Ciclismo
Es difícil explicarle a alguien qué tiene de especial subirse a una bici para pegarse un palizón tras otro. Todo practicante de este deporte tiene algo de masoca; durante medio año uno se entrena con inconvenientes climáticos como lluvia, granizo, frío o viento y el resto del tiempo hace demasiado calor para disfrutar de la ausencia de dichos inconvenientes. Se trata además de un deporte solitario; es verdad que siempre encontrarás gente dispuesta a salir, pero el entrenamiento es algo tan personal que no siempre es conveniente realizarlo con los demás. Es un deporte ingrato, que requiere una gran dedicación durante mucho tiempo para conseguir resultados positivos. A pesar de todo, engancha.
Comencé a salir en bici con Antonio, un vecino y compañero de trabajo de mi padre, y algunos de sus amigos. Por aquel entonces tenía una pesada bicicleta de hierro que nos había dado un tío mío a cambio de una tienda de campaña. Durante tres años compaginé la bici con otros deportes exigentes, como el ajedrez o el tenis de mesa. En 1993, cuando estaba cursando 3º de BUP, conocí a Manuel Romera, un compañero de clase que me animó a unirme al club de ciclismo de la localidad, la Escuela de Ciclismo Mérida. Desde ese año hasta 1998, competí con el equipo de mi ciudad. Durante todas esas temporadas deambulé con más pena que gloria por las carreteras españolas disfrutando, eso sí, de muy buenos momentos con mis amigos y compañeros de equipo. Al año siguiente competí durante unos meses con el Covama-Nieves, un equipo madrileño de segunda categoría, hasta que una lesión en la pierna derecha me obligó a dejarlo. Lo volví a intentar en el año 2000 con el Bicicletas Cáceres, un equipo de mi ciudad natal, pero finalmente colgué la bicicleta a mediados de mayo, para centrarme en mi carrera profesional.
No volví a subirme a una bicicleta hasta el año 2005. Trabajaba por entonces en Informática El Corte Inglés, una consultora de Tecnologías de la Información filial de la mayor empresa de distribución del país. Como empleado, disfrutaba de generosos descuentos en las compras que realizaba en cualquier tienda del grupo, hecho que aproveché para hacerme con una bicicleta de gama media a un buen precio. Sin embargo, a principios del año 2007, animado por Sebastian, un amigo además de compañero de trabajo, decidí dedicarle algo más de tiempo a la bicicleta, como terapia para mis males de espíritu; me saqué la licencia como master 30 por el Club Ciclista Chamartín y comencé a entrenar con más ilusión de un juvenil.
Al año siguiente, 2008, me busqué un equipo en Extremadura, y encontré cobijo dentro de un grupo humano excepcional, en el que todos intentamos aportar un poco de nuestra parte para hacer del proyecto una pequeña familia, lleguen o no las victorias. Desde entonces y hasta la fecha, he defendido con orgullo los colores de varios equipos extremeños, como Caja Duero - Avanzamos, GR-100 / Trujillo 2020 y ADC Francisco Pizarro - Trujillo.