancanes, girando como molinetes, al compás de la sintonía de turno, dejando al descubierto varios pares de medias, abundante el pelo bajo ellas. Preparado como estaba para la normalidad, pestañeó reiteradamente y adujo a su incipiente embriaguez el hecho de encontrar a las bailarinas asombrosamente parecidas a unos adorables ejemplares de collie. Mientras tanto le robaron la cartera.

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A mí que me registren
<17 de julio de 2011 > (por Juanjo)

Tiempos revueltos vive el ciclismo. Toda operación policial que destapa una trama de dopaje acaba salpicando a algún que otro ciclista, o más bien a muchos. La última noticia, de finales de junio, acerca de la desarticulación, en base a una denuncia cursada por el tristemente malogrado Xabier Tondo, de una red de suministro de sustancias dopantes por correo, una especie de TeleDoping, ha señalado con el dedo a un miembro de una de las familias ciclistas más conocidas de Extremadura.

No seré yo quien acuse a nadie. Es probable que se trate de un malentendido y que, tál y como se afirma, la cesta de la compra sólo estuviese constituida por recuperantes y complejos vitamínicos. Al fin y al cabo, cuando uno compra por internet DVD vírgenes, libros de tai chi, calcetines de algodón o recuperantes musculares, no comprueba si le está comprando a un taiwanés, un danés con pecas, una búlgara ama de casa o una farmacéutica andorrana rastreada por la Policía. No seré mal pensado. Lo poco que sé del implicado y sus familiares es que les sobra clase para ganar carreras a pan y agua.

Dicho esto, ahora sí me sincero. Creo que el dopaje está mucho más extendido de lo que la gente cree y de lo que los implicados nos quieren (o queremos) hacer creer. Lo intuí el día en que, al poco tiempo de llegar a Madrid, mi recién estrenado preparador físico, que me impuso el director deportivo de un equipo del montón, escribió varias equis sospechosas en mi calendario de entrenos. Lo he ido viviendo todos estos años en que los casos de dopaje no han dejado de aparecer en prensa ni los rumores de circular. Ídolos que caen y que vuelven tras cumplir sus sanciones para nunca ser los mismos, al menos no de cara al espectador. Años en los que el dopaje se ha extendido desde el deporte profesional al deporte de base, incluyendo categorías donde lo considero una aberración. También existe el dopaje en veteranos, mi categoría, supuestamente creada para permitir compaginar la práctica del ciclismo con una vida laboral y familiar plenas; una categoría donde las victorias no se pagan en metálico ni garantizan un suculento contrato ¿O sí?. Más aún, cada vez son más los cicloturistas que se dopan para hacer mejores tiempos en las marchas cicloturistas, banco de pruebas donde medirse con los amigos de entrenamiento o compañeros de club.

Nunca se acabará con el dopaje en el deporte. Ésta es mi predicción. Ante ella me pregunto ¿Cuáles son las consecuencias? ¿Cuál es la diferencia entre un superclase limpio y un mediocre químico? ¿En qué circunstancias ganará el segundo? ¿Se puede justificar el uso de sustancias dopantes? ¿Hasta qué límite y en base a qué se establece ese límite? ¿Qué consecuencias acarrearía superar ese límite? ¿Existiría alguna diferencia entre establecer el límite en el cero actual o en un nivel superior, no nocivo para el cuerpo humano o al menos no más que la propia práctica del deporte?

En ocasiones tiendo a justificar la práctica del dopaje en el ciclismo profesional por varios motivos. Por la cada vez más excesiva dureza de este deporte. Los puristas dirán que era más agónico el ciclismo de nuestros abuelos, el de las etapas de 500 kilómetros por carreteras no siempre asfaltadas con material muy distinto del actual. A eso respondo que los tiempos cambian y las exigencias fisiológicas y musculares aumentan. Por la necesidad de obtener un rendimiento deportivo óptimo que garantice futuros contratos profesionales, al fin y al cabo, ésta es una profesión como otra cualquiera, que de hecho, saca a muy pocos de pobres y se cobra un excesivo peaje, el de los mejores años de la vida consagrados a su práctica. Por desgracia, no hay forma de distinguir estos casos de aquellos en los que el dopaje es tan sólo un medio fraudulento de vencer a sabiendas de que los vencidos no tienen acceso a las mismas ayudas. Qué resultaría más dañino para la imagen del ciclismo ¿El incesante goteo de casos positivos en un pelotón supuestamente limpio o saber que todos compiten en igualdad de condiciones, sean éstas cuales sean? Apuesto por lo segundo porque no creo en la utilidad ni en la justicia de lo primero.

Quién diría ante la extensión de esta entrada que me aburre enormemente hablar de dopaje.

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Heptacostés
<16 de julio de 2011 > (por Juanjo)

El pasado 10 de julio se celebró la Maratona dles Dolomites, quizás la más importante marcha cicloturista del calendario italiano, o gran fondo, que es como las llaman allí. Desde Madrid viajé hasta la región de Alta Badía con mi Wilier de carbono. Quería que conociese algunos de los puertos de su Italia natal. Y desde luego se llevó de vuelta a casa una buena dosis de éllos. Más de 9100 participantes, algunos antiguos ex-profesionales entre los inscritos, al igual que entre los anteriores vencedores, entre los que figuran los nombres de Emmanuele Negrini, Marzio Bruseghin, Timothy Jones, Mirko Puglioli, Dainius Kairelis, Jamie Burrow o Alessandro Paganessi.

El perfil del recorrido asusta. Aunque apenas se llegan a acumular 4000 metros de desnivel, el número y la distribución de los puertos hace de ésta una marcha muy exigente.


- Passo di Campolongo, 5.8 kms. al 6.1% (se sube dos veces)
- Passo Pordoi, 9.2 kms. al 6.9%
- Passo Sella, 5.5 kms. al 7.9%
- Passo di Gardena, 5.8 kms. al 4.3%
- Passo Giau, 9.9 kms. al 9.3%
- Passo di Falzarego/Valparola, 11.5 kms. al 5.8%

Un día perfecto para el ciclismo, paisajes espectaculares, unas condiciones meteorológicas inmejorables y una participación discreta, aunque mejor de lo esperado dado mi estado de forma. La crónica personal del evento, en este enlace.

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Ecofábulas de aeropuerto (II)
<13 de julio de 2011 > (por Juanjo)


El pingüino se deshizo de su anorak pero se dejó puestos los calcetines de lana roja, ya que odiaba las bojas que le producían las botas de piel de morsa regalo del último amigo invisible. A tres horas del final del invierno, el ártico era una fiesta donde no faltaban los fuegos fatuos ni los cócteles on the rocks. Desde la cresta del iceberg contempló el gris horizonte con nieve sobre el plumaje y la pajarita ladeada. Los cientos de nenúfares de hielo que flotaban a la deriva sobre el infinito mar ante él, raramente volverían a sustentar sus pies, entregados éstos a la tarea imposible de invertir la rotación de la tierra.

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Ecofábulas de aeropuerto (I)
<12 de julio de 2011 > (por Juanjo)


De seguir la hilera de hormigas se llegaría hasta la siguiente acacia solitaria; sin apenas sombra proyectada, una minúscula mancha verde en el inmenso mural ocre. Los insectos en que se mide la distancia de ésta con la siguiente baliza cruzan dos profundos cañones con el color de la tierra removida y olor a caucho derretido sin mirar a izquierda ni derecha, sorteando las grietas siempre abiertas en la piel, desnuda y azotada por el viento, en perpetua muda, como zahoríes con diminutas y negras antenas por cayado en busca de espejismos en mitad de ninguna parte.

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Desventuras de tres mariachis en los Dolomitas
<03 de julio de 2011 > (por Juanjo)


Nuevamente los tres mariachis nos hemos echado a la carretera con la sana intención de envejecer un par de años en cuestión de diez días y probar lo mejor de cada país en lo que a cerveza se refiere. Tras el viaje a la República Checa, Eslovaquia y Polonia del pasado año, la reputación de Nkono como diseñador de recorridos exigentes había quedado en entredicho. Tratando de resarcirse, para el viaje de este año preparó un recorrido ciertmente duro por los Dolomitas italianos y los Alpes Julianos eslovenos, incluyendo puertos míticos como el Pordoi, la Marmolada o el Giau entre otros, cuya ascensión con las bicicletas de montaña y las alforjas supuso todo un desafío. Un recorrido que nos ha permitido disfrutar de paisajes impresionantes, pero que le venía demasiado grande a los dos abuelos del grupo (este comentario es, como parece, una puñalada trapera). Como novedad, esta vez hemos incluido un par de jornadas de descanso, que disfrutamos en Ljubliana y Venecia. Un poco de turismo al uso nunca viene mal. Como es costumbre, dejo las fotografías y la crónica del viaje en las secciones habituales.

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Darling on fire
<30 de mayo de 2011 > (por Juanjo)



Nunca están donde se les necesita.

Ni la impredecibilidad del tiempo ni la furia del frente tormentoso que a ratos arreciaba sobre las llanuras fluviales del Tajo, convertía en hollín mojado las ascuas recién prendidas y azotaba las desnudas espaldas de bañistas domingueros, evitaron que se declarase un fuego en Urtajo.

El retén contra incendios de guardia en la zona, que tiene tanto o más de pirómano, falló en el uso de la cisterna de agua, las vías taponadas por hojas de hierbabuena y tropezones de fruta beoda, y de los extintores, que expulsaban una exótica emulsión con aroma norteafricano. Para más inri, la persiana metálica que separaba el parque de bomberos del resto del mundo estaba cerrada a cal y canto, como los párpados de un comatoso.

Sábado sabadete de fútbol, barbacoa y guateque. Y de embargo. El del pesar por unas sensuales y ardientes llamas rojas a cuya extinción uno, con gran placer, se habría entregado.

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La hora bruja
<10 de mayo de 2011 > (por Juanjo)

Rizando el rizo de lo irracional. El rizoma de la mente analítica, enraizado durante mi etapa formativa, toma el control, cuando apenas ha sido superada la hora bruja diurna y nos adentramos en los dominios post meridiem del reloj digital. Aplico un sistema de ecuaciones de la deformación elástica para comprobar si un par de calcetines pueden revertir a su estado original una vez que cesan las fuerzas exteriores, o interiores según dónde se ubique el sistema de referencia, que produjeron la deformación inicial. Superado el límite elástico, las prendas sólo servirán para calzar elefantes. Pinto de rojo y azul el sistema circulatorio de una sirena, con brillantes escamas sobre una piel irrigada por la sangre bombeada desde el ventrículo izquierdo. Con dos ciclos basta para abastecer las dos heterogéneas mitades del mito. Hago borrones frente al esquema del hombre-mosca, pero decido dejar para otro día la milagrosa conversión de sangre en hemolinfa. Obtengo las funciones lineales que relacionan la tasa de desempleo con la cantidad y calidad de los músicos en el Metro de Madrid y constato el hecho de que sendas constantes m de la pendiente son de igual valor absoluto pero de signo contrario, positivo y negativo, respectivamente.

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Diario de un informático (VI)
<21 de abril de 2011 > (por Juanjo)

Ignacio Pendejo estaba locamente enamorado. De sí mismo. Recién entrado en la treintena, llevaba una carrera meteórica a sus espaldas, si bien la estela de destrucción que había dejado atrás era digna del más devastador de los cometas. Presumía de una excelente forma física, adquirida en sesiones de duro entrenamiento en el gimnasio que se había instalado en su despacho. De entre sus múltiples manías, o cualidades excepcionales desde su punto de vista, una de las más irritantes era su tendencia a practicar abdominales durante las reuniones de trabajo.

Alardeaba de una desmedida adicción al trabajo. Era el primero en llegar a la oficina y nunca nadie le veía abandonarla. Ni siquiera las cámaras de seguridad, que sólo sufrían un apagado controlado de unos pocos segundos a una hora indeterminada de la noche por cuestiones de mantenimiento, habían registrado su salida del edificio. En cierto momento se llegó a dudar de su correcto funcionamiento y, por ese motivo, se revisaron las grabaciones de todo un semestre. El circuito cerrado de televisión funcionaba a las mil maravillas. Así lo confirmaban los cientos de horas almacenadas de increíble trasiego nocturno de empleados de la limpieza, repartidores de comida rápida, ladrones enmascarados, meretrices de diverso caché y fantasmas de enojados y difuntos exempleados. De Ignacio, sin embargo, no había ni rastro.

Sus zapatos John Lobb de mil quinientos euros habían pisado muchos cuellos y sus manos ensortijadas habían sobado los traseros de demasiadas compañeras. En definitiva, era un gilipollas incorregible.

Aquella mañana en su despacho, sentado tras la mesa de caoba sobre la que descansaban sus trofeos al jefe ejemplar y al ejecutivo del año por la revista Emprendedores, tazas de café con la foto de perfil con que apareció en Cinco Días, una pequeña caja con tarjetas de visita de color beige con letras doradas en relieve y autorretratos en los que posaba como cualquier participante en un importante certamen de culturismo, contemplaba absorto una bandada de cacatúas que parecían huir, sobrevolando un mar naranja, de la enorme papada que temblaba como un volcán de gelatina en plena erupción bajo la cara de la última incorporación al departamento.

- Bien, bien. Veamos. Marcial… ¿Monagas?… A la vista de tu currículum, creo que encajarás perfectamente en la Compañía y en este departamento que lidero. Pasaste dos años y medio en Deloitte…
- Si, en el Departamento de Auditoría de Sistemas. Mi primer trabajo, me permitió afianzar mis sobresalientes conocimientos adquiridos en mi provechoso periodo formativo previo. - dijo Marcial. Todo cuanto conocía de la consultora británica estaba escrito en la alfombrilla de ratón que descansaba sobre la reseca mancha de café en la mesa de su ordenador.
- Dos años en PricewaterhouseCoopers…
- Eeeeeexacto. División de Consultoría Tecnológica. - no recordaba haber incluido aquel nombre de empresa en su currículum. Lo había leído en algún sitio, pero no sabía a ciencia cierta si se trataba de un prestigioso bufete de abogados o una cadena de ultramarinos irlandesa. Tragó saliva.
- Conozco a un socio de Price, Jaime Oyarza. Hemos sido rivales de pádel en alguna ocasión. - Ignacio señaló con un gesto orgulloso hacia los trofeos que exhibía sobre uno de los archivadores del despacho. De alguno de ellos colgaba aún la etiqueta con el precio.
- Ah sí. Jaime es un viejo lobo de mar.
- Sólo tiene 32 años.
- En Price uno alcanza el estatus de veterano una vez transcurrido el periodo de prueba.
- ¿Sí? Nunca lo había escuchado. En fin. Sigamos. ¿Te consideras resolutivo?
- ¿En qué sentido?
- En el sentido que la empresa considera que los empleados deben ser.
- Ah, en ese caso lo soy. - dijo Marcial con resolución.
- En la Compañía se valora el esfuerzo personal continuado. No nos gusta la gente a la que se le cae el bolígrafo a plomo a las diez de la noche, que es cuando comienza realmente la parte lucrativa del negocio. Hay mucho trabajo que sacar adelante, mucho dinero que transferir de las opulentas arcas de nuestros clientes a la nuestra. Espero que estés alineado con nuestros valores.
Las diez de la noche. Flick a punto de dar alcance a flack. La hora a la que comenzaban sus habituales partidas de rol - Por supuesto que lo estoy.
- Hablando de valores, ¿eres partidario de promulgar leyes contra el acoso laboral o el acoso sexual en el trabajo?
- ¿No existen ya esas leyes?
- Puede ser. ¿Qué piensas de ellas?
- ¿De las leyes?
- De tus compañeras de trabajo.
- Pff. ¿Qué quiere que piense? Aún no han instalado Linux en los portátiles y andan por ahí presumiento de volcados de memoria. Además tienen las teclas cubiertas de esmalte de uñas.
- Esmalte del color corporativo. Son normas de la empresa. Ya tendrás tiempo de darles un repaso.
- ¿A las normas?
- A tus compañeras de trabajo. Bien, tengo que seguir con mis quehaceres diarios. Este barco necesita un capitán. Ahora te llevarán hasta tu puesto definitivo. Mientras se te asigna un portátil, te proporcionaremos algo de documentación, para que te vayas familiarizando con los procedimientos del departamento. - Ignacio pulsa un botón en el interfono y le grita a los dos oídos que escuchan al otro lado - Inés, dile a Pilar Yáñez que se pase por mi despacho.
- … (pausa) Está de baja por depresión…
- Pues a quien se siente a su lado.
- Pilar se sentaba sóla, entre la impresora matricial y el humidificador.
- Pues al primero que se levante para ir al baño.

Al cabo de cinco minutos, Marcial era llevado de aseo en aseo y finalmente hasta su mesa por un macilento joven de ojos rojos y penetrante hedor a vodka, en evidente estado de embriaguez, que respondía cuando podía al nombre de Luis.

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Cortezas y certezas
<09 de abril de 2011 > (por Juanjo)

Se reparten lisonjas con la misma alegría con la que uno se aplica un colirio con zumo de limón como ingrediente principal. Sonrisas dibujadas con cincel y martillo sobre la pétrea corteza humana. La máquina de café, rebosante de bilis, no da abasto para surtir a una anhelante clientela que, a la vista de una lista que contiene nombres que no quisiera haber leído, diluye cólicos y cóleras en viscerales locuciones. En rededor del tapete verde, el crupier reparte figuras a unos y limosnas al resto. De una parte, el laconismo hecho arte. De la otra, el tahúr de la verborrea omnisciente. Mediando a pachas la doncella que maneja siniestra la sierra con dientes de seda, la primera dama con su risa histriónica, los tesoreros de la caja de los desatinos y los cancerberos del casino. El juego de envite acaba con superávit de ases sobre la mesa y la ya acostumbrada sensación de haber perdido el tiempo.

&

Enjugo con los dedos los restos de lluvia en este verano anticipado. Breve lapso para un mudo abrazo. Sin cabida para el miedo. Sin pronunciar palabra para decir lo que pienso. Que tengo la absoluta certeza de estar donde quiero y donde me quieren. Que todo lo demás es secundario.

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A cara de perro ... de Pávlov
<31 de marzo de 2011 > (por Juanjo)



Expermitento 1: Los sujetos A y B acceden voluntariamente a un cubículo cerrado de tres metros cuadrados de superficie por dos metros quince de altura. El sujeto A porta, en una de sus extremidades superiores, un recipiente cuyo análisis posterior muestra un alto contenido en cafeína y glucosa. El cubículo asciende verticalmente durante diez segundos, a una altura que denominaremos "cuarta". Durante el trayecto, ambos sujetos inspeccionan las aristas, opestas entre sí, más cercanas a sus respectivas derechas. No se detecta comunicación verbal, quedando fuera del alcance de este experimento el estudio de cualquier tipo de comunicación extrasensorial. Una vez en la altura cuarta, el sujeto B abandona el cubículo, se dirige hacia la puerta que se interpone entre los sujetos A y B y su habitáculo de destino, acciona el abridor y cruza el umbral en primer lugar, precediendo al sujeto A, que debe hacer uso de sus extremidades inferiores para evitar el repentino cierre de la puerta, una pesada construcción de metal y cristal, y el probable derramamiento del contenido del recipiente. Se recomienda repetir el experimento eliminando el factor recipiente.

Experimento 2: Se sitúa a los sujetos A y C, consciente cada uno de la existencia del otro con una antelación a la realización del experimento superior a los doce meses, en sendos habitáculos separados por un único corredor. Se estimula en los sujetos la necesidad de acceder simultáneamente a sus respectivos habitáculos opuestos y se estudia la respesta psicomotriz de cada sujeto en el momento del cruce en el corredor. Se observa en el sujeto A un intento de interacción con el sujeto C, basado en la emisión de unos breves sonidos con su aparato fonador. El sujeto C, por el contrario, fija su foco de atención en las juntas de las baldosas del suelo bajo sus pies. Se repite el experimento en varias ocasiones más, con idéntico resultado, hasta que el sujeto A modifica su comportamiento y adopta el modelo de interacción del sujeto C, demostrándose así nuevamente la validez del condicionamiento pavloviano.

Corolario: No he venido aquí a hacer amigos.

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El misterioso caso del robo de palabras
<26 de marzo de 2011 > (por Juanjo)



Se descubrió, introdujo el extremo estrecho del embudo en su oído y apoyó el otro extremo a la pared, allá donde el golpe con la cabeza del bastón había sonado hueco. El rumor era lo suficientemente nítido como para justificar el desparedado. La pintura lucía fresca, alguien se había tomado demasiadas molestias para ocultar la prueba del delito. A su señal el pico cayó sobre el yeso blanco y el aire escapó por la grieta abierta, llevándose consigo unas palabras que los presentes lograron captar a duras penas. Para incendiar el bosque con una cerilla. El detective musitó para si, Lo que sospechaba, un crimen pasional. Tras averiguar la última palabra robada, ya conocía el móvil.

El ladrón había actuado por primera vez en el aula de un colegio. Los jóvenes alumnos abrieron sus libros de texto por el capítulo dedicado a las operaciones aritméticas, pero no pudieron completar la lección pues, sin saber cuándo ni por qué, habían olvidado cómo se llamaba esa equis que, aplicada a dos unos, resultaba la unidad. No muy lejos de allí, un despeinado científico de bata blanca y gafas de pasta instruía a sus colegas. Casi les dijo casi todo cuanto quería, aunque finalmente sólo hablase acerca del polo negativo. Un domingo por la mañana, después del oficio de las once, el padre de una numerosa familia cristiana se sintió atraído por un cartel publiciario exhibido en el escaparate de la Farmacia de Guardia de su barrio. Se venden dones. Dentro de la caja de cartón esperaba encontrar obsequios para su espíritu y no aquellos extraños globos de latex. En un Juzgado de Familia cualquiera, unos padres trataban de repartirse los restos del naufragio, custodia de sus hijos inclusive. Llamados a declarar, ninguno de los interesados consiguió citar una sola vez el adjetivo posesivo que les hacía poseedores de todos aquellos bienes en exclusiva. No les quedó más remedio que llegar a un acuerdo en primera persona del plural. Los ilustrísimos académicos de la R.A.E. estaban preocupados por la reciente desaparición de una serie de, de, de algo relacionado con las letras que figuraban en sus excelsos sillones. Pensaron durante largo tiempo, pero no consiguieron recordar el objeto de su búsqueda, así que desistieron y se dedicaron a otros menesteres. Después de meses trabajando juntos en la misma oficina él le pidió, con poca convicción, una cita. A ella no le vino a la cabeza ese monosílabo con el que solía sacudirse de encima a aquellos molestos pretendientes. Lo buscó, pero sólo encontró un tal vez que la animó a aceptar.

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Universo celular
<17 de marzo de 2011 > (por Juanjo)



Quisiera no tratar de racionalizarlo todo y aferrarme a la probabilidad infinitesimal de que haya surgido la vida tan sólo y precísamente en un mundo insignificante como el nuestro, de que esta vida haya sobrevivido, se haya diversificado y evolucionado a lo largo de eones, para dar lugar al enorme, y aún desconocido, número de especies que pululan por Gaia. Podría rechazar la probabilidad ínfima, pero al fin y al cabo suficiente, de que el milagro de la vida no sólo se haya dado en nuestro planeta, sino en algunos otros de entre los innumerables y remotos mundos que existen. Podría creer que, de entre todas las especies que han existido, existen o existirán y que inevitablemente se habrán extinguido antes del ocaso de la Tierra, el cual sucederá, como quien dice, en el amanecer de los tiempos, la nuestra es, aquí y ahora, la única que transcenderá a las demás y a sí misma, la elegida por un dios o un algo que lo es todo a la vez, para traspasar los límites de lo material. Quisiera pensar que existe una parte inmortal y espiritual en los seres humanos, llamémosle alma, que rige el intelecto y los sentimientos y que reside o se apoya en un ente material, y rechazar la idea de que todas aquellas cualidades que denominamos humanas, por poco materiales que las considere nuestro intelecto, no son más que el resultado de procesos que tienen lugar dentro de nosotros.

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Mi debut como Master-40
<14 de marzo de 2011 > (por Juanjo)



Mañana desapacible en Pepino en mi primera cita con la competición de la temporada. Era yo uno más entre los 200 inscritos para cubrir los casi 90 kilómetros de recorrido de la ya clásica apertura del calendario manchego. El Avanzamos - Caja Duero se presentó en esta localidad, cercana a Talavera de la Reina, con seis de sus integrantes y con un carajal de licencias propio de estas fechas. Había más licencias que corredores, pero no todos teníamos la nuestra. Así fue que me tocó echarme unos 6 años encima y defender los intereses de uno de los master 40 del equipo.

Con un retraso de media hora, debido a que el titánico proceso de obtención de los dorsales se eternizó, comenzaba la carrera. No se puede delegar en el colectivo ciclista la organización de una fila ordenada frente a la mesa de los jueces árbitros sin pretender que no haya heridos ni muertos por los codazos y bajo los pies de la turba.

La serpiente multicolor coleaba violentamente a cincuenta kilómetros por hora por estos bellos y verdes parajes en la falda de la Sierra de Gredos, en dirección a Castillo de Bayuela, persiguiendo a un pequeño ratón que había tomado un minuto de ventaja. Los bandazos, frenazos e imprecaciones se sucedían sin descanso. El olor a goma quemada disparaba la producción de adrenalina. Súbitamente, un agónico esfuerzo de un kilómetro para no quedar descolgado en la subida hacia las calles de esta población, repletas de espectadores expectantes, y otro para no quedar descolgado en la posterior bajada. Al entrar en la carretera comarcal que atraviesa Garciotum y Nuño Gómez, la primera criba estaba servida. Yo aún seguía en el vientre de la bestia escamosa.

Mediada la prueba hay un giro de 90 grados a la izquierda, hacia Pelahustán, y una subida de unos tres kilómetros que, en esta ocasión y para no variar, se hizo a bloque. Para entonces ya llevaba yo el corazón desbocado. El pulso, reflejado en la pantalla de un pulsómetro que quizás no debí haberme puesto, se acercaba peligrosamente a mi frecuencia cardiaca máxima teórica. Recalco lo de teórica. Aunque las piernas no querían ceder, perdí el tren del pelotón y me tomé un respiro, esperando a ser alcanzado por un nutrido conjunto de mariachis con los que, remando y resoplando, me reincorporé al grupo principal.

Llegamos agrupados hasta las postrimerías del Alto del Piélago y desperdigados a la cima. Descenso cauteloso sobre un asfalto mojado y relativamente sucio hasta Navamorcuende, donde se formó un grupo de unas veinte unidades con el que, a buen ritmo, cubrí la treintena de kilómetros que nos separaban de la llegada. Previamente habían llegado a Pepino una decena de escapados y un gran grupo con 50 unidades. A pesar de mi mediocre resultado, las sensaciones no fueron del todo malas y conseguí acabar dentro del control. Como suele suceder en las crónicas de mis batallitas, el nombre del vencedor de la prueba es un dato irrelevante.

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¿Cómo ser un super héroe?
<13 de marzo de 2011 > (por Juanjo)



Las nubes de tormenta se alejan ya. La tarde del viernes dejaron una fina capa de agua sobre el asfalto de Madrid, para después marcharse en busca de cielos más despejados y otros campos que anegar. Quizás se hayan instalado sobre el Piélago, prestas a descargar sobre unos cuantos locos que, sobre dos ruedas y ligeros de ropa, pasarán penurias, unos más que otros, por tierras manchegas. No se aleja, sin embargo, la pereza de mis dedos. Afronto el fin de semana con la duda absurda de si las latas pueden bailar el cancan y la certeza de que los computadores que hablan el inglés corriente y moliente no entienden de latas ni de bailes franceses. El mundo gira y gira, como una noria que saca a la luz cualquier cosa menos agua. Me distraigo en alta definición. En clave de humor, la inocente Lucille coquetea a lo largo y ancho de Alabama con un sombrerero negro por único equipaje, al tiempo que olas de diez metros llevan sushi hasta las cocinas de los restaurantes californianos. Los reporteros callejeros recorren playas del mundo y saborean picantes samosas en una playa de Bombay. La noche cae sobre la ciudad en un baile de luces al son de las sirenas. Apoyado en la fría barandilla metálica, cuento los destellos en blanco y negro visibles a través de cortinas descorridas. En un balcón con vistas al suroeste. En algún lugar bajo esta artificial cúpula anaranjada hay una super heroína, con el poder de curar la dextrocardia con un ratón y pintura roja, cumpliendo con una misión rutinaria.

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La calle de la Amargura
<02 de marzo de 2011 > (por Juanjo)



La calle de la Amargura celebraba su jornada de puertas abiertas un día venidero, el trigésimo segundo del decimotercer funesto mes de un incierto año trisiesto. Esta calle desembocaba en la avenida Duodenal, justo en la frontera entre un cielo azul y una permanente cortina de lluvia pardo verduzca tan opaca que no dejaba ver a su través. Alumbraban sus rincones farolas de pálidas luces amarillas merodeadas por famélicas polillas y dos enormes lunas, la una inocente y risueña, oculta tras las perpetuas nubes de tormenta, y la otra, luciendo una mueca burlesca, a la postre la única que lograba verse reflejada en el espejo cenagoso donde vertíanse todas las inmundicias de la ciudad.

Un mozo salió a trompicones del portal de un viejo edificio, acarreando grandes cajas de cartón de color negro, con letras doradas que decían "Chocolate puro 99% de cacao. Absorbente osmótico de alegrías". Cada oscura onza que emanaba de las marmitas de aquella fábrica tenían la milagrosa propiedad de tornar dichas en penas y delicias en sinsabores. Tal era su concentración en amargor.

Varias delicatessen de escaparates enfrentados rivalizaban entre sí para ofrecer una mejor y más variada oferta de productos, sólo aptos para los paladares más selectos; tacos renales al punto de acritud, solomillos socarrones, tiras sarcásticas de vesícula biliar, picadillo de resentimiento sazonado en salmuera, arroz con mala leche de cábala, vinagre balsámico de mordacidad, pan ácido o aguahiriente. Manjares que constituían la dieta básica de todo hijo de vecino, con los que cada cual no reparaba en agasajar a los demás.

En la sala de espera del gabinete del doctor Galle hacían cola varios padres junto a sus vástagos. Acudían hasta aquel lugar llevados por el descubrimiento de un extraño toque de color en los ojos de su estirpe, en cuya extirpación el experimentado matasueños se aplicaba a conciencia. De la chimenea de su despacho emanaba un hollín que, arrancado del ladrillo por una escoba guiada con monotonía por manos callosas y ennegrecidas, se dispersaba sobre muebles y alfombras, hacia el diván, a través de las córneas, dentro de los iris, agrisando hasta entonces lucientes miradas.

Mientras tanto, sentado frente a un escritorio de madera bajo un ojo de buey, alguien escribía, pluma en mano sobre un papel en blanco, una historia ficticia que comenzaba así

   "La calle de la Amargura celebraba su jornada de puertas abiertas..."

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Perro Insano
<22 de febrero de 2011 > (por Juanjo)



Escondido tras una máscara, con un hueso entre los dientes para no arrancarse la lengua a mordiscos, enguantadas las manos con las que destroza el mobiliario antes de salir al cuadrilátero, desde donde verá los rostros de todos aquellos que han acudido sedientos de violencia explícita y gratuita. Sus ojos, único vestigio de lo que otrora fue un hombre y se convirtió en el Perro Insano, del color de la misma miel que en sus labios anhela.

El espectáculo llega a su fin. Cada cual sigue su camino. El suyo acaba frente a un espejo en cuya esquina cuelga el antifaz. No son suyas las palabras en las que piensa cuando el agridulce olor a sangre se diluye en el aroma a incienso y que deja escritas en el dorso de la renuncia:

Hay una sensación de nostalgia en mí
Mientras leo la carta de Rosemary
Su honesta forma de escribir
No puedo olvidar los años que ha perdido

Aislada
Habla acerca de amor
y cuando leo
"Moriré en soledad"
sé que estaba dolida


Soledades especulares, identidades fusionadas en una colisión frontal increíble. Nuestro hombre respira al compás de los latidos de sus dos corazones y siente nostalgia por la vida que comienza ahora, después de un preludio demasiado largo.

Agradeciendo a Akerfeldt su cesión involuntaria. A mi querida donante, su entrega incondicional.
 

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Contabilidad para niños
<19 de febrero de 2011 > (por Juanjo)



Los cinco caminan en paralelo sobre el tartán, ajustando la longitud de sus zancadas a las diferentes distancias de cuerda que han de recorrer en cada vuelta, dejando libre la calle interior, por la que les adelanta cada dos minutos un enjuto, desgarbado y sudoroso atleta. Pantalones de pinzas, camisas blancas y corbatas de las baratas, que les definen manifiestamente como lo que son, unos extraños fuera de lugar. La disparidad en el vestuario convierte la escena en una lamentable parodia de Reservoir Dogs. El almuerzo está en fase de centrifugado y los relojes se muestran reacios a demorarse, acercando la hora de regreso a una vida que zozobra. Unos ojos ojerosos, ocultos tras unas gafas monstruosas, acompañan con movimientos acompasados cada una de las palabras pronunciadas por los labios situados, a escasos centímetros, en esa misma cara.
- Le he mostrado al jefe la gráfica de costes finales del ejercicio fiscal. Le dije que era evidente que había sido un buen año.
- ¿Y?
- Después de mirarlo durante un par de minutos, me pidió que se lo explicase como si de un adolescente se tratase.
- Muy pretencioso por su parte.
- Así que le comenté «Muy bien, este es nuestro presupuesto global para el año fiscal, respresentado en el eje de las abscisas...» «¿Esto?» «Ahí, sí, donde tienes el dedo... Como se puede ver claramente, tenemos un superávit de 5.000 euros.» «¿5.000 euros? Uau!?» «Sí. Pero hemos de gastarnos ese dinero antes de final del día o nos será deducido del presupuesto del próximo año. ¿De acuerdo?»
- ¿Y?
- Me pidió que se lo explicase como a un niño de 5 años.
- Siempre sobrevalorándose.
- Por lo tanto, tiré de recuerdos de mi etapa en campamentos de verano y le dije «Mamá y papá te dan 10 euros para montar un puesto de venta de limonada. Así que compras vasos de plástico, limones y azúcar, y resulta que te sobra un euro.» «Sobra un euro... vale, sigue.» «Así que puedes devolverle ese euro a papá y mamá, pero entonces el verano siguiente...» «Tendré 6 años» «...les pides 10 euros y sólo te dan 9, porque eso es lo que piensan que cuesta montar el puesto de venta de limonada.» «Ya veo...» «Por lo tanto, lo que debes hacer es gastarte el euro que te ha sobrado en cualquier otra cosa, para que tus padres piensen que el puesto de venta de limonada te costó 10 euros.»
- ¿Lo entendió?
- Sí, cuando se lo expliqué con diez monedas de un euro y varios sobres de azúcar de la cafetería.
Una jadeante figura les rebasa por la izquierda.
- ¿Al final que va a hacer con el dinero?
- Devolverlo a la central. Les llamó para corroborar mi "teoría" y le informaron de que le corresponde una comisión del 5 por ciento de la cantidad presupuestada y no utilizada. Eso lo entendió a la primera.
Un ángel les sobrevuela, arrastrando una pancarta publicitaria que reza «La incompetencia y la avaricia no están reñidas».

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Crónicas de πφa ∞
<17 de febrero de 2011 > (por Juanjo)



A poco más de 50 años luz de la Tierra se halla Tau Boötis, perteneciente a la constelación de Boötes. Esta pequeña estrella brinda cálidos amaneceres a los habitantes de Tau Boötis b, un planeta catalogado por los astrólogos humanos como gigante gaseoso y que los nativos consideran el estercolero de la galaxia. De esa opinión es πφa ∞, uno de tantos ITETEEG (ingenieros de transmutación temporo-espacio-energético-genética) que la Universidad de Tau Ceti escupe anualmente y que se desperdigan por toda la Vía Láctea en busca de un trabajo basura, con una inquebrantable fe en sus inexistentes posibilidades de alcanzar el éxito con que todo habitante galáctico sueña, aparte de las implícitas consecuencias: un crucero espacial con propulsión ceruleazimutal, una estación orbital con vistas a Alfa Tucanae y un matrimonio de conveniencia con una alrishana. Con su sueldo de becario en el departamento de estudio de formas de vida primitivas de una organización interestelar por la defensa de las especies irracionales, πφa ∞ estaba a milenios-luz de conseguirlo. Había sido destinado a un infecto agujero perdido en unas coordenadas indeterminadas de la galaxia, para estudiar a unos minúsculos organismos cuya anatomía se asemejaba a la de los taubootinenses, al menos en lo que a proporción entre la longitud del cuerpo y la del miembro viril se refiere, que recibían el nombre de Pollicipes pollicipes. La misión estaba abocada al fracaso, por la incapacidad de los taubootinenses para permanecer con vida en entornos acuosos y salinos y por las extrañas costumbres alimenticias de una de las especies minoritarias, pero más notorias por nocivas y parlanchinas del planeta, que se empeñaban en deglutir a marchas forzadas todos los especímenes sujetos a estudio. Por razones que no vienen al caso en estos momentos, πφa ∞ acabó disfrutando su estancia entre los individuos de esta primitiva especie y, por esas mismas razones, fue muy bien recibido.

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Estofado de zarigüeya
<12 de febrero de 2011 > (por Juanjo)



Segundo viernes de febrero. Más o menos a la misma hora que mi ángel atraviesa una puerta férrea dando comienzo a un nuevo turno para la salvación de almas, me despierto de un letargo de horas y me aferro, aún somnoliento, al mando de la caja tonta. En El Debate de La 2, María Casado charla con media docena de invitados acerca de la calidad de la televisión actual. Una pregunta en el aire, ¿tenemos la televisión que nos merecemos? Ni los seis invitados, ni la moderadora, ni el espectador que suscribe este texto dudan la respuesta y replantean la cuestión en busca de los responsables de la pésima calidad de los programas en parrilla. Unos opinan que ésta recae en las empresas que elaboran los contenidos emitidos; otros, sin embargo, no eximen de culpa al telespectador; incluso los hay que consideran que la televisión no es más que un reflejo de esta sociedad nuestra. Sociedad basura.

A la misma bat-hora, en otro bat-canal, la princesa del pueblo se somete al polígrafo. La number one de lo zafio se muestra transcendental ante preguntas banales acerca de su... lo de siempre, qué más da. Primeros planos estremecedores, lágrimas de botox, impagable testimonio de una extraterrestre. Como Andreíta, "cómome el pollo" y salto a otra mierda donde chapotear a gusto.

En una de las paradas técnicas entre canal y canal, necesarias para que la yema del dedo gordo recupere la forma y sensibilidad, me sorprendo mirando cara a cara a Heidi, una zarigüeya estrábica con domicilio postal en Leipzig y, cómo no, perfil en Facebook. Este marsupial, desagraciado y desagradable a más no poder, se ha ganado el derecho a participar en la ceremonia de entrega de los Oscar de Hollywood. Yo lo flipo. Quisiera saber si existe en Madrid un restaurante donde pueda disfrutar de una ración de pulpo Paul a la gallega o de estofado de zarigüeya. Habría que permitir a los marsupiales hacer lo que mejor saben: pelar cables de polígrafos, aún a riesgo de electrocución de sus usuarios.

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Máquina púdica
<09 de febrero de 2011 > (por Juanjo)



Se fabricó una máquina púdica.

Constaba de una áspera cinta, a la que arrojaba sin miramientos todo aquello que se le ocurría, con la delicadeza propia de los encargados de cuidar de las maletas en un aeropuerto. Dispuestas sobre ella, las ruedas de un engranaje, rotuladas con los más variopintos apelativos como Vergüenza, Contención o Represión, trituraban, cuarteaban y machacaban cuanto se zarandeaba cinta abajo. Los disciplinados operarios del Departamento de Censura, Decoro y Desmedido Respeto apartaban las impurezas, ocultándolas bajo la alfombra del subconsciente, desde donde sólo pujaban hacia fuera cuando todos dormían.

Las pocas ideas que llegaban indemnes al final de la cadena de destrucción, quizás no llevasen el impulso suficiente como para superar el último escollo, una abrupta rampa cubierta por una mucosa repleta de papilas, en cuya punta se paraban en seco para ahogarse y morir en un suspiro, como quien dice.

Con el tiempo supo de lo absurdo de su ingenio por mediación de quien había aprendido bailes freudianos y hurtado manzanas primigenias. Decidió que aquel mecanismo tenía los días contados.

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Lobos esteparios
<05 de febrero de 2011 > (por Juanjo)



Su casa daba a dos estaciones. Uno podía asomarse a la ventana de una de las habitaciones y, si prestaba atención y escuchaba más allá del zumbido de la máquina arrinconada que sólo sabía de ceros y unos, identificar el rumor de una fauna en ebullición, enloquecida por la canícula, chicharras chillonas que cedían la vez y la voz a grillos melancólicos, abejas y avispas pululando alrededor de las demandadas fuentes de agua, buscando refugio bajo la copa de los árboles. Podía mirar al sol a la cara, con los ojos entrecerrados, empaparse del brillante cielo amarillo sobre la copa de los árboles, pedirle una tregua para lanzarse al exterior y pisar el ardiente asfalto ataviado con lo mínimo, sudor y sal en la piel, en busca de espejismos. O abatir la ventana, apoyar los codos en el alfeizar y disfrutar del baile invernal, de la diversa tonalidad de las hojas precipitándose sobre un fondo gris y azul puro y crudo, de la desnudez de los árboles, reflejada en el brillante suelo mojado, del aroma a tierra mojada y a tristeza impermeable. Podía confiar en la lejanía de las nubes, imitar la morfología de una cebolla e, ignorando un termómetro en negativo, achicar el agua de los charcos calzado con una botas del color del furioso atardecer. Desafiar la tormenta y atravesar la cortina de nieve, trazar con huellas un sendero sobre la mullida alfombra, sentir con excitación el aullido del lobo estepario brotando de sus entrañas.

Su casa tenía dos estancias separadas por un ecotono artificial, una puerta corredera siempre abierta, bajo cuyo marco uno no podía más que estar agradecido. Por supuesto que adoro el frío y crudo invierno. Me trajo hasta tí.

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Diario de un informático (V)
<28 de enero de 2011 > (por Juanjo)

Allí estaba, aquella enorme mole de cristal y hormigón que se erguía frente a él, con sus casi treinta plantas de altura y el impresionante logotipo de la compañía, de neón, sobre la azotea: evocadora imagen de Saturno devorando a su hijo.

Se aventuró a atravesar la puerta giratoria y entrar, con paso firme, en el hall de la sede de su nueva empresa, Saturnus Consulting. Se asombró del caótico bullicio reinante en aquella sala, amplísima, luminosa y, por otra parte, muy mal impermeabilizada. Después de preguntar a varios atónitos empleados, algunos de ellos ataviados con uniformes escolares, otros paseando diminutos canes enfundados en lanosos pololos y los más enviándole a paseo, por la ubicación del departamento de Sistemas de Información e Infraestructuras, recordó que las normativas municipales impedían la circulación de vehículos a motor en el interior de edificios y, a continuación, diose cuenta de que aquellos ingenios de metal no eran ascensores blancos sino taxis y que se encontraba nuevamente en la calle.

Triunfó en su segundo asalto al rascacielos y posó sus pies en el suelo de mármol que cubría la recepción. Tras secarse la mugre de los zapatos y el sudor de la frente, en ese orden, con un folleto publicitario que volvió a colocar cuidadosamente en su montón por concienciación ecológica, caminó sobre la alfombra roja hacia el mostrador de recepción luciendo la mejor de sus sonrisas, que contrastaba con la U invertida en que se iban transformando los labios de la recepcionista.

- Buenos días, señor. ¿En qué puedo ayudarle?

Marcial, que de redentores conocía mucho, pues había leído una decena de veces la fantástica epopeya protagonizada por Frodo, sabíase imprescindible para sus contratadores, los cuales debían estar esperándole como agua de Mayo, por lo que se extrañó por lo impersonal e irreverente de aquella pregunta. Así que prefirió permanecer en silencio y esperar a que aquella señorita enmendase su error. El minutero giró noventa grados.

- Disculpe, ¿en qué puedo ayudarle? - Volvió a preguntar la recepcionista.
- Mire usted, Señorita Adecco. - dijo Marcial, tras ojear su nombre bordado en el bolsillo de la chaqueta - Me incorporo hoy mismo a la compañía. Ya debe estar esperándome mi excelso responsable.
- ¿Me permite una identificación?
- ¡Faltaría más! Puede identificarse, pero, ¿le importaría que acabásemos con el asunto que nos ocupa en primer lugar?
- Facilíteme su pasaporte o DNI, por favor.
- ¿Le sirve con el carnet de afiliación a la Sociedad Tolkien? - dijo con orgullo, tras rebuscar en vano dichos documentos en los bolsillos de su chaqueta y descartar, entre otros, el abono del Atlético y la tarjeta Cortefiel.
No hubo respuesta.
- ¿Y el cupón de fidelización del Gambrinus?

Dos horas después, ante aquel mismo mostrador, agitaba un folio con una fotocopia pintarrajeada del DNI y el texto de una denuncia por agresión sexual, por él interpuesta en la comisaría de Policía del Distrito de Tetuán tres años atrás, el mismo día que despertó con una resaca brutal, el cuerpo semidesnudo de cintura para abajo y un sospechoso desgarro en el esfinter, cuyo origen coital quedó demostrado en el examen médico.

- Disculpe señorita Adecco, no encuentro otra documentación que ésta. Ruego la tenga en consideración.

Después de una rápida lectura del documento, su escaneo y posterior distribución a la lista de correo identificada como "#Saturnus_todos_los_Empleados", la recepcionista obsequió a Marcial con un pase temporal de visitante y le indicó el modo de acceder a las dependencias de su futuro departamento.

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Emulando a Evan Lysacek
<27 de enero de 2011 > (por Juanjo)



Carezco de su talento, entrenamiento y técnica y jamás seré capaz de ejecutar un triple axel. Las suelas de goma de mis Martinelli están desprovistas de cuchillas y mi traje de super villano, aun siendo cómodo y holgado, no es el más adecuado para realizar giros imposibles ni levantamientos acrobáticos. A pesar de todo, esta misma mañana y por unos instantes, me he imaginado en el centro del Pacific Coliseum de Vancouver realizando un brillante ejercicio de precisión sobre la resbaladiza y traicionera capa de hielo. Sólo que a su conclusión no me esperaban los aplausos de un público entregado ni una merecida excelente puntuación de los jueces, sino tan sólo un coro de uys y suspiros varios, compartidos con mis compañeros de acera, así como la progresiva recuperación de un nivel de endolinfa compatible con la verticalidad.

Llueve sobre Madrid, como se prevé que sucederá durante las siguientes fechas. Esta misma tarde sin ir más lejos, por descontado. Circunstancia ésta que hizo inútil mi madrugón matinal. No debí haber abandonado el calor del hogar sin antes cerciorarme de que no era azul sino gris plomizo el color del cielo protector. Hice acopio de valor, dejé mi corazón a buen recaudo bajo la manta y, tras una breve sesión de lluvia artificial, salí a la calle presto a inspirar una dolorosa primera dosis de aire frío y húmedo. Todo cuanto aconteció en este apático día, a partir de ese momento, ha quedado grabado a cuchilla sobre el hielo, al igual que quedará sepultado bajo una vespertina colada de lava con sabor a antiviral.

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Tic Tac
<26 de enero de 2011 > (por Juanjo)



Soy el maestro de la corrosión. El guardian de lo marchito, lo ajado y lo perecedero. Mensajero de esperanzas y asesino de recuerdos. El vacío que queda cuando el último grano de arena atraviesa el cérvix de la mujer de cristal. Moneda oficial de cambio en el mercado de lo superficial. La cuarta dimensión de todo lo relativo y la única de lo intangible. El que vuela frenético en vuestras alegrías y se arrastra en los lodos de vuestros llantos. El que se crece en viajes a años-luz y sólo se detiene en el celuloide y la celulosa. El artífice de la broma pesada a Bill Murray en Punxsutawney. Una implacable mandíbula de clavos ardientes con dientes de sierra y hambre insaciable. Testigo, juez y parte de lo efímero de vuestra existencia.

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Ligeramente desenracado
<20 de enero de 2011 > (por Juanjo)



"Ya no tenía motivo alguno por el que levantarme cada mañana...", reza el primer párrafo del ejemplar de Ligeramente desenfocado, de Robert Capa, cuya contraportada anaranjada reposa sobre la mesa de mi despacho compartido. A mano derecha, extendiéndose a lo alto y ancho de la pared, una enorme vidriera desde la que se divisa buena parte del polígono de Suanzes, con sus asépticos edificios de azoteas asfaltadas, ocasionales salas de reuniones para fumadores furtivos. Paisaje urbano antiestético donde los haya, que suelo contemplar cuando no tengo nada mejor que hacer, cosa que sucede con más frecuencia de la que sería deseable.

Dos años atrás me costaba encontrar motivos por los que levantarme cada mañana, o más bien, me sobraban los motivos para no hacerlo. Así que hice mi apuesta. Sabía a qué renunciaba, pero no conocía a ciencia cierta a cambio de qué. Tracé una línea divisoria entre mis intereses personales y profesionales. De una parte, un enorme y creciente descontento por cómo marchaban las cosas, por comprobar cómo el tiempo que pasaba colgado al teléfono de empresa y frente al portátil con un pez cirujano como fondo de escritorio se dilataba, comiéndose mi vida a bocados cada vez más grandes. De otra, la certeza de que el panorama que se esbozaba en el horizonte de mi carrera profesional no era de mi agrado. No he nacido vendedor de humo ni he ambicionado nunca llegar a serlo; no necesito saber que en el garaje del chalet me espera un Mercedes SLK, que encontrará nuevamente ese garaje vacío a su regreso, como cada día, alrededor de medianoche. No encajo en el engranaje de la consultoría, o lo que es lo mismo, del alegre y gratuito despilfarro de tanto a cambio de tan poco.

Pero... siempre hay peros. Robert Capa quería ser escritor. Fue por casualidad que acabase trabajando en el laboratorio de revelado de una publicación y que, poco tiempo después, fuese ascendido a ayudante de fotógrafo. La suya fue una vida ligeramente desenfocada. A veces echo de menos tiempos pasados, trabajar bajo presión, dedicarme permanentemente a mil y una tareas simultáneas, ignorar el significado de tedio. Ahora me recreo entre cables y pantallas en blanco y negro y estiro con denuedo cada paseo entre mi mesa y la fría sala de ordenadores. Mentiría si dijese que lo disfruto. En lo estrictamente profesional, la mía es una vida ligeramente desenracada.

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Escaparate de sueños
<10 de enero de 2011 > (por Juanjo)



La viuda Beauvois vivía sóla en un oscuro piso de la rue du Bourg, desde hacía demasiado tiempo, tanto que ninguno de sus vecinos recordaba haber visto a nadie más cruzar su umbral. Era de costumbres sencillas. Negras eran sus ropas, el maquillaje sobre su rostro y el pañuelo con el que se recogía su oscuro cabello. Cada mañana se sentaba frente al tocador y se atusaba el pelo una y otra vez y, justo antes de envolverlo en seda, lo colocaba sobre su hombro izquierdo, dejando al descubierto un cuello de marfil. Anhelaba sentir el roce de unos labios sobre su piel, pero sólo sentía el frío aliento del fantasma de una ausencia. Salía a la calle con el paraguas en la mano izquierda y un pequeño bolso balanceándose bajo el brazo derecho. Afuera se sucedían los días grises y lluviosos.

El bueno de Antoine regentaba una modesta sastrería, heredada de su padre, que a su vez la había recibido en herencia. Un negocio cuyo telón bajaría para no subir más el día en que el corazón de Antoine decidiese no seguir latiendo. Había aprendido el oficio muy joven, tan pronto como aprendió a desvelar los deseos ocultos tras la mirada de cuantas damas hacían sonar la campanilla sobre la puerta del local y a utilizar coquetería y adulación como herramientas de trabajo. Sólo perdía la confianza en sí mismo cuando aquella silueta de negro pasaba de largo frente a su tienda.

Cierto día de otoño, un timbre resonó en cada recoveco de un oscuro piso de la rue du Bourg. La voz que la viuda Beauvois escuchó al otro lado del telefonillo era desconocida, joven y algo pícara. Se correspondía con una cara que, al cabo de un par de minutos, resoplaba en el rellano, y que desapareció escaleras abajo después de dejar un pequeño paquete, con una nota manuscrita, en sus manos.

Brillaba el sol sobre los charcos frente al portal donde vivía la viuda Beauvois cuando ésta descendió el último tramo de escaleras hasta la calle. Como solía hacer cada mañana, giró a mano izquierda y emprendió el camino hacia la iglesia. Esta vez, sin embargo, se detuvo frente a un escaparate. Una figura, con el cabello suelto, la cara libre de maquillaje y un vestido verde ceñido al cuerpo, golpeó tímidamente el cristal con los nudillos. Una mano de sastre abrió la puerta por dentro y el hombre al que ésta pertenecía se enfrentó a aquella mujer. Aún tintineaban las campanillas cuando la viuda Beauvois pronunció la palabra que él llevaba toda la vida esperando.

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Persiguiendo una estrella perversa
<06 de enero de 2011 > (por Juanjo)



5 de enero del 2011

1326 GMT+1 Se denuncia un robo con agresión en un sex shop de Ciudad Lineal. El sospechoso, un varón de raza negra y aires de realeza, va disfrazado con un turbante y una capa dorada. El agresor abusa sexualmente del dependiente tras embadurnarle con una sustancia desconocida. A la espera de que el agredido se recupere del shock y de la suturación para proceder a su interrogatorio, se desconoce la naturaleza y cuantía de lo sustraído.

1426 GMT+1 La Brigada de Delitos Informáticos de la Guardia Civil recibe una llamada anómina. Se han puesto a la venta, de forma fraudulenta, una gran cantidad de bienes materiales en eBay, un portal de subastas por internet. Se desconoce la procedencia y naturaleza de muchos de ellos, al tratarse en su mayoría de bultos envueltos en papel de regalo.

1451 GMT+1 Tras consultar el caso con las más altas instancias del Ministerio del Interior, la plana mayor del Cuerpo de la Guardia Civil toma una decisión. Bajo el nombre de Operación Carbón, se efectua un despliegue de efectivos para la búsqueda y captura de los implicados en esta estafa a gran escala.

1510 GMT+1 Se filtra un dato a la opinión pública. Se sigue la pista de un vendedor de eBay apodado king_melxor.

1630 GMT+1 Altercado en el poblado de Las Barranquillas. Un sujeto al frente de una recua de camellos arrasa varias chabolas dedicadas a la venta de droga y huye con una cantidad indeterminada de hachís, marihuana y cocaína. La estampida deja varios heridos leves, doscientos kilogramos de compost, una plantación de marihuana arruinada, un rastro de brillantina, confetis, papel de regalo y un extraño aroma a incienso. La Policía Nacional alerta de la formación de un peligroso grupo de búsqueda ilegal. Adena pide que se respete la vida de los dromedarios.

1640 GMT+1 El análisis de la sustancia utilizada en la agresión en el sex shop de Ciudad Lineal determina la presencia de una gran cantidad de mirra.

1931 GMT+1 La Brigada de Delitos Monetarios de la Policía relaciona la Operación Carbón con una trama internacional de blanqueo de capitales. Se intervienen varias cuentas en Liechtenstein, las Islas Caimán y las Seychelles, y se realiza un seguimiento de las operaciones realizadas desde el territorio nacional contra las mismas.

2012 GMT+1 Se alerta de un tiroteo en la Quinta de los Molinos. La Policía Nacional acude al lugar diez minutos después. La pertinente investigación apunta hacia un ajuste de cuentas entre camellos y dromedarios. Los primeros, de etnia gitana, son esbirros de Claus, un finlandés de nacimiento que ha llegado a ser el patriarca del Clan de los Renos y mandamás de Las Barranquillas. Los segundos son cuadrúpedos muy agresivos de salivazo fácil. Fuentes oficiales informan de que un estrafalario anciano ha huído de la escena del delito llevando consigo un gran saco de lona roja.

2210 GMT+1 Un cliente del Asador Donostiarra denuncia el robo de un vehículo con matrícula finlandesa. Se trata de un Mercedes SLK de color negro metalizado. En su interior se hallaban en el momento del delito dos perros de la raza fox terrier. El agente de Policía añade una breve reseña en el informe de la denuncia: olor a incienso en el lugar del suceso.

2251 GMT+1 La Policía se persona en el Casino de Torrelodones a instancias de la Brigada de Delitos Monetarios. Se ha detectado el uso de una tarjeta de crédito asociada a las cuentas intervenidas en relación con la Operación Carbón, para realizar el pago de dos botellas de champagne Moët & Chandon y una caja de Viagra. Las interrogaciones permiten obtener un retrato del sujeto en busca y captura: anciano de edad indeterminada, uno setenta de altura, setenta y cinco kilos de peso, cabello canoso a la altura de los hombros y larga barba bíblica. El individuo viste una túnica bordada en oro y adornada con pedrería, lleva turbante y desprende un fuerte olor a camello. Según testigos presenciales, abandonó el lugar escoltado por dos señoritas con marcado acento eslavo.

2310 GMT+1 Los vecinos de la calle San Bernardo asisten atónitos a un esperpético espectáculo. La puerta principal de una conocida sauna se abre de par en par, dando paso a decenas de hombres que, carentes de ropa, huyen en todas direcciones presas del pánico. El personal sanitario que acude al lugar para prestar los primeros auxilios a las víctimas habla de un panorama dantesco: decenas de jóvenes sollozando sobre un suelo cubierto de sangre. Todas las declaraciones concuerdan: un demonio negro con turbante y capa dorada y una portentosa arma candente.

Madrugada del 6 de enero del 2011

0130 GMT+1 Ingresa en el 12 de Octubre un paciente aquejado de priapismo. Se trata de un varón de raza negra, indocumentado, vestido con un turbante y una capa dorada. Entre sus pertenencias se encuentra una caja de Viagra y lubricantes a base de agua.

0228 GMT+1 Fuerzas de élite irrumpen en el D'Angelo, un reputado burdel de la capital, donde detienen al principal implicado en la Operación Carbón. Su descripción concuerda con la del retrato robot del que se dispone. En el momento de la detención, el sujeto viste lencería de encaje y zapatos de tacón de aguja. No presenta resistencia, por hallarse maniatado al cabecero de la cama e insertados en sus dos orificios principales sendos juguetes sexuales de considerable diametro, los cuales son catalogados como prueba y enviados al Laboratorio de Criminalística.

0317 GMT+1 La Policía Local se presenta en la Plaza de la República Dominicana a instancias del 112 para levantar el atestado de un accidente de tráfico. Un Mercedes SLK color negro metalizado ha chocado frontalmente contra una valla publicitaria de una empresa de cosméticos con el slogan "Pídeselo a Papa Noel" a una velocidad estimada en 69 kilómetros por hora. Se practica un control de alcoholemia al único ocupante del vehículo, un varón de avanzada edad, pelo y barba castaña y rasgos árabes, que cuadruplica la tasa permitida. Se le remite al Hospital de La Paz para practicarle un análisis toxicológico y las correspondientes curas. En el registro del maletero se encuentra un gran saco rojo que contiene un alijo de hachís, marihuana, cocaína e incienso. Se rescata con vida la pareja de fox terrier, siendo éstos trasladados a una Clínica Veterinaria de Las Rozas, donde se les tratará una posible sobredosis de estupefacientes y evidentes desgarros anales en al menos uno de ellos.

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Temporada de volcanes
<05 de enero de 2011 > (por Juanjo)



Sentados en el porche de una casita con nombre a talega, rodeada de palmeras y tabaibas, amainada la actividad volcánica que ha vuelto a teñir de rojo incandescente este remoto lugar, nos dejamos enfriar por los alisios. Apetecible calma chicha. Aún bajo los efectos de la resaca de los fuegos florales y sus juegos de palabras, adjudicamos el mérito del acertado interiorismo a los herederos de Escher. Sobre la mesa reposa humeante el almuerzo, un manjar azucarado con base de agua de lluvia. Hoy el marcapáginas se ha detenido en la receta de la felicidad, mañana un dios proveerá. No te escamas al sentir el roce de unos dedos sobre tus escamas y permites que tus capilares respondan por tí. Sin darle importancia al hecho de que he reducido voluntariamente mi campo de visión al espacio que ocupas en la mecedora contigua, te reto a un duelo de iris contra iris que acaba en risas. Mientras los hados dictaminan el resultado del encuentro, tabla rasa, divagamos acerca del hipotético final de la magia real, de las consecuencias de una mal aplicada contención, para la que ya tenemos nombre y apellidos, calculamos mentalmente el número real resultante de sumar nuestros quiméricos imaginarios. Pupilas dilatadas, pulso acelerado y respiración entrecortada. Es temporada de sandía y nos saciamos a dos manos y a boca llena.

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American dream
<04 de enero de 2011 > (por Juanjo)



Un fedayín se sacude el polvo de sus sandalias frente a la recién estrenada puerta giratoria del primer McDonald's de Kabul, la atraviesa, camina unos pasos hacia el mostrador, donde un amable joven le recibe con una amplia y radiante sonrisa, y espeta en su espeso pashto:

- Póngame una hamburguesa tamaño XXL con auténtica carne americana. Envuélvala en su precioso papel reciclado con las barras y estrellas y la foto del payaso pelirrojo. Ah, y tráigala cruda, que yo me encargo de freirla al estilo local.

Sin dar tiempo a la encargada a tomar nota del pedido, aprieta el gatillo que le catapulta hacia el paraíso, donde le esperan todos los placeres terrenales que le han sido negados en la corta y perra vida que deja atrás.

Google Maps se actualiza con un nuevo socavón que no tiene nada que envidiarle al del Starbucks inaugurado bajo el auspicio de los primeros rayos de sol de una hermosa mañana otoñal, y clausurado antes del ocaso posterior, pocos días atrás a escasos metros.

El asfalto y las paredes de los edificios en los alrededores quedan finamente decorados con ketchup, sirope de frambuesa y fragmentos más o menos grandes de aspirantes a teñirse de púrpura el corazón. El dedo que inmortaliza ese mosaico se hace merecedor del Pulizter.

En alguna urbe entre el Atlántico y el Pacífico, frente al escritorio de caoba de algún lujoso despacho en un rascacielos cualquiera, varios pares de ojos giran como las ruedas de una tragaperras. Las cuentas cuadran. Hoy se han vendido dos docenas de cajas de 2x0,7x0,5 metros de buen pino nacional al coste de tan sólo una hamburguesa y veinte años de sueño americano cada una. Pingües son los beneficios pues soñar no cuesta nada, al fin y al cabo.

Que siga la orgía.

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Tren de cercanías
<01 de enero de 2011 > (por Juanjo)



Un viaje en el tren de cercanías puede dar para mucho.

Puedes dormir durante cuarenta minutos.

O puedes pensar.
En un sol que no acaba de asomar tras las nubes que se levantan hacia el oriente. En una piel, la mía, que lo necesita.
En el diálogo entre dos margaritas y un cuervo y la estima que mi hermana muestra por ese modesto relato. Quizás haya calado en algunos corazones. De ahí a pretender algo más, media un abismo. De todos modos, muchas gracias. Significa mucho más de lo que dejo entrever.
En la gente al otro lado del cristal. Miradas que se cruzan por una fracción de segundo. Vidas que se rozan por primera y última vez, antes de continuar su cauce inexorablemente. Me pregunto cómo encaja nuestra insignificancia en este gran puzzle.
En las caras de derrota tras esta primera noche del año, nuestra particular noche de los cristales rotos. Corbatas desatadas, vestidos arrugados, zapatos sucios, maquillaje abstracto y ojos etílicos. Algunas almas rotas.
En un paraíso de palabras y melodías donde me pierdo momentaneamente. Las de Nick Holmes y Greg Mackintosh.
En las cicatrices con que el hombre adorna a la Tierra. Vías, carreteras, tendidos eléctricos, canales. Es imposible ver un espacio natural libre del rastro de nuestras caricias.
En el punto triple, en el cual coexisten en equilibrio los tres estados elementales de una sustancia. Llamemos destino al estado sólido, azar al estado líquido y deseo al estado gaseoso. Cuán cerca o lejos de dicho punto nos hemos encontrado.

El estallido de un petardo en la Estación de Atocha me devuelve al interior del vagón. En diez minutos cruzaremos el mediodía.

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